La mordedura de serpiente es una enfermedad tropical desatendida que se cobra al año la vida de más de 100.000 personas en el mundo, sobre todo en las poblaciones más desfavorecidas. A pesar de que es un problema de salud global, falta sensibilización por parte de la industria farmacéutica y de la sociedad para conseguir reducir la incidencia.
La Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME) alberga una exposición recién inaugurada dedicada a esta ETD desde distintas perspectivas con el objetivo de poner el foco en este problema, que está ligado a la pobreza y en el que el cambio climático y la modificación de los ecosistemas influyen poque incrementan la frecuencia del contacto entre humanos y estos reptiles.
El comisario de la exposición, el académico de número de Medicina Preventiva y Social de la RANME, Jorge Alvar, explica a EFE Salud que la mordedura de serpiente es una enfermedad olvidada que afecta a los países más pobres, y está vinculada, sobre todo, al mundo rural.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un llamamiento en 2018 a la acción global con el objetivo de reducir para 2030 la mitad de las muertes por mordedura de serpiente y las discapacidades que provoca.
Una enfermedad desatendida ligada al mundo rural
No hay mapas fidedignos de la distribución de las distintas especies de serpientes en el mundo ni la información epidemiológica es del todo concreta. Afecta sobre todo al sudeste asiático, África y Sudamérica.
Se estima que cada año se producen cerca de 2,7 millones de mordeduras de serpiente, que causan cerca de 500.000 amputaciones y entre 100.000 y 140.000 muertes.
«Afecta a las poblaciones rurales, aquellas que no tienen voz política y que están abandonadas en la lejanía, y con gobiernos que tampoco tienen demasiados recursos, que compran antídotos baratos para tener más cantidad pero no son tan efectivos», subraya Alvar, quien fue director del Centro Nacional de Medicina Tropical.

Y es un drama para la persona que ha sufrido la mordedura de serpiente pero también para la familia, porque, normalmente, los afectados suelen ser personas jóvenes, que trabajan en el campo y que suponen la principal fuente de ingresos en sus hogares. Y si sufren la amputación de un miembro, con dificultad pueden seguir trabajando de la misma manera y con los mismos ingresos.
El tiempo juega un papel esencial en la picadura de serpiente ya que hay que tratarla cuanto antes, para evitar que el veneno actúe, pero en este tipo de poblaciones de países pobres el centro sanitario más cercano puede que esté a horas de distancia.
El cambio climático
El cambio climático y la modificación de los ecosistemas influye en la incidencia porque se va «invadiendo» el espacio de estos animales, que estaban en su hábitat antes de que colonizara el humano su lugar.
«Se crea un microhábitat propicio para ambos. El humano para cultivar arroz y la serpiente para vivir con la humedad y donde hay roedores», señala Alvar, quien aclara que la serpiente no tiene al humano en la diana, sino que cuando ataca, lo hace como defensa.
En la inauguración de la exposición en la RANME, la científica en salud púbica veterinaria y enfermedades tropicales desatendidas zoonóticas de la OMS, Bernadette Abela, incidió en este punto.
«El cambio climático está desplazando la distribución de las serpientes, cambiando cuándo y dónde los humanos se encuentran con ellas. Se prevé que muchas especies de serpientes venenosas aumenten en abundancia, así como su contacto con las personas en algunas regiones», señaló en el evento.
De hecho, avanzó que la tendencia general «sugiere que España podría experimentar en el futuro cambios en la presencia y la actividad de las serpientes”.
En España cada año hay alrededor de 150 hospitalizaciones por mordedura de serpiente. En el país hay cinco clases de serpientes venosas: la culebra bastarda, la cogolluda y tres tipos de víboras.
Antivenenos de mala calidad
En el mundo hay muchas especies de serpientes venenosas. Y puede ocurrir que para la mordedura de un mismo tipo de serpiente no valga el mismo antiveneno.
«Por ejemplo, el antiveneno que funciona en el oeste de India no quiere decir que vaya a funcionar también en el este del país. De forma que el mercado de los antivenenos está fragmentado. Lo que sucede es que los de calidad se dejan de producir y entran los de mala calidad, y no son tan eficaces», insiste Alvar.
Así, defiende que estos fármacos deben adaptarse a las variaciones geográficas de los venenos.

Hay fundamentalmente tres tipos de toxinas que pueden poseer los venenos.
Aquellas que actúan a nivel local y producen necrosis del tejido, lo que puede desembocar en la amputación del miembro.
Otras son las que actúan más a nivel sanguíneo y que producen hemorragias. Generan hemólisis -un proceso por el que se destruyen los glóbulos rojos y se libera hemoglobina al plasma sanguíneo-, con lo que la sintomatología es de carácter sistémico.
«Y luego hay venenos que son más de carácter neurotóxico y que afectan al sistema nervioso central y producir parálisis respiratoria», abunda el académico, quien también fue jefe del Programa mundial de Leishmaniasis en la OMS y de la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Desatendidas.
El potencial terapéutico de los derivados del veneno
Al margen del daño que causa el veneno, como consecuencia de sus características, ya que es «un cóctel de péptidos extraordinario», es fuente de investigación por su potencial terapéutico.
«Ha habido derivados del veneno de serpiente, que fueron ni más ni menos que los primeros antihipertensivos que se siguen utilizando. Primero se hacía con derivados directos o extraídos del veneno de la serpiente y ahora se hacen ya con péptidos sintéticos», subraya el académico.
Y hay investigaciones en curso con los derivados del veneno que son hasta mil veces más potentes que la morfina para los dolores crónicos severos.
«Es que el veneno de la serpiente es tan rico desde el punto de vista bioquímico, que es una caja de sorpresas y de líneas de investigación», asevera.
La exposición de la RANME tiene por título «De brebajes y serpientes: entre la triaca magna y una emergencia de salud global» y recoge más de un centenar de piezas únicas como resultado de la colaboración de tres instituciones que abordan un mismo problema desde perspectivas complementarias.
En concreto, la visión de salud pública, representada por la RANME; de la historia, a través del Museo de la Farmacia Hispana de la Universidad Complutense de Madrid; y la herpetología y el estudio de la diversidad de los venenos animales, desde el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) – CSIC.
La exposición está abierta al público hasta el próximo 2 de octubre.



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