engordar y adelgazar.

¿Por qué es tan difícil perder peso y tan fácil engordar?

«Para romper el círculo vicioso de ‘engordar, adelgazar y volver a engordar’ primero hay que abandonar la mentalidad de dietas y a continuación trabajar la reconexión entre las señales internas de hambre y saciedad con el fin de recuperar la sabiduría que nos dice cuándo comer o cuándo parar», asegura Noelia Alonso Cabarga, directora de Kintsugi Institute.

EFEsalud estrena en su Consulta un nuevo videoblog sobre psicología sanitaria especializada en la alimentación para comprender la complejidad del sobrepeso emocional a través de las diez preocupaciones más frecuentes detectadas entre la población.

Y cuatro serán los ejes psicológicos que enmarcarán las colaboraciones de Noelia Alonso: trampas mentales, mecanismos de defensa, vacíos emocionales e identidad y pasado.

Trataremos temas como el miedo a perder el control si se abandona la dieta, la mentalidad de escasez, la desconexión del momento presente, la comida como lugar seguro, el peso como protección, el hambre de vida y el vacío espiritual, la comida como compañera, la herencia del hambre, el cuerpo como enemigo y el uso del peso para justificar el estancamiento vital.

La propia Noelia Alonso, psicóloga sanitaria, especialista en alimentación y salud mental, vivió en sus propias carnes las dificultades de la comida, lo que le llevó a reinventarse y cambiar su carrera profesional: de trabajar en el mundo de las finanzas después de licenciarse en Economía por la Universidad de Cantabria a graduarse en Psicología por la UNED.

Pero no se detuvo ahí. Noelia reforzó esta iniciativa tan innovadora con un máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional de Valencia y otro en Desarrollo Organizacional y Consultoría de Procesos. También, mejoró su perfil con un postgrado en Coaching y Liderazgo Personal en la Universitat de Barcelona.

«Como psicóloga, mi enfoque nace de una convicción fundamental: la salud mental y el bienestar físico son inseparables. Me especializo en el abordaje de la relación entre la alimentación y la salud mental desde una perspectiva integral y funcional», declara en sus redes sociales.

«Entiendo el cerebro como un órgano biológico que responde profundamente a nuestro estilo de vida; por ello, mi práctica clínica combina la raíz emocional con la optimización de la conexión entre alimentación, sistema nervioso y neurobiología del bienestar», complementa.

Engordar.
Personas cruzando una calle por la zona señalizada. GRB/EFE

Engordar… Adelgazar… Engordar… Un abordaje psicológico

«Gran parte de los pacientes que acuden a mi consulta han conseguido bajar de peso varias veces a lo largo de su vida, haya sido a través de dietas hipocalóricas convencionales o, como vemos cada vez más a menudo, recurriendo a fármacos agonistas del GLP-1, como Ozempic», expone Noelia Alonso.

Pero muchos de ellos y ellas acaban enfrentándose al mismo problema: tras dejar la dieta o la medicación recuperan el peso perdido en poco tiempo, lo que provoca una cuestión recurrente: ¿por qué cuesta tanto perder peso y por qué es tan difícil mantener la pérdida una vez que se abandona el tratamiento?

Un reciente metanálisis de la Universidad de Oxford con más de 9.000 participantes reveló que, tras interrumpir el tratamiento, el paciente medio recupera su peso inicial en aproximadamente 1,7 años y a más velocidad que en personas que perdieron peso mediante cambios en su estilo de vida.

Aunque pueda resultar muy paradójico, la primera cuestión que trabajo con mis pacientes es la importancia de abandonar la mentalidad de dietas.

La mayoría de las personas que trato han pasado años en un ciclo eterno de restricción y atracón: después de un tiempo determinado de privación de comida, no pueden más y acaban descontrolándose e ingiriendo grandes cantidades.

Y a esto le sigue la culpa, el sentimiento de insuficiencia y la creencia de que les falta fuerza de voluntad para alcanzar sus objetivos, situación que les produce muchísima ansiedad; y para una persona que ha aprendido a utilizar la comida como herramienta calmar esta ansiedad significa seguir comiendo.

Esta es una de las claves por la que muchas personas se aferran al tratamiento, puesto que después de años viviendo en este círculo vicioso creen que si lo abandonan, lo único que les quedará será el descontrol.

Pero eso no es cierto, ya que solemos pasar por alto una gran paradoja: la restricción es uno de los antecedentes más directos e inmediatos del atracón.

Existen numerosos estudios científicos que evidencian que la restricción genera un bucle de ansiedad, alteración de la conducta alimentaria y una altísima probabilidad de recuperación de peso a medio plazo.

En este sentido, la investigación más paradigmática ha sido y es el famoso «Experimento Minnesota«, llevado a cabo durante la Segunda Guerra Mundial e imposible de repetir en la actualidad por motivos éticos; aunque sigue aportando mucha luz para la comprensión de los trastornos relacionados con la comida.

El objetivo original del análisis fue entender cómo se podía ayudar a la población europea que estaba sufriendo hambrunas severas y cómo recuperarla físicamente.

Con tal fin, los expertos seleccionaron a 36 hombres jóvenes que nunca habían sufrido problemas de peso ni relación conflictiva con la comida; además, fue necesario que mostraran alta estabilidad emocional y resistencia al estrés a la vez que un estado físico óptimo.

Lo fascinante y a la vez alarmante de este estudio es que, aunque el enfoque era puramente físico, la transformación psicológica fue devastadora: muchas de estas personas que jamás habían pensado de más en la comida desarrollaron una relación patológica y obsesiva con ella de la noche a la mañana.

Engordar.

Psicología para romper el círculo vicioso de la alimentación

Por supuesto, abandonar la mentalidad de dietas sólo es la primera parte de la ecuación. Dejar de restringirse no es una carta blanca para comer sin parar y volver a engordar.

El trabajo que llevo a cabo con mis pacientes se basa en la reconexión entre sus señales internas de hambre y saciedad, que en muchos casos están totalmente distorsionadas tras años de no ser atendidas.

Pero las señales siguen ahí, y con el tiempo suficiente y la confianza en que nuestro cuerpo es un organismo de gran inteligencia y capaz de autorregularse, si le damos la oportunidad, las personas recuperan esa sabiduría interna que les dice cuándo comer y cuándo parar.

A la vez que la persona aprende a diferenciar su hambre física de su hambre emocional, es imprescindible trabajar esa ansiedad por la comida que comentamos antes y que la mayoría reportan.

Ansiedad es una palabra muy amplia que en cada paciente nos está hablando de cosas distintas y que tienen que ver con su historia vital.

Muchas veces, la problemática real ha quedado sepultada debajo del problema con la comida y el peso, y cuando empezamos a trabajar, afloran esos temas.

Y es en ese momento cuando tenemos la oportunidad de tratar y sanar a nuestros pacientes, proporcionándoles herramientas más eficientes a las que recurrir cuando exista cualquier malestar.

Cuando la persona ya es capaz de autorregularse tanto física como psicológica y emocionalmente, entonces es posible ir más allá y valorar la necesidad de un cambio de hábitos en aras de una vida más saludable.

En definitiva, para lograr una transformación sostenible en el tiempo es crucial abordar los aspectos psicológicos que subyacen al problema.

Actuar de otro modo sería empezar la casa por el tejado y, como bien demuestra la literatura científica, el fracaso está prácticamente garantizado.

«Una vez más queda demostrado que las personas necesitan ayuda psicológica para afrontar con mayor fortaleza y seguridad el largo camino de la vida», concluye nuestra flamante psicóloga sanitaria, Noelia Alonso Cabarga.

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