párkinson obesidad
EFE/Jose Manuel Vidal.

Fármacos contra la obesidad, una vía de investigación para el párkinson

Los fármacos contra la obesidad han supuesto una auténtica revolución por su eficacia. Y no solo se investiga en ese campo, también en otros como en el de encontrar un arma contra la segunda enfermedad neurodegenerativa más prevalente, el párkinson. Uno de los últimos estudios publicados ha arrojado resultados con un efecto "pequeño" pero con conclusiones "interesantes".

Se trata del estudio publicado el pasado 3 de abril en la revista The New England Journal of Medicine, en el que participaron 156 personas con parkinson en fase temprana para probar la eficacia de la lixisenatida, un medicamento análogo del GLP-1, similar al famoso Ozempic, y eficaz contra la diabetes y la obesidad.

De los 156 pacientes que participaron en el ensayo, la mitad recibió a diario lixisenatida y la otra, placebo. A los doce meses, los primeros mostraron una menor progresión de la discapacidad motora causada por el párkinson, que los segundos.

«Se necesitan ensayos más amplios y prolongados para determinar los efectos y la seguridad de la lixisenatida en personas con párkinson», añade la conclusión del estudio.

Ya la lixisenatida había mostrado propiedades neuroprotectoras en un modelo de ratón con la enfermedad de Párkinson, patología con la que viven en España alrededor de 160.000 personas y de la que hoy se conmemora el Día Mundial. En el mundo, alrededor de 10 millones de personas, padecen esta enfermedad neurodegenerativa.

Y no es la primera vez que estos fármacos contra la obesidad y la diabetes responden favorablemente contra el párkinson o el alzheimer, porque se ha demostrado que actúan sobre la inflamación cerebral.

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FOTO EFE

Efecto pequeño pero interesante

Desde la Sociedad España de Neurología (SEN), el coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimientos, Álvaro Sánchez Ferro, afirma a EFEsalud que es una vía que ya se conocía y este último estudio confirma que puede tener «cierto interés» para potencialmente modificar un poco el curso de la enfermedad.

«El efecto que han encontrado no es un efecto grandísimo, es un efecto pequeño, pero sí que confirma un poco que es una vía que puede tener cierto interés en eso, en un tratamiento modificador de la enfermedad, simplificando mucho la explicación», señala el neurólogo de la SEN.

Explica Sánchez Ferro que el estudio publicado el 3 de abril mostró que el grupo al que se le administró el placebo mostró un empeoramiento de unos tres puntos en esos doce meses, y el que se trató con el fármaco no tuvo esa progresión negativa, teniendo en cuenta que la puntuación máxima de la escala que se suele utilizar supera los 200 puntos.

Y en este sentido, el neurólogo añade que cuando el cambio es realmente significativo en un ensayo clínico sobre párkinson tiene que llegar o superar los cinco puntos.

Hay que ver si se prolonga en el tiempo

«Lo que se ha visto es que hay un cambio leve que, como digo, no llega a tener suficiente entidad clínica en el periodo estudiado, con lo que habría que ver si ese efecto de pronuncia en el tiempo o se mantiene», apunta Sánchez Ferro.

Como ejemplo, el experto señala que habría que estudiar a futuro si el efecto va más allá de los 24 meses y el grupo del placebo continúa deteriorándose tres puntos al año, entonces, el efecto del fármaco empezaría a ser más sustancial y si es más pronunciado en el tiempo «podría tener todavía más interés clínico.

«Pero como digo, es un resultado preliminar positivo interesante», incide el neurólogo.

Los fármacos contra la diabetes y la obesidad se empezaron a investigar contra la enfermedad de Parkinson porque ésta es multifactorial y responde a que también pueden influir en mecanismos celulares que están afectados.

«Se había visto ya en estudios epidemiológicos el efecto positivo de fármacos contra la diabetes para el párkinson y se sabe también que las personas con esta enfermedad pueden tener un poco más de riesgo de diabetes», abunda.

Otras vías

Este tipo de fármacos son un vía de investigación para frenar la enfermedad pero hay otras con fármacos que buscan eliminar las proteínas que empiezan a tener una forma anormal y se depositan en el cerebro, lo que supone uno de los marcadores de la enfermedad.

«Aquí hay una vida bastante activa con lo que se llaman las inmunoterapias y varios ensayos clínicos en marcha», asegura Sánchez Ferro, entre otras vías.

Pero a corto plazo, los esfuerzos se centran también en testar dianas individuales de distintos mecanismos y está dando resultado.

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EFE/Toni Garriga

Por eso, a juicio del neurólogo se puede tender a lo que ya se ha hecho en la oncología desde hace muchos años y es la de combinar distintas terapias, distintas estrategias, porque en el párkinson hay muchos mecanismos involucrados.

Tampoco se ha conseguido hasta ahora «el santo grial» de la enfermedad, que es diagnosticarla a tiempo, en fases preclínicas, antes de que se haya producido el daño y poder aplicar las terapias antes del diagnóstico.

No es sencillo de explicar, reconoce el neurólogo, porque cuando se diagnóstica en un paciente la enfermedad, hay entre un 50 y 70 % de neuronas que ya están muertas, aunque, al principio, el cerebro lo compensa bien y por eso es complicado la detección precoz.

Cautela

En cualquier caso, Sánchez Ferro advierte de que hay que tener mucho cuidado porque puede haber enfermos de párkinson que al leer que hay estudios con resultados positivos puedan intentar hacerse con esos fármacos contra la obesidad que para la enfermedad están en fase de ensayo.

«Puede ocasionar que la gente se pueda poner a buscar este tipo de soluciones en la calle, así que yo creo que en eso también hay que ser cautos y que hay que esperar resultados», zanja el experto de la SEN.

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