«Lo normal es que la gente se estrese es determinadas situaciones, como cuando hay mucha gente, pero no hay que patologizar todo y pensar que tenemos fobia a la multitud», afirma a EFEsalud, la psicóloga y vocal de la Junta del Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, Olga Merino.
Hacer un peregrinaje por las terrazas para encontrar una mesa y poder cenar o esperar horas en una cola para ver un museo u otra atracción turística puede conllevar un estrés que es habitual.
«Lo natural es que a la gente a lo mejor le moleste o se estrese en situaciones donde hay muchas personas, pero que no lleguen a manifestar una patología en sí», insiste en el mensaje la psicóloga

Y como en verano determinados sitios suelen estar más concurridos, hay gente que busca calas más escondidas o incluso ir a primerísima hora de la mañana o de la tarde a darse un buen chapuzón con tranquilidad.
En este sentido, la psicóloga señala que, en verano, normalmente se busca una desconexión, el relax, un cambio de vida durante un mes, y cuando hay mucha gente, normalmente no es tan sencillo.
La enoclofobia
Para saber que hay una patología detrás, los síntomas tienen que ser muy agudos y muy limitantes.
Ansiedad extrema, con taquicardias, respiración anormal, sensación de dolor en el pecho, y parálisis, en definitiva, un bloqueo físico y emocional. «Es muy parecido, digamos a la reacción de la ansiedad ante determinadas situaciones», señala Merino.
La personas que tiene fobia a la multitud es incapaz de exponerse a ese tipo de situaciones en las que hay gente. Como otra fobia, es muy limitante a nivel funcional. Les limita la vida porque no pueden exponerse a situaciones que son naturales y necesarias.
Pero la probabilidad de padecer una fobia a la multitud real es muy baja, es decir, de todas las personas que huyen de la gente los que tengan la patología serán «un porcentaje ínfimo».
«La diferencia está en que en una situación tú eliges no ir porque no te gusta, no te resulta agradable, no te apetece. En la otra, es que tú no eres capaz de exponerte por las grandes manifestaciones que te genera», insiste la psicóloga.

Y no es algo estacional, sino que depende del contexto y suele estar asociado a otro tipo de problemas como la agorafobia, claustrofobia o fobia social.
«Son entramados que suelen tener unos patrones muy concretos, con pensamientos de que algo malo va a suceder, de que se van a morir, les falta el aire y los evitan a toda costa», subraya Merino.
No es fobia, pero ¿qué podemos hacer?
Casi todas las herramientas para conseguir disfrutar de las vacaciones a pesar de la multitud están relacionadas con las técnicas de cuidado emocional psicológico, para trabajar los pensamientos, porque muchas veces toda esa ansiedad viene generada por ideas catastrofistas.
Suele ser útil ajustar esos posibles pensamientos distorsionados, que «son muy frecuentes», así como otras técnicas de relajación, a través de la respiración para conseguir una sensación de calma y contrarrestar la situación.
«Hay que racionalizar. Pensar ‘voy a ir a tal sitio, ¿qué me voy a encontrar?’ pues lo normal es que haya gente con lo que hay que trabajar algo importante en general en la población, que es la paciencia. De alguna manera nos puede ayudar a situarnos mejor y a disfrutar del aquí y del ahora, independientemente de que corresponda con nuestras expectativas o no», zanja la vocal de la Junta del Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid



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