Los niños no son inocentes del todo y en ocasiones utilizan los juegos o los juguetes para identificarse con determinados roles, como el que irradia el supervillano y comodín Joker, enemigo fanático, bromista y guasón de Batman, y así conseguir superar, o al menos suavizar, un desencuentro con un hermano, un rifirrafe con algún amigo, una pelea de molinillos con un compañero de colegio o, incluso, la separación o el divorcio de sus padres...