Se conoce que la falta de sueño aumenta algunos factores de riesgo cardiovascular como los niveles de glucosa, la presión arterial, la inflamación y la obesidad, los cuales pueden causar problemas cardíacos.
De hecho, estudios previos han demostrado que las personas que duermen menos de seis horas al día, o que tienen mala calidad del sueño, tienen un riesgo aumentado de aterosclerosis (acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias dentro de las arterias y sus paredes)
Este es uno de los temas que se trató en el Congreso SEC24 de la Salud Cardiovascular, organizado por la Sociedad Española de Cardiología (SEC), recientemente en Bilbao.
El objetivo del estudio, llevado a cabo en el Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés (Madrid), fue conocer con cuánta frecuencia hay alteración del sueño en los pacientes hospitalizados por problemas cardíacos y qué factores ayudan a identificarlos para poder así tratarlos.
Tal y como explica el doctor Raúl Gascueña, primer firmante del trabajo, de entre todos los distintos aspectos de la calidad del sueño analizados, el más afectado es la eficiencia del sueño.
“Decimos que la eficiencia del sueño es baja cuando pasamos mucho tiempo en la cama sin poder dormir”, apunta el experto.
Factores de alerta del estudio
El especialista en cardiología detalla que no se han encontrado diferencias por edad, sexo, nivel educativo y estado civil.
Sin embargo, si han visto que los pacientes con peor calidad de sueño se sienten peor física y mentalmente, presentan más ansiedad y depresión, toman con más frecuencia tratamiento antidepresivo y más cantidad de fármacos distintos, y tienen un menor nivel de ingresos económicos con un hogar menos equipado.
“Parte de estos factores pueden influir unos en otros. Cuando estudiamos cuáles son más importantes a la hora de determinar la mala calidad del sueño, vemos que la ansiedad y el tratamiento antidepresivo son los parámetros implicados, una vez ajustados por el resto de posibles factores estudiados”, añade el doctor Gascueña.
Además, el nivel socioeconómico bajo es un factor de riesgo cardiovascular y se relaciona con mayor ansiedad y depresión.
“Un nivel bajo de ingresos produce mayor ansiedad y preocupación, y en nuestros pacientes aumenta en un 60 % el riesgo de tener una mala calidad del sueño. Además, un hogar incómodo dificulta el descanso nocturno y es cinco veces más frecuente en aquellos pacientes con mala calidad del sueño”, detalla el especialista en cardiología.
Por otro lado, los pacientes con enfermedad cardiovascular toman gran cantidad de fármacos.
En este sentido, el estudio ha encontrado que existe una correlación entre la calidad del sueño y el número de fármacos: a peor calidad del sueño, mayor número de fármacos diarios toma el paciente.
De media, 11 fármacos en los pacientes con mala calidad del sueño respecto a 8 en el resto.
Por último, el análisis también observa una relación entre la calidad del sueño y los días de ingreso.
A peor calidad del sueño, mayor es la duración del ingreso: 3 días más de media que en los pacientes con una calidad del sueño normal.
“La identificación de todos estos factores resulta de gran utilidad ya que permite iniciar un tratamiento multifactorial, no solo indicando fármacos que ayuden a dormir, sino también implicando a psicólogos que enseñen técnicas de relajación y a asistentes sociales para intentar mejorar la falta de equipamiento en el hogar en algunos pacientes mayores o con problemas de movilidad», explica el cardiólogo.

Embarazo y postparto
En este foro, la SEC presentó nuevos datos del estudio cuantitativo ‘Enfermedades cardiovasculares en la mujer’, que analiza el grado de conocimiento de la población sobre estas patologías en las mujeres.
El estudio revela que el 40 % de españoles no saben que el embarazo y posparto pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
La doctora Carolina Ortiz, coordinadora del proyecto ‘Mujer y Corazón’ de la SEC, recuerda que hay que prestar atención a algunas condiciones que pueden darse en el embarazo, como la hipertensión gestacional (preeclampsia) y la diabetes gestacional.
“Sabemos que la hipertensión gestacional multiplica por cuatro el riesgo de insuficiencia cardiaca y que las mujeres con diabetes gestacional presentan el doble de riesgo de eventos cardiovasculares futuros”.
Más conocidos son los riesgos que conlleva la menopausia: el 63,4 % de los encuestados sabe que en esta etapa de la vida de la mujer aumenta el riesgo de padecer enfermedades del corazón.
La encuesta también analiza el grado de conocimiento de los españoles sobre la investigación y los tratamientos.
Resulta destacable que el 74,9 % de la población crea que la investigación se realiza por igual en hombres y mujeres, cuando en realidad existe una clara infrarrepresentación de ellas en los ensayos clínicos, con cifras que no alcanzan el 30 %.
Lo mismo ocurre en el caso de los tratamientos: el 83, 2% de los encuestados cree que se trata por igual a hombres y mujeres; sin embargo, la evidencia demuestra que no es así.
Se sabe, por ejemplo, que el 74 % de los varones recibe tratamiento para el colesterol, frente a solo el 54 % de las mujeres.
La adherencia al tratamiento
Otro de los estudios abordados concluye que 3 de cada 10 pacientes no toman la medicación prescrita al año de haber sufrido un infarto de miocardio.
Ante estos datos, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) subraya que no cumplir con el tratamiento tras un evento de este tipo puede incrementar el riesgo de complicaciones cardiovasculares y de muerte, así como de reingresos hospitalarios.
Cuando un paciente sufre un infarto agudo de miocardio, se le prescriben diferentes tipos de fármacos con el objetivo de evitar que ocurra un nuevo evento cardiovascular.
Por ejemplo, fármacos para reducir el colesterol total y el conocido como colesterol “malo” (LDL), para evitar la formación de nuevos trombos en las arterias del corazón o para el control de la presión arterial y/o la frecuencia cardiaca.
Guillermo Moreno Muñoz, primer firmante de este estudio, explica que de acuerdo a los datos, los pacientes son más adherentes a las estatinas (fármacos para bajar el colesterol) que a aquellos que impiden la formación de nuevos trombos, como el ácido acetilsalicílico.
Las diferencias en la adherencia a los distintos fármacos pueden ser debidas a la aparición de diferentes efectos adversos, que pueden ser más o menos molestos para los pacientes, como la aparición de dolor muscular en el caso de las estatinas, o la aparición de sangrados superficiales, como hematomas o sangrados de encías, en el caso del ácido acetilsalicílico.

Diferencias por sexo
Por sexos, el estudio ha encontrado que la adherencia a fármacos en las mujeres con infarto agudo de miocardio oscila entre el 63,8 % y el 83,1 %, mientras que en hombres se encuentra entre un 50,3 % y un 79,2%.
No obstante, el primer firmante del trabajo indica que la muestra estaba primordialmente constituida por hombres, por lo que estas diferencias no son estadísticamente significativas por una falta de representación de las mujeres.
Impacto en el pronóstico
De hecho, algunos estudios han observado un incremento de entre el 12 % y el 25 % de mortalidad por el incumplimiento terapéutico de las estatinas, o un incremento del 56 % del riesgo de mortalidad por el incumplimiento de un tipo concreto de fármacos antihipertensivos, los IECAs/Ara-II.
Los autores del trabajo recuerdan que “sin adherencia no hay eficacia terapéutica” y apuestan por la “educación de calidad” para el paciente que permita mejorar el cumplimiento del tratamiento.



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