Hepatitis España
EFE/ Mariscal

Radiografía de las hepatitis víricas en España

Las vacunas y los tratamientos innovadores han logrado que las infecciones de hepatitis víricas en España se reduzcan de forma importante en los últimos años. De hecho, es uno de los países mejor situados para alcanzar los objetivos fijados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para lograr la eliminación de la hepatitis C en 2030.

Con motivo del Día Mundial de la Hepatitis, el 28 de julio, en EFE Salud hacemos una radiografía de la situación en España de distintos tipos con el análisis del coordinador de la Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España (AEHVE), Javier García-Samaniego y datos del Ministerio de Sanidad.

Hepatitis A

El virus se transmite por la vía orofecal, es decir, el virus entra por la boca, habitualmente por una mala higiene de manos y alimentos contaminados. Al contrario que la B y la C no evoluciona nunca a una forma crónica, con lo que no permanece en el organismo y salvo que el paciente tenga una enfermedad hepática previa, no suele derivar en un fallo hepático.

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EFE/EPA/LUKAS BARTH-TUTTAS

«De ahí que la letalidad sea muy baja, por debajo del 0,5 %. En el caso de los mayores de 50 años puede ser superior al 1,5 %», indica García-Samaniego, quien además es jefe del Servicio de Hepatología del Hospital Universitario La Paz, de Madrid.

No hay tratamiento, solo para los síntomas cuando se manifiestan, que no siempre lo hacen. Son náuseas, vómitos, fiebre, malestar general o dolor abdominal, seguidos en los días siguientes de ictericia, prurito y coluria (coloración oscura de la orina).

Existe vacuna y está recomendada para varios grupos de riesgo.

Entre ellos: los trasplantados o a la espera de un trasplante hepático; aquellos que tengan enfermedad hepática crónica; con infección por VIH; personas con prácticas sexuales de riesgo, en situación de prostitución y hombres que tienen sexo con hombres.

También viajeros a zonas de alta o moderada endemicidad que se desplacen a zonas rurales o lugares con condiciones higiénico-sanitarias deficientes, entre otros grupos de población.

Sube la incidencia

La incidencia del virus en España ha protagonizado una tendencia ascendente desde 2024.

Según explica un documento actualizado en febrero de este año sobre la evaluación de riesgo de la hepatitis A del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), la información de la Red Nacional de Vigilancia (RENAVE) continúa sin ser lo suficientemente completa para establecer las causas específicas de este incremento.

El perfil de los casos es «compatible» con la hipótesis de un aumento de la transmisión en la población de hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (GBHSH), que ya indicaba un informe anterior en diciembre de 2024.

Este, junto con una «limitada cobertura vacunal en este grupo de población, a pesar de que la vacuna frente a la hepatitis A está recomendada», hace que el riesgo de infección en dicho grupo sea «moderado», según el documento.

No obstante, «la hepatitis A en esta parte del mundo no supone un problema de salud pública», según García-Samaniego, quien insiste en la importancia de que los grupos de riesgo se vacunen.

La hepatitis B

Se transmite por vía parenteral -mediante transfusiones de sangre no controladas, inyecciones con instrumental médico contaminado o por consumo de drogas inyectables-, por vía sexual y transmisión materno-fetal.

Puede dar síntomas, pero muchas veces no es así. «De hecho, la mayor parte de las infecciones son asintomáticas, uno se entera que tiene hepatitis B por un análisis», asegura el hepatólogo.

En función de la fase de replicación del virus puede ser «extraordinariamente contagioso», indica el coordinador de AEHVE, quien recuerda que existe vacuna y en España, desde principios de los 2000, se vacuna a los recién nacidos, con una cobertura que supera el 95 %.

En España la prevalencia de la enfermedad es baja y se contabilizan alrededor de 500 casos anuales, principalmente en personas adultas que no fueron vacunadas en la infancia.

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EFE/Luis Tejido

La tasa de letalidad es de aproximadamente 1 % y es más alta en personas mayores de 40 años.

Como particularidad, García-Samaniego explica que el virus de la hepatitis B «no es dañino per sé, sino que es el propio sistema inmune el que tratando de eliminarlo, provoca la inflamación hepática y puede producir una hepatitis crónica que puede tener una actividad y una intensidad variables».

La enfermedad se puede cronificar cuando el virus no se puede eliminar en seis meses. La tasa en España es del 0,3 %.

Cuando se cronifica

En los casos de hepatitis B crónica, los antivirales reducen la carga viral -hay dos aprobados en España- pero no erradicar el virus, porque éste se queda en el núcleo de la célula hepática, donde es difícil que puedan acceder los fármacos.

Hay nuevos fármacos en fase de ensayos clínicos que pueden abrir la puerta a la curación funcional, en pacientes que tienen el virus bajo control, pero aún no son una realidad.

Se puede decir, según García-Samaniego, que España «ha hecho los deberes» desde el punto de vista de la prevención de la hepatitis B, gracias a la vacunación.

Sin embargo, considera que «quizás, hay que hacer políticas activas de cribado de hepatitis en población migrante» procedente de países donde la enfermedad es endémica, y en población vulnerable, como usuarios de drogas inyectadas. También entre los hombres que tienen sexo con hombres.

«Ser proactivos en el sentido de buscar pacientes que puedan estar infectados y no lo sepan», estima.

La hepatitis C

Se transmite por las mismas vías que el virus B.

Se cronifica con frecuencia y no cuenta con vacuna, sin embargo gracias a los fármacos innovadores -con una eficacia prácticamente del 100 % – aprobados hace más de un década se ha conseguido tratar a más de 170.000 personas, con lo que actualmente la infección activa supone el 0,14 % de la población, según los últimos datos publicados.

«España es uno de los países mejor situados para alcanzar los objetivos de eliminación de la OMS para 2030, que es la disminución de la de la incidencia en un 90 %; de la morbimortalidad en dos tercios; una tasa de diagnóstico del 90 % y una de pacientes tratados sobre los diagnosticados de un 80 %», destaca García-Samaniego.

La inmensa mayoría de las personas que tienen la infección pero no están tratados se debe a que son aquellos colectivos más vulnerables que «tienen poco contacto con el sistema sanitario», no obstante, «cada vez el porcentaje es más bajo».

Uno de los asuntos en los que hay que poner el foco, según el experto de la AEHVE, es la reinfección en ciertos colectivos, porque con los fármacos el virus se elimina pero no evita que se pueda a volver a contraer.

La hepatitis D (Delta)

El virus de la hepatitis D es el único de la especie humana que necesita a otro, en este caso el de la hepatitis B, para poder replicarse en el organismo.

Tanto el virus de la hepatitis B como de la D se contagian por las mismas vías.

Se trata de la forma más grave de hepatitis vírica crónica porque es la que tiene más riesgo de derivar en un cáncer hepático y en cirrosis, de hecho, la OMS ha recordado en varias ocasiones su potencia cancerígeno.

En concreto, presenta un riesgo 3,8 veces mayor de desarrollar cirrosis hepática en comparación con los pacientes infectados solo con el virus de la hepatitis B. Además, experimentan un riesgo 1,28 veces mayor de desarrollar carcinoma hepatocelular.

La vacuna de la hepatitis B, la mejor prevención

Al necesitar el virus B para replicarse y como los casos de este último han descendido por la vacuna, los de Delta, también.

Como en las últimas décadas la incidencia en España de hepatitis B ha disminuido «de una manera muy acusada y significativa» por la vacuna, D, también.

De forma que la mejor manera de prevenir esta enfermedad es la vacuna de la hepatitis B.

«Si estás vacunado de la hepatitis B, no vas a tener una infección crónica por ese virus, con lo que no te vas a poder sobreinfectar por el Delta», incide el coordinador de la AEHVE.

De las personas con hepatitis B, se estima que el 5 % está coinfectado por el virus Delta, por lo que en España habría entre 5.000 y 7.000 personas.

García Samaniego subraya que es necesario que en los pacientes con hepatitis B también se detecte si tienen o no el virus D, porque «prácticamente la mitad de los enfermos con hepatitis crónica por el virus Delta tiene la enfermedad avanzada».

Los antivirales para la hepatitis B, que suprimen la replicación del virus, no funcionan para la D. Hace tres años se aprobó un medicamento, que disminuye la replicación del virus D, normaliza la bioquímica hepática y mejora la enfermedad en un «porcentaje significativo de pacientes».

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