Convertirse en refugiado supone cargar con una mochila de emociones muy duras provocadas por unos acontecimientos vitales estresantes cuyos efectos sobre la salud mental y física pueden ser muy nocivos. Aunque se trata de una realidad cotidiana en muchas partes del mundo, la crisis de refugiados de Ucrania nos devuelve hoy la imagen de miles de mujeres, niños y ancianos, algunos enfermos o discapacitados, huyendo de su país ante la invasión lanzada por Rusia

Refugiados: cargar con una mochila de emociones muy duras
FOTO EFE/ Biel Aliño

En 2015, la crisis de refugiados de Siria, que sigue muy viva, llevó al Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid a elaborar la guía de intervención Psicológica con inmigrantes y refugiados, en colaboración con la Universidad de Sevilla y la Clínica Universitaria de Psicología de la Universidad Complutense.

EFEsalud recoge la parte de esta guía en la que se describe el impacto psicológico, las reacciones y manifestaciones más frecuentes en niños y adultos, que van desde el miedo a la ira y desde la incomprensión a la negación o el sentimiento de culpa, entre otras muchas.

Cerca de dos millones de refugiados han abandonado Ucrania tras la invasión y los ataques de las tropas rusas.

Refugiados: las reacciones más frecuentes en niños

Reacciones psicológicas derivadas de haber presenciado un acontecimiento traumático: Las situaciones que han tenido que vivir muchos de estos niños son impactantes emocionalmente, y es comprensible que su experiencia se relacione con una elevada inseguridad, acompañada de un temor extremo ante la posibilidad de vivir situaciones similares en el futuro.

Es posible que se sientan menos seguros, aunque estén recibiendo protección, mostrándose más asustadizos.

Se han visto expuestos a una situación de amenaza intensa, con unas consecuencias importantes en su vida actual, lo que facilita la aparición de síntomas como respuesta a la gravedad de lo ocurrido.

Los niños pueden presentar las mismas reacciones que los adultos ante lo traumático, pero manifestarlo de formas diferentes.

En niños de entre 0 a 12 años, que tienen más dificultad para describir lo que sienten, es habitual que, ante una situación de crisis, se sientan indefensos, inseguros, aparezcan conductas regresivas (por ejemplo, enuresis, temores nocturnos ) y quejas somáticas y el miedo al abandono sea más predominante que otros.

Según van creciendo, el grado de comprensión es mayor, por lo que las emociones, como la culpa, ira, o fracaso juegan un papel trascendental.

En la pre-adolescencia y en la adolescencia la sensación de inmortalidad generada al superar el acontecimiento traumático puede provocar la aparición de conductas de riesgo.


Las manifestaciones más características son:
· A nivel emocional/fisiológico:

· Miedo, manifestado a través de llanto intenso.
· Enfado al quedarse solos.
· Embotamiento emocional
· Ira hacia la situación o personas que están a su alrededor.
· Sentimientos de abandono.
· Quejas somáticas (dolores de tripa, mareos, dolores musculares o migrañas).
· Hiperactivación fisiológica.

· A nivel cognitivo:

· Preocupaciones constantes.
· Confusión y desorientación.
· Hipervigilancia.
· Incomprensión de la situación.
· Dificultades de atención y concentración.
· Reexperimentación.
· Recuerdos o imágenes intrusivas.
· Evitación cognitiva.

· A nivel conductual:

· Conductas regresivas (volver a hacerse pis en la cama o a chuparse el dedo).
· Conductas de comprobación (preguntar constantemente si sus padres están bien, como búsqueda de seguridad).
· Evitación de situaciones o personas.
· Cambios en la rutina.
· Problemas de sueño.
· Pesadillas.
· Terrores nocturnos.
· Miedo a la oscuridad.
· Problemas de alimentación.

FOTO EFE/Bartlomiej Wpjtowick


Problemas en la gestión emocional del duelo:
En su proceso de duelo ante las pérdidas vividas, los niños pueden sufrir una serie de manifestaciones normales y frecuentes.

Ante lo abrumador de los acontecimientos, los niños pueden sentirse indefensos, impotentes y desprotegidos.

La gestión de todas estas emociones puede ser complicada dada la intensidad de las mismas y los procesos de adaptación a la situación.

Las reacciones más comunes son las siguientes:
Tristeza: Los niños pueden experimentar una profunda tristeza y tener la sensación de que ese sentimiento les va a durar para siempre.

Es un sentimiento que aparece ante el cambio de su mundo, tanto en pérdidas personales como materiales. Se puede expresar de múltiples formas: llanto, rebeldía o enfado.

Enfado: Se manifiesta mediante gritos, llantos o inquietud al sentir la frustración de padecer una situación que no les gusta.

Miedo: Experimentación de miedo al abandono, miedo a quedarse solo, a seguir sintiendo que vive pérdidas. Una situación como la que están viviendo supone una ruptura en sus pilares de seguridad y confianza que estaba construida su vida.

Culpa: Sentirse responsables de lo que está sucediendo y una necesidad de intentar cambiar lo que está ocurriendo, y no saber cómo afrontarlo. Los niños pueden creer que han causado algún daño para que les esté ocurriendo lo que están viviendo ellos y su familia.

Reacciones psicológicas de incomprensión:
El cambio de ambiente, cultura y circunstancias de vida acaban generando incomprensión en los niños y adolescentes.

Pueden no entender por qué están así, cuáles son las razones que les han llevado a su situación actual. Estas reacciones no sólo son debidas a acontecimientos traumáticos, sino que es un proceso normal por el que pasan la mayoría de los niños y adolescentes y que es paralelo a este.

La seguridad personal, familiar y social de su vida anterior al proceso migratorio se ha visto completamente alterada y, dada su edad, el proceso de comprensión del mismo no ocurre de manera lógica y habitual.

Es normal la aparición de numerosas preguntas al respecto formuladas a todo su entorno, a las cuales
hay que contestar de la manera más clara, evitando ambigüedades y atendiendo a las edades y capacidades de cada persona.

Refugiados: las emociones de los adultos

Reacciones más frecuentes en adultos refugiados

· A nivel cognitivo: Preocupación, pensamientos catastrofistas, rumiación, dificultades de concentración y atención. La situación a la que se enfrentan está marcada por la incertidumbre y la ambigüedad; sabemos que ambas reacciones suelen disparar procesos cognitivos como la preocupación o la rumiación de cara a regular dichos estados emocionales.

Esto, a su vez, genera ciertas dificultades en los procesos ejecutivos básicos como la memoria, la atención o la concentración.

· A nivel emocional/fisiológico: Reacciones de hiperactivación fisiológica como la ansiedad, el miedo o la inseguridad. A nivel físico, problemas tipo cefaleas, dificultades gástricas o tensión muscular.

· A nivel comportamental: Inquietud, conductas agresivas, actitud defensiva, inhibición en la toma de decisiones.

Todas las reacciones propuestas son entendidas como manifestaciones subclínicas en un proceso de adaptación, como es la migración a otro país. Tenderán a desaparecer con el tiempo, o por lo menos, a atenuarse y no deberían generar una limitación importante en el funcionamiento de la persona.

FOTO EFE/ Manuel Lorenzo

Refugiados: el proceso de duelo

La sintomatología más característica en un proceso de duelo normal:

· Síntomas cognitivos: Incredulidad, confusión, dificultades para concentrarse y olvidos, preocupación, sentido de presencia y alucinaciones visuales o auditivas.

· Síntomas conductuales: Dificultades para dormir y despertar temprano, pérdida y/o aumento del apetito, aislamiento social, evitar situaciones que le recuerden al fallecido o visitar esos lugares de forma frecuente, conductas de búsqueda del fallecido, inquietud motora o llorar.

· Síntomas emocionales: Tristeza, enfado, culpa o autorreproche, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, embotamiento emocional.

· Síntomas físicos: Vacío en el estómago, opresión en el pecho, hipersensibilidad al ruido, sensación de despersonalización, falta de aire o debilidad muscular.

Reacciones traumáticas:

A nivel cognitivo:

· Tener imágenes o recuerdos sobre lo ocurrido. Suelen ser recurrentes y de carácter intrusivo. Generan malestar intenso.
· Pesadillas o flashbacks con el contenido de los hechos traumáticos.
· Dificultades de memoria. En ocasiones, las personas pueden tener problemas para recordar partes del evento traumático.
· Dificultades en los procesos básicos. Problemas de concentración o de atención derivados de los problemas cognitivos.
· Ruptura de los supuestos o creencias básicas que teníamos hasta ese momento.
· Pensamientos críticos.
· Rumiaciones frecuentes sobre lo ocurrido.
· Intentos cognitivos de suprimir ciertos pensamientos o recuerdos desagradables.

A nivel emocional y fisiológico:

· Sensación de hipervigilancia constante.
· Irritabilidad.
· Activación constante, exceso de nerviosismo y sobresaltos frecuentes, reacciones de miedo o ansiedad.
· Sensación de fatiga mental y física.
· Cierto embotamiento emocional, traducido en incapacidad para sentir determinadas emociones.

A nivel conductual:

· Evitar situaciones, personas o pensamientos que nos recuerden el evento traumático.
· Recurrir a estrategias desadaptativas como el consumo de alcohol o fármacos.
· Tendencia al aislamiento social.

Concluye a este respecto la guía del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid que todas estas reacciones de los refugiados son NORMALES y tienden a desaparecer de forma progresiva. Son conceptualizadas como reacciones adaptativas tras un evento traumático, que lejos de dificultar el procesamiento del trauma, parece que pueden contribuir a una mejor metabolización.

Todas estas reacciones se convierten en problemáticas cuando comienzan a generar una interferencia en diferentes áreas del individuo (social, laboral, familiar, personal).