Mujer

Menos estrés y más autoestima, eso es lo que ofrece el nudismo, a decir de sus entregados seguidores. Toda una filosofía de vida, donde pierden validez los cánones de belleza impuestos por las modas y que ayuda, y mucho, a la autoaceptación de nuestro propio cuerpo...
En este último capítulo de la serie de relatos "El día a día de Elmo y Ari", publicado con el advenimiento de los Reyes Magos de Oriente, nos centramos en una idea adulterada que subyace en nuestra sociedad y que se articula bajo la frase: "Los adultos lo sabemos todo o, al menos, más que nuestr@s hij@s pequeñ@s". Soberbia dominante que, de golpe y porrazo, se cae por su propio lastre, zafio y vulgar, cuando se arrima un@ de ell@s a tu vera y te dice con una seguridad pasmosa: "Sé algo que nadie más sabe en el mundo"... Y te deja estupefacto y sin saber...
Confieso que les he tenido cierta envidia, tanto a Papá Noel como a los Reyes Magos, cuando mis hijas eran pequeñas y les esperaban, ilusionadas, con los ojos como platos, en cada noche mágica de la Navidad. Ellos, siempre varones por tradición cultural, son los únicos personajes reales que superan el listón de la confianza que l@s niñ@s han depositado en sus padres. Menos mal que al abrir los regalos obtenemos inmediatamente el premio del regocijo interior al verles tan felices; y eso no te lo quita nadie... ¡ni siquiera el Santa Claus ese que toca las campanillas sin parar en todas las televisiones!...
Nuestros hijos e hijas, o l@s niñ@s con l@s que compartimos nuestra vida, ya sea en nuestro entorno familiar y social o en los medios de comunicación, especialmente en internet, el móvil y la televisión, son como las esponjas del mar... absorben y absorben todo lo que ven, escuchan, huelen, tocan y leen; también las mentiras que les contamos a diario, aunque lo hagamos por su honorable bienestar. Ellos y ellas, a medida que crecen nos las devolverán una por una a modo de eco. Son alumn@s tan aventajad@s en trolas, incluso con matrícula de honor en bolas y patrañas, que sin duda, más temprano que tarde, se convertirán en adultos acostumbrados a tener un gran callo cerebral...
Hacerse mayores también consiste en ir perdiendo la inocencia de la niñez, una serie de pasos titubeantes que suelen comenzar con las dudas infantiles sobre la verdadera identidad de los Reyes Magos, de Papá Noel o Santa Claus; personajes mágicos a los que nunca queremos renunciar. Su pérdida definitiva significaría dejar de creer en la esperanza de un mundo mejor, y quizá, por eso, cuando se aproximan sus camellos, o sus renos, cerramos los ojos y desandamos el camino de la cruda realidad hasta reencontrarnos con nosotros mismos abriendo aquellos maravillosos regalos junto al árbol de Navidad...