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EFE/Dan Himbrechts

Balance de salud mental en España en 2024 y retos para 2025

La psicóloga sanitaria Mercedes Bermejo, experta en infancia, adolescencia y familia, en un artículo para EFEsalud, hace balance de la salud mental en 2024 y realiza un pronóstico con los retos para 2025.

La psicóloga evalúa la salud mental en España en 2024 y analiza las perspectivas y desafíos para 2025 en este artículo donde reflexiona sobre el año que concluye y se plantea que nos depara el futuro.

Mercedes Bermejo es vocal de la Junta de Gobierno del Colegio de la Psicología de Madrid y vocal de la División de Psicoterapia del Consejo General de la Psicología. También es Fundadora y directora de la Escuela de Formación ESEUPE (Escuela Superior Europea de Psicología y Educación), entre otras responsabilidades académicas y divulgativas en el ámbito de la psicología.

Ha completado sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid con formación en universidades y centros académicos de Estados Unidos, Francia y Argentina. Interviene y colabora desde hace años en programas de radio, televisión y prensa.

Balance de la salud mental en 2024 y retos para 2025

Mercedes Bermejo

La salud mental ha sido, durante 2024, uno de los temas más debatidos en el ámbito de la salud pública en España. La pandemia, aunque ya superada, ha dejado un impacto emocional persistente en muchas personas, y la creciente inestabilidad económica y social ha agravado los problemas preexistentes. ¿Hemos mejorado en este ámbito y va a seguir siendo un problema la salud mental en 2025?

¿Estamos mejor o peor que al inicio del año?

El balance de 2024 presenta luces y sombras. Por un lado, hemos visto un aumento significativo en la concienciación sobre la importancia de la salud mental, con más personas buscando ayuda psicológica.

Según datos recientes del Ministerio de Sanidad, las consultas de salud mental en la atención primaria aumentaron un 15 % respecto al año anterior, y se estima que el 27 % de los españoles han buscado algún tipo de apoyo psicológico este año, pero también somos uno de los países del mundo que más ansiolíticos y antidepresivos consume, optando por el consumo de fármacos de manera cada vez más normalizada.

Por ello, los recursos humanos siguen siendo insuficientes. La proporción de psicólogos clínicos por habitante en España es de las más bajas de Europa, con solo 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, frente a una media europea de 18. Esto genera largas listas de espera y dificulta el acceso a tratamientos oportunos, especialmente en familias con bajos recursos, o zonas rurales, lo que genera una mayor desigualdad social.

¿Estamos avanzando o bloqueados?

Aunque hemos dado pasos importantes, como la implementación del Plan de Acción de Salud Mental 2022-2024, los avances han sido lentos. Este plan contempla aumentar los recursos y mejorar la detección precoz, pero su aplicación ha sido desigual entre comunidades autónomas.

Uno de los principales bloqueos sigue siendo el estigma asociado a los trastornos mentales. Aunque la percepción social está mejorando, todavía existe un alto porcentaje de personas que no buscan ayuda psicológica por miedo al juicio social o la discriminación laboral.

Un factor que también ha emergido con fuerza es el impacto de los ritmos de vida acelerados de la sociedad moderna, que dificultan la conciliación familiar.

La sobreexposición a la tecnología en la infancia y adolescencia, así como en adultos, está generando trastornos emocionales, dificultades en el desarrollo social y una creciente dependencia digital.

Por otro lado, la imposibilidad de equilibrar la vida laboral y personal está llevando a muchas parejas a decidir tener menos hijos o a posponer la formación de una familia, lo que tiene un impacto emocional profundo en el bienestar colectivo.

Este círculo vicioso de demandas laborales, aislamiento tecnológico y baja natalidad se está convirtiendo en un problema estructural.

La falta de foco, o interés, en la etapa infantil y adolescente, deriva en mayores problemas de salud mental en etapas posteriores. Diversos estudios señalan que una proporción significativa de los problemas de salud mental en la etapa adulta tiene su origen en la infancia y adolescencia.

salud mental 2024
La psicóloga Mercedes Bermejo/Foto cedida

¿Qué actuaciones hay que emprender?

Para avanzar en el abordaje de la salud mental, es imprescindible:

  • Incrementar el presupuesto destinado a salud mental: Esto permitiría contratar más profesionales, reducir las listas de espera y ampliar los servicios de atención psicológica.
  • Fomentar la educación emocional desde edades tempranas: Introducir programas en centros educativos para el manejo de la inteligencia emocional, con el objetivo de promover el manejo de sus emociones. Es fundamental la importancia de la detección temprana y la intervención adecuada en las etapas iniciales de la vida para prevenir la consolidación de trastornos mentales en la adultez.
  • Incremento de plazas de psicólogos/as en nuestro Sistema Nacional de Salud: Garantizando que todas las personas tengan el mismo acceso a tratamientos, poniendo en foco en los colectivos más vulnerables.
  • Campañas contra el estigma: Incrementar las iniciativas de sensibilización pública para normalizar el cuidado y normalización de la salud mental.

Pronóstico para 2025

El año 2025 presenta un horizonte de oportunidades y retos significativos en el ámbito de la salud mental.

Si bien la concienciación social sobre la importancia de la salud mental ha crecido, será crucial consolidar los avances realizados en los últimos años mediante la implementación efectiva de estrategias integrales y sostenibles.

Uno de los mayores desafíos será abordar las necesidades no cubiertas derivadas del impacto persistente de los ritmos de vida acelerados, la sobreexposición tecnológica en niños, niñas y adolescentes, así como la dificultad de conciliación familiar, factores que afectan tanto a la salud mental de los adultos como al desarrollo emocional de niños/as y adolescentes.

La creciente dependencia digital y el aislamiento social asociado están configurando perfiles de pacientes más complejos, especialmente entre los jóvenes; convienen políticas que regulen el acceso a la tecnología, además de una educación digital.

El renovado Plan Nacional de Salud Mental para 2025 deberá priorizar la inversión en recursos humanos y técnicos, incrementando la ratio de psicólogos/as disponibles en el sistema público.

Asimismo, será necesario promover la educación emocional y la detección temprana de problemas en la infancia y adolescencia, a través de programas en centros educativos, y campañas de sensibilización pública que puedan marcar una diferencia clave en la prevención de trastornos futuros.

El pronóstico dependerá también de la capacidad de integrar la salud mental en el resto de políticas públicas, como la educación, el empleo y la protección social.

Solo un enfoque multisectorial podrá abordar de forma efectiva las complejas interrelaciones entre salud mental, tecnología, conciliación y desigualdad social.

En resumen, 2025 puede ser un año de transformación en el abordaje de la salud mental, siempre que se prioricen los recursos necesarios y se mantenga el compromiso social y político para garantizar un acceso equitativo y oportuno a la atención psicológica. Con medidas adecuadas, podemos avanzar hacia una sociedad más saludable y resiliente emocionalmente.

El futuro empieza en la infancia: hacia una sociedad saludable y resiliente.

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