El nuevo miembro de la Academia Nacional de Medicina ocupará el sillón 13, de Radiología, que permanecía vacante desde el fallecimiento del profesor Vicente Pedraza Muriel, el 25 de febrero de 2014.
Este sillón fue creado en 1861 y ha sido ocupado por pioneros en diversos campos relacionados con la medicina, desde la cirugía a la bioquímica, pero por ningún radiólogo hasta el profesor Martí-Bonmatí quien, sin embargo, destaca que “la radiología siempre ha tenido el reconocimiento que se merece”, señala en una nota la RANM.
En su discurso de ingreso, titulado ‘Biomarcadores de imagen y medicina personalizada. Aportaciones de la radiología al desarrollo de la medicina’, el profesor destacó el nuevo papel que le corresponde al radiólogo en la actividad clínica para “asesorar en la elección de la prueba radiológica más efectiva, dirigir procedimientos terapéuticos guiados por la imagen, evaluar la eficacia de los tratamientos y, sobre todo, participar en las reuniones multidisciplinarias para consultar casos concretos, dar opiniones en comités clínicos o para evaluar productos emergentes en el hospital”.
Gracias al desempeño de estas funciones, “se puede demostrar que la utilización adecuada de la imagen médica y la implantación de la medicina personalizada y sus biomarcadores de imagen son imprescindibles para una medicina de calidad”.
El doctor Martí-Bonmatí recordó que el extraordinario progreso de la radiología está ligado a los avances técnicos, tanto para la obtención de las imágenes como para la interpretación de las mismas.
La imagen digital ha permitido identificar biomarcadores, que ofrecen información precisa, y en cada momento, sobre la situación de cada paciente.
Sin embargo, la aplicación clínica de un biomarcador exige “una coherencia de concepto, reproductibilidad técnica, exactitud metodológica e idoneidad clínica”.
El grupo que dirige en el Hospital La Fe trabaja en la identificación de biomarcadores y ha participado en el desarrollo de algunos relacionados con la esclerosis múltiple (espesor de la corteza cerebral, densidad neuronal o volúmenes de áreas cerebrales, entre otros), alteraciones cardiacas (espesor miocárdico), óseas (rigidez y fragilidad de la trabécula ósea), pulmonares (cuantificación del enfisema y vascularización pulmonar) y hepáticas.
En la era de la medicina personalizada, los biomarcadores de imagen “representan el esfuerzo científico de la radiología para estudiar las propiedades y el comportamiento de las diferentes lesiones y tejidos”-dijo-, de forma que se puedan identificar dianas para atajar la enfermedad.


