Verrugas víricas.

Verrugas víricas, de vulgares a condilomas malignos

«Diferentes subtipos del virus del papiloma humano (VPH) son los causantes de las verrugas víricas, una de las infecciones cutáneas más frecuentes que observamos y diagnosticamos a diario en nuestras consultas, ya sea en niñas y niños, adolescentes y adultos», destaca la Dra. Elena Lozano Martínez, médica del Servicio de Dermatología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Un papiloma es un tumor benigno caracterizado por el aumento de volumen en las papilas de la piel o de las mucosas, con endurecimiento de la epidermis: existen alrededor de 100 serotipos del papilomavirus, pero son doce los que más preocupan: 16, 18, 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58 y 59… especialmente las variantes 16 y 18, de alto riesgo oncogénico.

El aspecto más o menos engrosado de los papilomas hace que estas lesiones se muestren sobreelevadas y sean rasposas al tacto (verrugosas). De pocos milímetros de diámetro hasta un centímetro, no suelen provocar dolor (salvo en la planta de los pies), pero pueden multiplicarse en la misma persona por autocontagio.

«El contagio vírico entre la población ocurre por contacto directo o indirecto. Aunque muchas lesiones se resuelven espontáneamente, otras persisten durante años y tienden a la recurrencia», apunta la dermatóloga médico-quirúrgica, a las puertas de su cuarto año de MIR.

La saliva, los besos, las gotículas originadas por un estornudo o cualquier contacto físico, más o menos íntimo, serán las principales vías de entrada del microorganismo infectivo. En algún caso, los bebés podrán resultar contagiados por su propia madre a través del canal del parto.

Manifestaciones clínicas de las verrugas virales

«Las verrugas vulgares o pápulas, del color de la piel, suelen aparecer en manos, dedos codos, rodillas y a nivel plantar en los pies, donde crecen hacia la dermis. Las verrugas planas, más habituales en niños y niñas y adolescentes, se observan como pequeños bultitos aplanados, sobre todo en la cara y las extremidades», describe la venereóloga.

También, el virus se puede hacer fuerte alrededor o debajo de las uñas, verrugas periungueales, y en la cara con verrugas filiformes, alargadas y estrechas, sobre todo en los párpados y los labios.

Las verrugas en las zonas genitales se denominan condilomas. Aparecen en la región púbica, los genitales masculinos y femeninos (pene y vulva) y la zona perianal.

El virus del papiloma humano representa un mayor riesgo en pacientes inmunodeprimidos: sus defensas bajas favorecen el desarrollo de verrugas recurrentes y más severas, detonante, en ocasiones, de tumores malignos, de forma especial en en el cuello del útero, en el área anal o en la zona orofaríngea.

Los virus introducen su material genético (ADN de doble cadena circular) dentro de las células humanas para utilizarlo como palanca de multiplicación: puede generar una mutación en los genes de la célula normal, convirtiéndose en una célula tumoral.

«El impacto en la calidad de vida es muy amplio y abarca desde molestias físicas, como el dolor plantar al pisar, a repercusiones estéticas, vergüenza y limitaciones sociales, incluso cuando el paciente afectado o tratado no tenga lesiones activas», indica.

En niños y niñas y adolescentes puede afectar significativamente a su autoestima, mientras que las verrugas genitales en adultos llevan aparejadas el riesgo de transmisión sexual durante sus relaciones íntimas.

Aunque el diagnóstico suele acontecer en las consultas de Medicina de Familia y las farmacias, además, facilitan productos antiverrugas comercializados, es del todo aconsejable visitar al especialista.

En los casos dudosos o atípicos se recurre a la dermatoscopia, la biopsia cutánea y las pruebas de tipificación viral.

«La elección de tratamiento dependerá del número de lesiones, su localización, la edad y la tolerancia terapéutica del paciente», dice la Dra. Elena Lozano.

«En la actualidad, el tratamiento de primera línea más utilizado y respaldado para verrugas virales continúa siendo la terapia destructiva local, especialmente mediante el frío utilizando crioterapia con nitrógeno líquido o con agentes queratolíticos, sustancias tópicas que eliminan la hiperqueratosis de la piel, como el ácido salicílico», expone.

En verrugas múltiples o resistentes también se emplean técnicas quirúrgicas, como la electrocoagulación (raspado y cauterización) o la extirpación.

Adicionalmente, se utilizan láseres: de CO2, que vaporiza el tejido afectado mediante calor controlado; de colorante pulsado (LCP), con el que se coagulan los vasos sanguíneos que llegan a las verrugas; y de neodimio, con igual objetivo.

En personas inmunocomprometidas, puede resultar determinante la inmunoterapia, que estimula la respuesta antiviral que permite al organismo reconocer y eliminar el papiloma virus desde el interior del cuerpo humano.

Por último, las vacunas desarrolladas frente a nueve genotipos del VPH (6, 11, 16, 18, 31, 33, 45, 52 y 58), ideales antes del inicio de la vida sexual, son capaces de prevenir la aparición del 90 % de las verrugas, particularmente en la zona genital.

Siempre habrá que tener muy presente que el cáncer de cérvix o de cuello de útero, causado fundamentalmente por el VPH, es una amenaza real y constante para la mujer, incluso durante décadas (periodo de incubación 15-25 años).

En este sentido, cabe destacar que las infecciones de transmisión sexual (ITS) no sólo se evitan con preservativos y revisiones periódicas en urología y ginecología, sino hablando sin reservas del pasado y del presente con tu pareja.

«Y la especialidad de la Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología siempre es fundamental en el diagnóstico y tratamiento de las verrugas virales», concluye la Dra. Elena Lozano Martínez.

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