Alzhéimer.

Dra. Lucía Crivelli: «Mucha más prevención del alzhéimer es realmente posible en Latinoamérica»

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«Con la intervención integral en cinco hábitos de vida cotidianos se logra más de un 55 % de mejoras cognitivas respecto a las recomendaciones generales de salud pública en la prevención de la demencia, especialmente alzhéimer, en personas adultas mayores», destaca la Dra. Lucía Crivelli, neuropsicóloga del Instituto FLENI de Buenos Aires en Argentina.

«Hablamos de realizar actividad física diaria, de alimentación regional saludable, de control sistemático de la salud cardiovascular y metabólica, de entrenamiento cognitivo riguroso y de socialización activa con el resto de mujeres y hombres que viven o se desarrollan en nuestro entorno», relaciona.

Esta es la principal conclusión del estudio LatAm-FINGERS, primer ensayo clínico aleatorizado multicéntrico realizado en América Latina sobre la prevención del deterioro cognitivo patológico.

En la investigación, publicada el pasado julio en la revista The Lancet, participaron, durante 24 meses, 1.065 personas de entre 60 y 77 años de once países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay.

«Es un estudio novedoso y muy representativo de la región, que está especialmente castigada por la demencia, con índices de prevalencia en demencias superiores a otros países con sistemas nacionales de salud más eficientes», subrayala Dra. Lucía Crivelli, investigadora principal de LatAm-FINGERS.

«Y no sólo eso, sino que los resultados indican, por primera vez, que las personas en riesgo de una demencia como el alzhéimer pueden mejorar a través de estrategias no farmacológicas: cambiando el estilo de vida se cambian el rendimiento de la memoria, de la atención y de las funciones ejecutivas», apunta.

La Dra. Lucía Crivelli se licenció en Psicología por la Universidad de Buenos y se doctoró en Neurociencia Cognitiva Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Maimónides (UMAI), ubicada en el barrio de Caballito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La doctora Crivelli ha trabajado en la evaluación y rehabilitación cognitiva de pacientes con daños neurológicos y tiene un gran conocimiento en el diseño metodológico de investigaciones y métodos estadísticos para identificar marcadores neuropsicológicos tempranos del deterioro cognitivo y la demencia.

Además de dirigir a un equipo de dieciocho neuropsicólog@s en el área de clínica e investigación del Instituto FLENI, Crivelli, ha participados en 52 artículos o «papers» de investigación (14 de ellos en los dos últimos años), en 23 documentos científicos y tecnológicos publicados y en tres capítulos de libros.

Alzhéimer.
El periodista de la Agencia EFE, Gregorio del Rosario, entrevista «en línea» a la neuropsicóloga Lucía Crivelli en La Consulta de EFEsalud.

Doctora Crivelli, ¿en qué consiste el deterioro cognitivo y cómo evoluciona hacia una demencia?

Llamamos deterioro cognitivo a las etapas iniciales del declive progresivo cerebral. Lo que sucede es que la memoria, la atención, el lenguaje, la orientación, el pensamiento o la capacidad de razonar empiezan a funcionar deficientemente.

Pero conviene diferenciar lo que es el envejecimiento benigno de lo que es el envejecimiento patológico. Envejecer significa que nos salgan canas, arrugas y manchas o que nuestra memoria no sea como la de veinte años antes.

Cuando se diagnostica un deterioro cognitivo leve (DCL) ya hablamos de una patología; es la instancia prodrómica o periodo previo a la demencia completa. Siempre será una fase donde se podrá medir un deterioro distinto y mayor al del envejecimiento natural y saludable.

Las pruebas neuropsicológicas confirmarán que exsite un rendimiento inferior a la media: la persona o sus familiares y amig@s notan, po ejemplo, pérdida en el hilo de las conversaciones o tardan más de lo habitual en encontrar las palabras oportunas.

El paciente mantiene su independencia y cuida de sí mismo, pero le costará más tiempo o esfuerzo realizar tareas antiguamente sencillas, como comprobar las cuentas bancarias o planificar un fin de semana turístico con su pareja.

Pero no todas las personas con deterioro cognitivo leve progresan hacia una demencia. Alrededor de un 10-15 % se encaminan hacia la demencia, mientras otros se estabilizan o, incluso, parecen mejorar si existe una causa subyacente tratable.

La evolución patológica generará un impacto en la vida diaria cuando los fallos cognitivos interfieren en la capacidad del individuo para realizar actividades cotidianas como cocinar o, en una fase más avanzada, asearse o vestirse.

La demencia completa llegará cuando fracase la autonomía absoluta del paciente: aparecen cambios notables en la conducta hasta que se pierde la comunicación eficaz con las personas de su entorno. No reconoce a los familiares y no es capaz de caminar o tragar alimentos por sí mismo.

El paciente requiere, entonces, del cuidado de otras personas para poder llevar su vida adelante. Cuando la causa es una enfermedad neurodegenerativa como el alzhéimer la progresión suele ser lenta, continua e irreversible.

La prevención del alzhéimer en Latinoamérica.
Calle bonaerense con el Obelisco al fondo, de 67,5 metros de altura, situado en la Plaza de la República, epicentro social de los habitantes de Argentina. Fotografía de Buenos Aires tomadas de EFE Televisión.

Precisamente, doctora, según la OMS, más de 57 millones de personas sufren algún tipo de demencia, siendo el alzhéimer la enfermedad más prevalente, con un 60-70 % de casos. ¿Cómo se previene y se trata a día de hoy el alzhéimer en Argentina, enfermedad que afecta a unos 400/500. 000 pacientes, cifra que podría llegar a los 900.000 en el año 2050?

Sí, los números en la Argentina son escalofriantes. La tasa de demencia crece porque nuestro sistema de salud no funciona bien. En cambio, en países de altos ingresos, donde los sistemas de salud pública funcionan mejor, se comprueba que esta tasa puede bajar, es decir, que el alzhéimer es una enfermedad prevenible.

Nosotros tenemos más factores de riesgo debido a la mayor prevalencia de hipertensión, obesidad, colesterol, hipoacusia, tabaquismo, sedentarismo o aislamiento social, pero también a los bajos niveles educativos. Todo eso hace que las tasas de demencia y alzhéimer sean más elevadas.

De ahí las cifras que me indica, porque la población argentina está sumamente castigada y es sumamente vulnerable, algo que nos motivó sobremanera para llevar a cabo el estudio LatAm-FINGERS.

Por eso es muy importante comunicar a la sociedad los resultados del estudio, ya que estos datos demuestran sin ambages que los diferentes tipos de demencias se pueden prevenir en un 55 % de los casos aplicando cambios reales en cinco hábitos rutinarios, más allá de la necesidad de una medicación específica para cada una de ellas.

Con las terapias monoclonales actuales se llegan a ganar hasta seis meses más de autonomía cuando la enfermedad obtiene un diagnóstico precoz, pero estos fármacos de vanguardia ni curan ni revierten el estado de salud del paciente.

¿Y las mujeres argentinas, al igual que sucede en España, sufren más que los hombres la enfermedad del Alzhéimer?

Las mujeres tenemos mayores tasas de alzhéimer que los hombres en todo el mundo: la realidad nos recalca que dos de cada tres casos de demencia a nivel mundial somos mujeres. Y no solamente nos eso, sino que 2/3 de los cuidadores de personas con demencia también somos mujeres

La tasa de prevalencia de la demencia en Argentina se estima en un 12,2 % entre la población mayor de 65 años, con un 60 % de casos en su forma de alzhéimer. La tasa de deterioro cognitivo alcanza al 23,2 % en mayores de 60 años.

Por géneros, la tasa de demencias y alzhéimer en mujeres representa en torno al 60-65 % de los casos clínicos, un patrón epidemiológico alineado con la tendencia en España y Europa.

Respecto a los factores de riesgo, ya mencionados, en el sexo femenino se suma un riesgo significativamente mayor debido a causas genéticas y hormonales, como la pérdida de estrógenos en la posmenopausia.

En términos generales, todas las mujeres estamos en el centro de esta enfermedad, ya sea cuidando a un paciente o padeciéndola; y en mi caso, además, investigándola y trabajando para que este panorama mejore cada día.

Alzhéimer.
Un grupo de personas cruza una calle de la capital de Argentina por el paso de peatones.

Doctora Crivelli, después de las evidencias científicas que aporta el estudio LatAm-FINGERS, y otros como U.S. Pointer, ¿qué programas de prevención del deterioro cognitivo se pueden aplicar a la vida diaria de las personas?

Ambas investigaciones, que se basan en los resultados pioneros del estudio «Finnish Geriatric Intervention Study to Prevent Cognitive Impairment and Disability«, ensayo clínico también publicado en The Lancet en 2015, involucran a personas de distintas etnicidades, con distintas costumbres en distintos países.

El estudio estadounidense U.S. POINTER, llevado a cabo en 2.111 adult@s de entre 60 y 79 años de edad, ya había demostrado que recibir una intervención estructurada con actividad física, alimentación, entrenamiento cognitivo y control de los factores de riesgo cardiovascular desaceleraba la demencia entre uno y dos años en el envejecimiento cognitivo.

Es fundamental conocer y saber que de estas publicaciones científicas (financiadas al 100 % por Alzheimer’s Association) se desprenden recetas, consejos o hábitos concretos para que el conjunto de la población se aproveche de ellos. Tanto es así que los dos grupos estudiados en ambos estudios consiguieron mejorar en el deterioro cognitivo.

Pero como ya hemos dicho, la salud cerebral del grupo tratado integralmente con los cinco hábitos rutinarios mejoró un 55 % más que la salud del grupo de control.

Y si los dos grupos mejoran, aunque sólo sea por recibir información, es trascendental la intervención de las autoridades políticas y sanitarias para que la gente cambie ya su trayectoria cognitiva: debemos entrar en la casa de las personas para brindar todos los servicios relacionados y modificar cualquier hábito enfermizo.

Doctora, usted trabaja en un proyecto para adaptar este modelo de prevención de la demencia a las comunidades del área metropolitana de Buenos Aires. ¿Cómo funcionaría en la práctica?

En el caso de la Argentina, mi misión es ponerme en contacto con las autoridades de la salud pública del área metropolitana de la ciudad de Buenos Aires y tratar de facilitar algún tipo de articulación publico privada para que las personas puedan beneficiarse de los aprendizajes que nos deja el estudio clínico LatAm-FINGERS.

Ahora, estamos trabajando en el diseño de las estrategias necesarias para que las personas puedan acceder a estos cinco beneficios al menor coste posible.

Podríamos utilizar recursos existentes, como los centros de atención primaria, centros de personas mayores, espacios públicos, gimnasios, organizaciones comunitarias, empleando y capacitando al personal de la ciudad de Buenos Aires y alrededores.

A la vez, tratamos de conseguir acuerdos o convenios con empresas de alimentos para que algunos de sus productos, aquellos que sean beneficiosos para luchar contra la demencia, tengan descuentos económicos, siempre con la condición de establecer una cercanía real a la población a la que tenemos que ayudar.

En resumen, facilitar el acceso al sistema de salud, la conectividad, la afabetización, la alimentación saludable, la organización familiar y las redes comunitarias, escuchando sus demandas y valorando sus particularidades.

Además, conviene reducir la dependencia de dispositivos digitales e internet.

Es de vital importancia transformar la evidencia científica en políticas públicas que favorezcan la salud cerebral. Necesitamos un enorme esfuerzo coordinado de toda la sociedad.

Prevención del alzhéimer en Latinoamérica.
Algunas personas pasean por el entorno de la boca de la estación Florida del Subte de Buenos Aires, en la avenida Corrientes.

Hablando de la población, doctora Crivelli, ¿qué receptividad tienen estos pacientes, sus cuidadores y sus familiares?

La receptividad de estos programas en los pacientes y su entorno es altísima, a lo que añadimos una cuestión clave para cumplir los objetivos: nosotr@s sabemos que en el tema de la prevención nunca se actúa demasiado tarde y tampoco demasiado temprano.

Y es aquí donde entra en juego la educación y la prevención en salud desde la juventud.

El alzhéimer y otras demencias se basan en el deterioro cognitivo debido a una combinación compleja de procesos neurodegenerativos, vasculares y biológicos que destruyen progresivamente las neuronas y sus conexiones en el cerebro (los humanos contamos con alrededor de 86.000 millones de neuronas).

Por ejemplo, en la enfermedad del Alzhéimer se produce una acumulación de dos proteínas (Beta-Amiloide y Tau) que forman, la primera, placas rígidas bloqueando las señales neuronales, y ovillos dentro de las neuronas colapsando el transporte de nutrientes y la muerte neuronal, la segunda.

Y en el cerebro de una persona con alzhéimer se genera el daño neuronal hasta veinte años antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Por todos estos motivos, a diferencia de la selección estándar de las personas que se incluyen en un ensayo clínico, la salud cerebral se tiene que basar en la prevención y en el diagnóstico absolutamente precoz.

Todas nuestras propuestas, junto a los intereses de todos y cada uno de los pacientes, sus cuidadores y sus familiares, en su entorno de vida, en sus barrios y sus casas, deben ser amigables y culturalmente respetuosas: si incluyes un dieta completamente disruptiva (ruptura brusca), por ejemplo, no tendrá un seguimiento masivo, que es nuestro verdadero propósito.

Siempre buscaremos iniciativas que ya formen parte de la vida de las personas, sobre las que aumentaremos o reduciremos su frecuencia en función del beneficio o el perjuicio físico o mental. Son políticas comunitarias y familiares, no experimentos de laboratorio.

Alzhéimer.
Una mujer pasa junto a una frutería en Buenos Aires.

Dra. Lucía Crivelli, los datos generales de la OMS indican que se puede prevenir hasta un 45% el riesgo de demencia actuando sobre el estilo de vida y el entorno, ¿cómo se plantea llegar a las personas que históricamente han tenido pocas o ninguna oportunidad para acceder a las estrategias públicas de la prevención de la demencia?

Los datos de la Organización Mundial de la Salud son acertados a nivel mundial, pero al comprobar las publicaciones científicas que respaldan esos datos podemos observar que las cifras son distintas según las regiones estudiadas (en América Latina un 54 % de casoos obedecen a factores de riesgo modificables).

Por ejemplo, en Argentina los factores de riesgo aumentan hasta al 60 % de los caso; en Perú este número se reduce al 45 % y en otros países, como Chile, son, incluso, más elevados (50,7 % en las mujeres chilenas, con mayores tasas de depresión y aislamiento social, por 40,2 en los hombres).

Las mujeres argentinas tienen más incidencia por el tabaquismo y el sedentarismo, dos factores de riesgo clave en las diferentes demencias. Por eso, insisto, como en el resto de Latinoamérica, podemos prevenir el alzhéimer si apelamos a las estrategias de modificación de conductas y hábitos de vida.

Entonces, en prevención tenemos que hacer las cosas a medida. Debemos articular políticas generales que sabemos que hacen el bien y son beneficiosas para todas las poblaciones, con las características de cada país, con la máxima de llegar a quienes más lo necesitan.

En este sentido, uno de los factores de riesgo más importantes para la demencia en las regiones con bajos ingresos es el deficiente nivel educativo.

De hecho, en una publicación en The Lancet en 2020 se indicaba que el 11 % de los casos de demencia en nuestra región se podrían prevenir si la población pudiera acceder a un mejor nivel educativo desde la infancia. Por consiguiente, la prevención no comienza a partir de los 60 años de edad.

¿Y qué condiciones son necesarias para que los resultados del estudio puedan implementarse a gran escala, manteniéndose por tiempo indefinido?

Para que la extrapolación de los resultados de estos estudios (FINGER, U.S. POINTER y LatAm-FINGERS) puedan implementarse y mantenerse indefinidamente tanto en la forma como en el tiempo tenemos que transformar la experiencia clínica en hábitos, y cambiar estos hábitos siempre es una meta muy desafiante a nivel individual y poblacional.

No solamente necesitamos el empuje vitalista de uno o dos líderes regionales, sino la fuerza de una macroestructura estatal eficaz y eficiente que facilite a las personas un acceso sencillo, práctico y equitativo a estos cinco hábitos (ejercicio físico, control cardiovascular y metabólico, socialización, alimentación saludable y entrenamiento cognitivo).

Los resultados de estas políticas sociosanitarias globales se comprobarán en poco menos de dos años y, sin duda alguna, los tremendos beneficios de invertir en la prevención de la demencia ya no se alcanzan en el largo plazo, como se pensaba hasta ahora, en el que las perspectivas se vinculan a los ciclos electorales.

Congreso Alzhéimer en Buenos Aires.

Dra. Crivelli, y más allá de Argentina, ¿qué aprendizajes son de interés para el resto de países latinoamericanos?

Antes de conocer los resultados y conclusiones de este estudio, nosotros ya sentíamos que habíamos ganado, puesto que habíamos logrado conformar, por primera vez, una red latinoamericana de investigadores de países que nunca habían participado en un ensayo clínico.

Se crearon centros, se habilitaron clínicas, se capacitó a su personal y a sus responsables y aprendieron a manejar datos. Fue un verdadero nicho de investigación y conocimiento. Todas y todos nos beneficiamos porque construimos una red en la que el conjunto es más que la suma de las partes.

Todos los países latinoamericanos, juntos, somos más fuertes que cada uno de nosotros por cuenta propia. Tenemos muchas más cosas que nos unen que aquellas otras que nos separan, a pesar de nuestras muchas diferencias y matices.

Un hábito que puede parecer tan fácil como hacer ejercicio físico cuatro veces por semana es distinto en México, Chile o Argentina, ya que los tipos de ejercicios varían según las costumbres de las personas o los alimentos que están acostumbrados a tomar.

Debemos respetar, consecuentemente, la idiosincrasia cultural de cada pueblo, pero también sus aspectos geográficos o climatológicos. Pongo un ejemplo: no es congruente aconsejar a los bolivianos que se apunten a una dieta basada en el pescado cuando es un país que no disfruta de costa marítima.

La clave está en trabajar y colaborar en la armonización y validación de los procedimientos que sean útiles para toda la población latinoamericana: preservar los componentes esenciales y adaptar su implementación a las características particulares de cada región.

Doctora, a ese respecto, ¿cómo se visualizó este trabajo de equipo en el Congreso «Brain Health and Cognition in Latinoamérica» llevado a cabo en Buenos Aires?

A este congreso internacional de salud cerebral que celebramos los días 16 y 17 de septiembre, con motivo del Día Mundial del Alzhéimer señalado para el día 21, acudieron representantes de toda Latinoamérica, quienes expusieron tanto su experiencia como sus líneas de investigación sobre el deterioro cognitivo y la demencia.

Fue una reunión donde se remarcaron muchísimo las palabras colaboración y articulación, pero más aún la expresión «construir puentes«: es imprescindible llegar hasta los hogares de toda la población con el fin de vincular a la ciencia con la comunidad y que la investigación sea realmente traslacional y representativa.

Alzhéimer.
Dra. Lucía Crivelli, neuropsicóloga e investigadora del Instituto FLENI de Buenos Aires. Detalle de una fotografía cedida por la organización del Congreso «Brain Health and Cognition in Latin America«, encuentro organizado por Alzheimer’s Association en alianza con World Dementia Council.

Doctora, como envejecer no tiene por qué ser patológico, ¿qué síntomas o signos nos alertan de una posible demencia como el alzhéimer?

Es importante tener en cuenta que envejecer siempre implica pérdida de memoria, pérdida de la velocidad en el pensamiento o cambios en el funcionamiento cognitivo, pero no necesariamente implica deficiencia ni patología; por lo tanto, estos son los diez signos o síntomas de un diagnóstico temprano de la enfermedad:

  • Pérdida de memoria que afecta a la vida diaria.
  • Dificultad para planificar o resolver problemas.
  • Dificultad para ejecutar tareas cotidianas.
  • Desorientación en tiempo y lugar.
  • Problemas de lenguaje y comunicación.
  • Problemas de seguimiento y concentración.
  • Colocar objetos fuera de lugar.
  • Disminución o falta de buen juicio.
  • Pérdida de iniciativa y aislamiento social.
  • Cambios de humor, personalidad o comportamiento.

Dra. Lucía Crivelli, neuropsicóloga, para finalizar esta entrevista, ¿qué mensaje envía a la población sobre la prevención del deterioro cognitivo, estrategia que debería ser prácticamente igual en Buenos Aires, París, Nueva York, Pekín o Madrid?

Yo quiero que la gente piense en salud cerebral, sin que le asuste el fantasma de la demencia y mucho menos la palabra prevención. No sólo es posible cambiar los estilos de vida del conjunto de la población en cada región o país, sino que tenemos la capacidad de elegir.

Nunca es demasiado temprano o demasiado tarde para impulsar y llevar a la práctica la prevención de las demencias, especialmente el alzhéimer, con la intervención integral y sistemática de cinco hábitos cotidianos: ejercicio físico, alimentación saludable, control cardiovascular y metabólico, entrenamiento cognitivo y socialización.

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