conexión enfermedad inflamatoria intestinal y patología mental
Mª Pilar Nos, jefa del servicio de Medicina Digestiva del hospital La Fe de Valencia, y Joaquín Borrás, jefe de la Sección de Farmacia del Hospital de Sagunto, durante el Foro EFE. EFE/Manuel Bruque

¿Afecta la enfermedad inflamatoria intestinal a la salud mental? Este dato apunta a que sí

La conexión directa entre el aparato digestivo y el cerebro, el conocido como «eje intestino-cerebro«, implica que un 25 % de pacientes con enfermedad crónica tenga enfermedad mental, un porcentaje que sube hasta el 50 % en los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal, de la que se celebra este martes su día mundial.

Por este motivo, un abordaje integral que incluya la salud mental del enfermo mejora no solo la adhesión a los tratamientos sino también la efectividad de los mismos.

Esta es una de las conclusiones del Foro EFE «Nuevos retos del sistema sanitario: salud mental, enfermedades crónicas y terapias avanzadas», organizado por EFE con la colaboración de Johnson & Johnson.

En él intervino la doctora María Pilar Nos, jefa del servicio de Medicina Digestiva del hospital La Fe de Valencia e investigadora principal del grupo de Enfermedad Inflamatoria Intestinal y directora del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe (IIS). Explicó que ansiedad, depresión y estrés son síntomas frecuentes que condicionan el día a día de los enfermos, lo que pone de manifiesto la crucial importancia del eje intestino-cerebro.

Ansiedad y depresión en el 50 % de los casos

Unos síntomas que se manifiestan incluso cuando la patología digestiva está controlada, según dijo Nos, quien resaltó que los pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) presentan síntomas de ansiedad y depresión hasta en un 50 % de los casos durante los brotes de la enfermedad y en torno a un 30 % incluso en fases de inactividad.

La enfermedad inflamatoria intestinal, que engloba patologías como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, afecta aproximadamente a una de cada cien personas, muchas de ellas jóvenes y niños.

Esa relación “bidireccional” entre intestino y cerebro implica no solo que una persona con una enfermedad crónica se encuentre lógicamente «agobiada o ansiosa por si situación», sino que la propia inflamación intestinal conlleva que los tejidos sean más permeables y que, a través del flujo sanguíneo, lleguen al cerebro sustancias que pueden provocar inflamación cerebral o reducir la producción de hormonas tan importantes como la serotonina, directamente relacionada con depresión, cuya aparición hace más ineficaz el tratamiento contra la inflamación.

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Bartolomé Pérez, director general de Salud Mental y Adicciones de la Generalitat Valenciana (izqda), durante el foro. EFE/Manuel Bruque

La doctora señaló que el eje intestino-cerebro tiene una influencia directa en la percepción de la enfermedad y en la calidad de vida de los afectados, especialmente porque muchas veces son diagnósticos que llegan en edades tempranas y acompañarán al paciente durante toda su vida.

La especialista advirtió de que algunos pacientes desarrollan miedo anticipatorio a situaciones cotidianas como viajar, trabajar o mantener una vida social normal, lo que puede derivar en trastornos emocionales graves si no se detectan y tratan a tiempo.

“Ya no tratas un intestino inflamado, sino una persona, con todo lo que conlleva”, redundó Nos antes de reclamar un enfoque “holístico” que atienda tanto la inflamación intestinal como el bienestar psicológico y social del paciente.

Una respuesta psiquiátrica mejora la calidad de vida

Eduardo Aguilar, psiquiatra del Hospital Clínico, investigador en CIBERSAM e INCLIVA y profesor en la Universitat de València, aseguró que la enfermedad inflamatoria crónica es el «ejemplo clarísimo» de interacción entre enfermedad crónica y psiquiatría, algo que se da también en el cáncer de cabeza de páncreas que antecede a una patología psiquiátrica.

Lo importante en estos casos, dijo, «es en sí la respuesta» porque derivará en un pronóstico peor, una calidad de vida peor y una adherencia al tratamiento peor.

Aguilar abogó por apostar por modelos «psicosociales» a la hora de abordar la enfermedad mental y por una mejora en el cribaje de estas patologías. También defendió mejorar la interdisciplinariedad y cuidar a los cuidadores.

El valor de la farmacia hospitalaria

En cuanto al tratamiento, Joaquín Borrás, jefe de la Sección de Farmacia del Hospital de Sagunto, valoró la implicación creciente de los servicios de farmacia en el equipo multidisciplinar de atención al paciente crónico.

Una aproximación farmacológica global y coordinada dará al paciente mayor seguridad, más adherencia y la adaptación personalizada en los criterios de valor del medicamento, subrayó.

Borrás planteó además por poner en valor en servicio de farmacia hospitalaria, que no solo contribuye a una mejor y más personalizada dispensación de fármacos sino que es también «barrera de seguridad» y validador de la prescripción de fármacos.

Una labor, como la que se realiza en el Hospital de Sagunto, indicó, que permite «optimizar recursos» y hacer más eficiente la medicación.

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