La cifra llama la atención: En España hay 21.696.500 personas mayores de 15 años que cuentan con un diagnóstico de enfermedad crónica, esto supone el  54,3 por ciento de la población. Las más prevalentes son las del sistema circulatorio (35,3 %), seguidas de la hipercolesterolemia crónica (15,5 %) y la artrosis (15,1 %)

Enfermedad crónica, un mal que afecta a la mitad de los españoles
EFE/ Dan Peled

Luego están el dolor lumbar crónico  (14,7 %), el dolor cervical crónico (12,3 %),  la migraña (7,64 %), la diabetes (7,54 %)  y el cáncer.

Destacan por su  especial impacto en la calidad de vida de las personas afectadas patologías como la fibromialgia (3,2 %), las enfermedades raras (1,4 %) y la esclerosis múltiple  (1 %), entre otras.

Así se recoge en el recién publicado Informe 2021 del Observatorio de Atención al Paciente, impulsado por la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), que pone el acento en  la estrecha vinculación que existe entre las enfermedades crónicas y la salud mental, agravada por el impacto psicoemocional de la pandemia en sus vidas.

En cuanto a mortalidad, las enfermedades del sistema circulatorio en conjunto constituyen la primera causa y son responsables del 27,8 por ciento (116.615)  de las defunciones en el año 2019,  seguidas del cáncer (27 %) y de las  enfermedades respiratorias crónicas  (11,4 %).

Se estima que los factores de riesgo como el consumo de tabaco, el sedentarismo y el uso nocivo del alcohol son causantes de alrededor del 80 por ciento de  las enfermedades coronarias y cerebrovasculares.

Según la Encuesta Europea de Salud  (INE, 2020), si se analiza la prevalencia de la enfermedad crónica por grupos de edad, se observa que las personas  mayores de 65 años son el colectivo más afectado por la cronicidad.

Mientras que en la población de 15 a  64 años entre el 28 % y el 68% de las personas tiene diagnosticada alguna enfermedad crónica, en las mayores de 65 años esta cifra alcanza el 88,2 por ciento.

Desde finales del siglo XX, las mejoras en salud pública y la atención sanitaria, así como la adopción de ciertos estilos de vida se han traducido en el crecimiento de la esperanza de vida  y, por tanto, en el incremento de la proporción de personas mayores y en la mayor prevalencia de las enfermedades crónicas, la fragilidad, la discapacidad y  la dependencia.

Actualmente, apunta este informe, las personas mayores representan el 35,5 % de la población crónica en España.

Y de acuerdo con los resultados de la “Proyección de la Población de España a Largo Plazo” del  Instituto Nacional de Estadística (INE,  2020), en 2035 la población de 65  y más años representará el 26,5 % del  total y en 2050 el 30,8 por ciento.

Enfermedad crónica: impacto Covid

Según el “Estudio del impacto de COVID-19 en las personas con enfermedad crónica” llevado a cabo por la POP, desde el inicio de la  pandemia hasta la actualidad, el 43 % de  las personas afectadas por enfermedad crónica ha experimentado un cambio negativo en su salud, bien como consecuencia de un agravamiento de una condición crónica preexistente, o de la aparición de nueva sintomatología.

Entre las diversas barreras a las que se están enfrentando en el ámbito de la atención sanitaria, destacan las restricciones de acceso a los centros; el cambio a una modalidad de atención mayoritariamente telefónica; la cancelación y demora de tratamientos y terapias; y el retraso diagnóstico que ha afectado singularmente a las  personas con patologías oncológicas.

Concretamente, una de cada cinco no han sido diagnosticadas o lo han sido con retraso, por lo que el número de primeras consultas han decrecido en casi un 21 % durante los meses de marzo a junio de 2020 frente al mismo periodo de 2019.

Durante el periodo trascurrido entre los meses de mayo y junio de 2021 persistía un retraso general en el acceso a la atención sanitaria y al diagnóstico, con un tiempo medio de espera para recibir atención médica por nueva  sintomatología entre las personas con enfermedad crónica de 48 días y de hasta 4 meses para el diagnóstico.

La situación pandémica también ha afectado a la calidad de vida (esfera social, laboral y económica) y al estado psicoemocional de la población general, debido a la falta de respuesta adecuada de los sistemas de salud.

También a las medidas de salud pública para hacer frente a la pandemia, la frustración, la pérdida de libertad  y la preocupación por la salud propia y de la familia.

Como colofón, España representa el país de la Unión Europea en el que sus ciudadanos/as muestran más preocupación por su salud y la de sus allegados/as en relación a la COVID-19.

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Varios sanitarios en la Unidad de Cuidados Intensivos dedicada a pacientes covid del Hospital Miguel Servet de Zaragoza. EFE/Javier Belver

Enfermedad crónica: salud mental

Además la salud mental de las personas que conviven con enfermedades crónicas ha empeorado en mucha mayor frecuencia que en  la población general, debido a sus condicionantes específicos tales como los antecedentes emocionales, la vivencia de la enfermedad, la mayor vulnerabilidad sanitaria y la necesidad  de atención médica.

Subraya el informe que el impacto psicoemocional ha sido especialmente  relevante en colectivos vulnerables como las personas con trastornos psicológicos y las personas mayores con enfermedad crónica a quienes el aislamiento social generado por la pandemia les ha situado en un contexto de soledad no deseada y desprotección social.

Particularmente, desde el principio de la pandemia hasta la primavera de 2021 más de la mitad de las personas con enfermedad crónica han experimentado  a menudo nerviosismo, desesperanza respecto al futuro, intranquilidadtristeza y miedo.

En tanto que entre  el 18 y el 25 % de la población general experimentó ansiedad/miedo, tristeza/ depresión, soledad/aislamiento y preocupación general, en el caso de la población crónica lo sufrieron entre el  53 y el 58 % de los afectados.

Actualmente, según el comité asesor del Observatorio al Paciente (OAP), el sistema sanitario se enfrenta a un  notable déficit de recursos para la  atención de la cronicidad, dado que, hasta ahora, las CC.AA han empleado la mayoría de estos en la contención del  virus y el proceso de vacunación contra la COVID-19.

A juicio del observatorio, los “Fondos Europeos  de Recuperación Next Generation”, destinados a la reparación de los daños provocados por la crisis de la covid, deberían dirigirse al fortalecimiento del SNS dotándolo de la capacidad y recursos necesarios para hacer frente a futuras crisis sanitarias en situación de menor vulnerabilidad y evitar el perjuicio de la atención sanitaria a personas con patologías crónicas.

En 2005, la Organización Mundial  de la Salud (OMS), en su documento  “Preventing chronic diseases, a vital  investment”, ya advertía de que los  modelos asistenciales de los sistemas sanitarios eran ineficientes en la  asistencia de procesos crónicos, debido al déficit de recursos humanos, físicos y económicos, y al uso fragmentado de los recursos disponibles, e instaba a los Estados a reorientar sus sistemas de atención a la cronicidad.

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La ministra de Sanidad Carolina Darías en el acto de presentación del Informe del Observatorio de la Atención al Paciente

Modelos de atención obsoletos

Durante esta pandemia, concluye el citado observatorio, se ha evidenciado la necesidad de garantizar el trabajo en equipo y la multidisciplinariedad, la flexibilidad en la gestión de los recursos sanitarios, la coordinación y adecuada dotación de los recursos humanos y materiales en el ámbito sanitario y social, así como de potenciar la promoción y prevención de la salud.

Las actuales estrategias o modelos de atención a la cronicidad se encuentran obsoletas respecto a estas necesidades, por lo que resulta urgente reestructurar el sistema sanitario garantizando la equitativa de atención a la cronicidad de las  diferentes Comunidades Autónomas a las necesidades generadas por la pandemia, en lo que respecta a la atención sanitaria de la  cronicidad.

La edición de 2021 del Observatorio de la Atención al Paciente recoge los resultados de un sondeo a planificadores y gestores sanitarios de las Administraciones Públicas y de varias consultas a profesionales del ámbito social y sanitario.

Este informe fue presentando la semana pasada en un acto público que contó con la asistencia de la ministra de Sanidad, Carolina Darías; la presidenta de la POPCarina Escobar; y los consejeros de Salud de Andalucía, Jesús Aguirre; Castilla y León, Verónica Casado; Cantabria, Miguel Rodríguez; Madrid, Enrique Ruiz Escudero; y  Extremadura, José María Vergeles.