Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la enfermedad reumática cardiaca puede dañar de forma permanente las válvulas del corazón, dificultando su funcionamiento y, con el tiempo, provocar insuficiencia cardíaca.
¿A quién afecta y cómo evoluciona?
Aunque puede presentarse a cualquier edad, la fiebre reumática aparece con mayor frecuencia en niños y adolescentes entre los 5 y 15 años. Puede afectar tejidos del corazón, las articulaciones, la piel y el sistema nervioso central.
La OMS asegura que el daño cardíaco, especialmente en las válvulas, puede desarrollarse lentamente y manifestarse años después del episodio inicial.
Síntomas de la enfermedad reumática cardíaca
Los síntomas de la enfermedad reumática cardiaca suelen surgir entre una y seis semanas tras la infección inicial. Entre los más comunes la OMS destaca:
- Fiebre alta
- Dolor e hinchazón en articulaciones como rodillas, tobillos, codos o muñecas
- Nódulos subcutáneos
- Erupción cutánea con bordes rojizos
- Dolor torácico y dificultad para respirar
- Movimientos involuntarios en extremidades o cara
Dado que estos síntomas pueden confundirse con otras afecciones, la OMS aconseja que es fundamental consultar a un médico para un diagnóstico preciso.

Tratamiento y prevención
El enfoque terapéutico depende de la gravedad del daño valvular. En los casos más severos, puede requerirse cirugía para reparar o reemplazar válvulas cardíacas.
Sin embargo, la OMS asegura que la mejor estrategia contra la enfermedad reumática cardiaca sigue siendo la prevención de la fiebre reumática mediante el tratamiento precoz de infecciones estreptocócicas con antibióticos como la penicilina.
Para quienes han sufrido fiebre reumática anteriormente, la OMS recomienda tratamientos antibióticos prolongados —diarios o mensuales— que pueden extenderse durante años, o incluso toda la vida, para evitar recaídas y proteger la función cardíaca. También pueden utilizarse medicamentos antiinflamatorios, como aspirina o esteroides, en fases agudas.
La prevención primaria, a través del acceso a tratamientos adecuados en infecciones comunes de garganta, es clave según la Organización Mundial de la Salud (OMS) para reducir la incidencia y mortalidad de esta enfermedad prevenible.



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