qué es la tercera edad. viaje por la psicología humana
Imagen de octubre de 2008 de Marta Benítez, entonces 78 años, en el Festival de Masters de Natación en La Habana (Cuba). EFE/Stringer

Viaje por la psicología humana. Episodio 3: La tercera edad o la importancia de mantener el barco «a flote»

“Todo tiene solución, menos la muerte”. El dicho popular tiene miga, y miga de la buena, en plan existencialista, en plan psicológico, porque si algo sabemos a ciencia cierta es que nos vamos a morir. Aparcar esta certeza resulta fácil durante la adolescencia, la juventud, porque nos comemos la vida que da gusto. Pero llega un momento en que empezamos a notar esa certeza muy cerca, demasiado. ¿Y entonces?

Juan José López Marañón es psicólogo especializado en recursos humanos y marketing. Participó junto a sus colegas Mónica Sánchez Reula y Timanfaya Hernández en la conversación que organizó EFE Salud en colaboración con el Colegio Oficial de la Psicología de la Comunidad de Madrid para hablar sobre cómo evoluciona nuestra psicología.

Un viaje que tras la adolescencia y la edad adulta se detiene ahora en la “tercera edad”, un territorio en el que, como asegura López Marañón, “la vida es una tormenta en la que al final el barco se va a hundir, y tú lo sabes”.

¿Lugar inhóspito a pesar de esas frases más o menos motivacionales como ‘Los 60 son los nuevos 30’? Vayamos poco a poco bajo la guía de este profesional, pues no es tan negro el paisaje, ni tan turbulento el mar por el que navegamos. Hay formas de mantener «a flote» el barco de nuestra vida, nuestro barco, y que siga navegando.

La importancia de la homeostasis en la tercera edad

Una palabra antes de empezar la travesía, la “homeostasis”, que la Clínica Universidad de Navarra define en su web como la “capacidad de los seres vivos para mantener una condición interna estable y equilibrada”.

López Marañón destaca al respecto: “En la tercera edad buscas la homeostasis. Si tienes un dolor en no sé dónde y no puedes hacer ‘footing’ como hacías antes, pues buscas otro equilibrio”. Es una manera de seguir viviendo. Seguir viviendo lo mejor posible. 

De izquierda a derecha, Mónica Sánchez Reula, Timanfaya Hernández y Juanjo López Marañón, antes del diálogo con EFE Salud. EFE/Berta Pinillos

O de supervivencia, porque, como dice el experto, “si en la adolescencia te pegas con los mayores, en la edad madura te pegas con tu trabajo y con tu entorno social, en la tercera edad te pegas con la vida, y eso son palabras mayores, te va la vida en ello, literalmente”.

Es cierto que los avances científicos, médicos y clínicos facilitan un envejecimiento saludable, mirar de tú a tú a la longevidad, y se llenan nuestros espacios de eslóganes como “Los 60 son los nuevos 30”. Marañón pide cautela: “Está bien como objetivo y como ejemplo, pero es un desajuste emocional, es irreal, porque si yo vengo ahora mismo vestido como si tuviera 38 y yendo de ‘bro’, pues probablemente te preguntarías: ‘¿Este señor está en su sitio?’”

¿Exclusión laboral? Una «pérdida» social

Ahora bien, ¿cuándo empieza la tercera edad? Marañón se lo pregunta: ¿A los 60?, ¿a los 70?, ¿cuándo te jubilas?, ¿o antes incluso? “¿Empieza cuando en las empresas te dicen que a partir de los 45 que ‘te estás quedando un poquito obsoleto y hay por ahí unos/unas que vienen detrás, que tienen 20 años y que manejan la IAG (Inteligencia Artificial Generativa) fantásticamente’?”.

La cuestión es pertinente porque, en muchas ocasiones, quizá demasiadas, el desembarco en la tercera edad se produce entre la estigmatización laboral, cuando no el abandono. Señala el psicólogo que la sociedad no debería permitirse la exclusión de la experiencia que tienen los trabajadores y trabajadoras más veteranos, o recién jubilados/as, ya que eso supondría la pérdida de un enorme trasvase de conocimiento. 

Timanfaya Hernández y Juanjo López Marañón en el estudio de EFE en el que se grabó la conversación. EFE/Berta Pinillos

“La sociedad no está ahora acostumbrada a decir ‘esta persona (la persona mayor) todavía tiene muchas cosas que hacer y mucho que aprender”. Su explicación: “Damos por hecho que una persona mayor es una persona que te va a hablar de lo que vivió y de lo que aprendió, pero que acabó de aprender a los 50 años. Y no es cierto”.

Medir la llegada a esta edad no puede medirse, además, “en términos de productividad”. No se trata de medir un rendimiento, sino de medir “otras cualidades”. Para empezar, una persona con más años tiene más posibilidades de afrontar adecuadamente una crisis que una persona con menos años, sencillamente porque es más probable que haya vivido una antes… Y la haya superado.

“No tienes que parar el barco”

Más allá de lo laboral, una persona mayor sabe que su barco se hundirá. La biología no se anda con rodeos.

Pero, ante eso, una persona mayor no se queda petrificada, no debe quedarse parada. “Esto se hunde, sí, pero cuanto más tarde y en mejores condiciones ocurra, mejor”, apostilla Marañón.

La resiliencia. La supervivencia. En palabras del psicólogo, es como que esa persona mayor se cerciora de que ha de adaptarse a la “tormenta”. “Vamos a ir viendo cómo resolvemos esto de la mejor forma posible. Una de las cosas que nos regala la naturaleza es que no sabemos cuándo va a llegar el momento” del final, sostiene.

«Hay que seguir aprendiendo, teniendo ilusiones, hobbies; hay que tener relaciones sociales, tener otros retos»

“Y esto te permite seguir luchando, trabajando, tratando de mantenerte a flote lo mejor posible”, añade el psicólogo antes de dar este mensaje. “Si la salud física y la salud mental lo permiten, hay que seguir aprendiendo, teniendo ilusiones, hobbies; hay que tener relaciones sociales, tener otros retos, pensar no solamente en el pasado, sino también en el futuro, aunque sea a corto plazo”

En definitiva: “No tienes que parar el barco; el barco tiene que navegar”.

Un adversario temible

“Te puedes morir de muchas maneras”, afirma Marañón, y tras leer una frase así, uno no puede más que sobrecogerse. “Puedes morirte de muchas maneras: económicamente, cognitivamente…”, indica. 

Y morirte socialmente. Aquí, como dice el psicólogo, aparece un adversario duro: “La soledad no deseada es una forma de empezar a morirse, de morirse socialmente”.

Quizá merezca la pena repetir este textual de Marañón sobre cómo viajar por la llamada “tercera edad”.

“Hay que seguir teniendo ilusiones, hay que tener hobbies, hay que tener relación social, hay que tener retos, hay que pensar no solamente en el pasado, sino en el futuro, aunque sea a corto plazo… Pero no tienes que parar el barco, el barco tiene que navegar”.

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