Las cifras de los Trastornos de la Conducta Alimenticia (TCA) oscilan entre el 5,5 y el 17,9 % en mujeres y entre el 0,6 y el 2,4 % en hombres, según lo expuso la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM) en su último congreso nacional, celebrado en Salamanca el pasado noviembre.
Aun así, el profesor Francisco J. Vaz Leal, catedrático de Psiquiatría de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Extremadura, precisa que se trata de datos aproximativos ya que una gran parte de las personas que padecen un TCA lo ocultan, aunque dichas cifras no dejen de ser preocupantes, recuerda la SEPSM.
Trastornos de la conducta alimentaria
Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos de la conducta alimentaria suelen aparecer durante la adolescencia y la juventud. Este tipo de trastornos se presentan con comportamientos alimentarios anormales y preocupación por la comida y, en la mayoría de los casos, por el peso y la figura corporales.
La pandemia de COVID-19 acentuó los síntomas y agravó otros problemas asociados como la depresión, la ansiedad o el insomnio.
Según Francisco J. Vaz Leal, la pandemia «provocó un agravamiento en la mayoría de los casos, ya que potenció tanto el aislamiento (en personas con problemas de relación interpersonal) como el incremento de los contactos con la familia (en casos de pacientes que tenían una mala relación familiar), según señaló en el congreso de Salamanca.
También provocó problemas de acceso a los dispositivos asistenciales, con interrupción en muchos casos de los tratamientos en curso y problemas de seguimiento clínico (por ejemplo, en lo referente al estado de nutrición)».
Una campaña que conciencia sobre los TCA
El Centro Integral de Tratamiento de los Trastornos Alimentarios y Emocionales ubicado en Madrid (CITEMA) ha lanzado una campaña en la que pacientes y profesionales buscan concienciar sobre este tipo de enfermedad.
La iniciativa cuenta con publicaciones en redes sociales que explican los TCA y sus señales de alarma, además de un podcast donde varias chicas que conviven con esta enfermedad cuentan su experiencia y desmienten algunos mitos.
Desde EFEsalud hemos hablado con dos pacientes («A» y «C»), que prefieren mantener el anonimato, y dos profesionales del centro (Sara Solans, psicóloga sanitaria del hospital de día CITEMA y Ana Aguilar, psicóloga en prácticas del máster de psicología general sanitaria), que nos han contado su experiencia.

«Normalmente los TCA aparecen en el momento donde la persona empieza a coger un poco de autonomía y va construyendo su identidad, que es la adolescencia. Por lo tanto si no se trabajan, al final la persona, la identidad que se construye en la adolescencia, se construye en torno a la enfermedad, entonces hay un rol de enfermedad, una identidad de enfermedad que luego es muy difícil separar y cronifica la conducta. Por eso es tan importante generar conciencia en la sociedad», aclara Sara Solans.
Estigmas sociales sobre los TCA
«C» explica que la sociedad tiende a normalizar e incluso a venerar las conductas características de estos trastornos como, por ejemplo, la fuerza de voluntad, cuando en realidad son síntomas de una enfermedad que refuerzan la parte patológica.
«Es una enfermedad que tiene una voz interna a la que muchas veces es muy difícil llevarle la contraria porque no es algo que dices: esto lo hago hoy porque me apetece… Por muy centrado que estés en que quieres hacerlo bien, no puedes, entonces necesitas ayuda para aprender a gestionarlo. Además te tiendes a aislar también, porque claro, al final sientes que nadie te entiende», explica «C», paciente de CITEMA.
Uno de los mayores problemas, nos cuenta «A», es que se tiende a pensar que sufrir un TCA es sinónimo de estar en infrapeso cuando, en realidad, esta no es la característica más común de los trastornos, ya que gran parte de la población que los sufre está en normopeso y sobrepeso.
«Nosotros vemos el TCA como un iceberg, la punta de la parte de arriba, es el tipo de conductas patológicas, pero todo lo que hay atrás o, en este caso debajo, ya son las emociones, tu personalidad y las cosas que te han ido pasando durante tu vida. El TCA es la consecuencia de cómo gestionas todo lo que te ha ido pasando durante tu vida», explica «A», paciente de CITEMA.
Y añade: «A veces le ves algunos beneficios secundarios como por ejemplo, si estoy enferma, me van a cuidar más. Entonces eso te puede aferrar mucho a la enfermedad. Esos beneficios en verdad son irrealidades porque tus padres te van a seguir queriendo igual con o sin enfermedad. Esto es lo que llamamos distorsiones cognitivas, que son esa distorsión del pensamiento que no se corresponde con la realidad. Te quedas con un pensamiento catastrófico pensando que nunca te vas a curar y que la vida no tiene sentido».
Principales mitos sobre los trastornos de la conducta alimentaria:
- «El TCA es una enfermedad de personas superficiales».
- «La anorexia es el único TCA». Hay más trastornos como la bulimia, el trastorno por atracón o la vigorexia).
- «Solo padecen un trastorno de la conducta alimenticia quienes están delgados».
- «El TCA es el problema en sí». En realidad es un síntoma.
- «Es una enfermedad con la que se convive para siempre». Si se trata adecuadamente desde la psicología, la psiquiatría y el acompañamiento se puede salir de ella.
- «Se trata de una enfermedad de mujeres». También hay muchos hombres que padecen estos trastornos, aunque tengan menos visibilidad.
- «Un TCA no es una enfermedad peligrosa». Algunos tipos de trastornos de la conducta, como la anorexia tienen asociada una mortalidad superior a la de cualquier otro trastorno mental.
Las redes sociales: un detonante del TCA
Otro obstáculo que observan las pacientes son las modas, movimientos y productos que venden el adelgazamiento como el principal propósito de la vida, que promueven conductas que pretenden ser sanas pero lo único que hacen es reforzar el TCA.
Son tantas las tendencias que giran en torno a la pérdida de peso, que una vez el algoritmo detecta un mínimo de interés, todo el contenido que consumen agrava el control sobre la comida y el peso.

Además, observan que también hay una excesiva presión sobre el cuerpo normativo, cuya constante exposición lleva la comparación a unos niveles insanos. El planteamiento constante sobre cual es el mejor alimento o rutina de ejercicio, genera pensamientos que derivan en ansiedad y sentimiento de culpa.
Por eso, añade Sara Solans, «parte del trabajo que también hacemos aquí es quitar el foco de la alimentación y construir sobre otras cosas la vida de las chicas».
¿Una enfermedad de mujeres?
Sara Solans indica que la prevalencia de los TCA es de un hombre por cada diez mujeres, lo que genera sospechas de que sea una enfermedad típica femenina. Sin embargo, aclara que este dato no tiene en cuenta que los hombres tienden a trastornos de la conducta alimentaria menos conocidos como la vigorexia, aunque aparente ser una práctica más normalizada.
Además, añade la psicóloga, este dato no resulta tan fiable porque cuando sospechan de un posible TCA es más frecuente que pidan ayuda mujeres que hombres. En este caso, los estereotipos de género hacen que los hombres tiendan a ocultar sus emociones, no pidan ayuda y consecuentemente el número de diagnosticados sea inferior.
«Dentro incluso de las variables emocionales, por ejemplo, una de las cosas que nos encontramos muchas veces en consulta es en familias, donde la chica a lo mejor va más hacia trastornos de la conducta alimentaria y el chico hace trastornos de conducta más desde la irritabilidad de la parte más de explosiva», observa Ana Aguilar.
Sí, se pueden superar los trastornos de la conducta alimentaria
Las pacientes y profesionales de CITEMA exponen qué les ha ayudado en el tratamiento:
- Poner en el centro otras facetas de la vida que no sean la comida.
- Aprender a comprender y gestionar las emociones.
- Disfrutar sin pensar en el físico.
- Estar acompañado.
- Ceder el control de la comida a quien presta la ayuda.
- Desconectar de las tecnologías.
- Permitir y aceptar la ayuda de otros.
- Dejar de «satanizar» ciertos alimentos.
- Olvidar la culpa.
«Los TCA sí se curan. Lo que pasa es que está el mito de que los TCA son para toda la vida, pero yo creo que también venimos de una generación donde no había tantos recursos, ni tanta intervención, entonces ahí sí que es verdad que hay muchos casos que se han ido cronificando», apunta Sara Solans.
«Es muy importante pillarlo a tiempo, cuanto antes mejor porque va a ser mucho más fácil trabajar todos aquellos recursos personales, familiares, sociales que fortalecen a la persona», añade Ana Aguilar.
Por último, desde CITEMA animan a las familias y personas cercanas a posibles pacientes de un TCA, a que no se sientan culpables ni le den la espalda.



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