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Vista del eclipse solar desde la escuela Rabun Gap-Nacoochee, en Rabun Gap, Georgia, (Estados Unidos) el 21 de agosto de 2017. EFE/ERIK S. LESSER

¿Por qué nos fascina observar un eclipse? Porque el cerebro secuestra nuestra atención

Observar un eclipse tiene efectos directos en nuestro cerebro ya que se activan regiones encargadas de mantener nuestro interés hasta la fascinación: “El cerebro nos secuestra para que nos focalicemos casi exclusivamente en el eclipse ya que está especializado en captar nuestra atención en algo novedoso y extraordinario”, explica a EFE Salud el neurobiólogo José Ángel Morales.

Cuando el 12 de agosto, la Luna se interponga entre el Sol y la Tierra, el cielo se oscurezca y miles de personas contemplemos al unísono este fenómeno astronómico, también nuestros cerebros y nuestros sistemas nerviosos entrarán en acción.

“Nuestro cerebro detecta que algo extraordinario está pasando, pero no tiene respuestas para ello y quiere saber si ese hecho extraordinario, que es el eclipse, supone un riesgo para nuestra nuestra supervivencia, que es al fin y al cabo la principal función de nuestro sistema nervioso, que es mantenernos con vida el mayor tiempo posible”, apunta el investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Y así llega la fascinación, una mezcla de curiosidad, sorpresa y emoción, un fenómeno biológico.

“En neurociencia la fascinación se explica como una brecha de información, algo que desconocemos y eso crea una tensión cognitiva”, provoca que “tengamos interés por lo que está ocurriendo, para obtener respuestas y determinar si eso altera o no nuestra supervivencia”.

Pero también el cerebro, añade, “apaga lo que se llama la red neuronal por defecto, que es la de la autopercepción, la de la rumiación, la que nos dice tengo que hacer la compra, tengo que ir a por los niños, tengo que hacer esto en el trabajo… Entonces eso deja de ser importante” y fijamos el foco en el eclipse solar».

El cerebro libera dopamina y sentimos bienestar

A medida que el eclipse de sol avanza también entra en juego otro mecanismo: el sistema de recompensa del cerebro.

Se trata de un neurotransmisor fundamental en la motivación y el placer, por lo que el cerebro no solo responde a recompensas materiales, sino también a la información. Así, aprender o resolver una incógnita resulta intrínsecamente gratificante.

“Esa dopamina lo que hace es motivarnos a disfrutar mucho más la experiencia”, señala el profesor del Departamento de Biología Celular e Histología de la Facultad de Medicina.

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El neurobiólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid José Ángel Morales. EFE/María Abad

Consolidación de la memoria

La producción de dopamina, además, mejora la consolidación de la memoria, vamos a recordar dónde y cómo vivimos la experiencia del eclipse ya que el cerebro marca ese momento como relevante.

“¿Qué manera tiene el cerebro de almacenar esa información relevante en la memoria? Pues asociándola a emociones.

«La dopamina lo que hace es activar el hipocampo, qué es una de las regiones relacionadas con la memoria, para que el hecho de ver un eclipse, al estar emocionados lo guardemos en nuestra memoria y luego lo recordemos mucho mejor”, señala.

Piel de gallina o pupilas dilatadas, nuestro cuerpo reacciona

Ante un fenómeno extraordinario como un eclipse, también se activa el sistema nervioso autónomo, “el que controla, por ejemplo, el funcionamiento del corazón, de nuestras vísceras y que es involuntario”, señala el especialista.

Y dispara adrenalina, “lo que hace que sintamos sensaciones también muy parecidas a las que sentimos cuando vemos un cuadro o cuando estamos en un concierto. Y es que se nos pone la piel de gallina, se nos dilata la pupila, nos emocionamos, estamos muy excitados…”.

Pero no todos sentimos lo mismo

Pero no todos sentimos esa fascinación ante un fenómeno como un eclipse con la misma intensidad. Hay personas que por su organización cerebral son menos propensas a estas emociones.

“Hay determinados perfiles que pueden sentir o vivir con menos intensidad el hecho de que que haya un eclipse, por ejemplo, los enfermos de párkinson tiene una disminución de los niveles de dopamina, precisamente porque las neuronas dopaminaérgicas son las que se mueren en esta enfermedad”, señala José Ángel Morales.

También ocurre con las personas que sufren depresión “y tienen lo que se llama anhedonia, una falta de interés por todo lo que ocurre a su alrededor” y con otras personalidades que “necesitan una respuesta firme, o sí o no. Con lo cual, el hecho de que haya un eclipse como es algo extraordinario, algo desconocido, lo que les crea es precisamente una sensación más de inseguridad y de incertidumbre”.

En conclusión, según el investigador de la Universidad Complutense, un eclipse no es solo un fenómeno astronómico, sino un estímulo para nuestro cerebro que nos activa la fascinación y nos consolida la memoria para que lo recordemos siempre como un momento extraordinario y singular.

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