La vida no es un camino de rosas, pero está repleta de pequeños detalles que nos hacen disfrutar. Centrar la atención en el tráfico matutino, la bronca con el jefe o las diferencias con la pareja es un gasto de energía inútil que no lleva a ninguna parte. La receta para alcanzar la plenitud es invertir tiempo y ganas en aquello que funciona, ser coherente con los propios valores y saber aceptar las emociones negativas...