Autor: Gregorio Del Rosario

El Hospital San Rafael de Madrid inauguró a finales de 2013 la nueva decoración de su cuarta planta de hospitalización pediátrica. Surgió entonces la idea de instalar pizarras en cada una de las puertas de las habitaciones, donde cada niño o niña pudiera customizar su entorno y dar rienda suelta a su imaginación y creatividad con el fin de enviar mensajes positivos a todos los profesionales, familiares, amigos y otros pacientes que compartieran in situ su experiencia hospitalaria...
Los adultos ejercemos de padres y los niños de hijos, pero a veces intercambiamos esos papeles y son ellos los que nos recuerdan la insensatez de algunos de nuestros hábitos más rutinarios; por ejemplo, cuando enjuician con voz franca y directa nuestras adicciones mortales al tabaco y al alcohol o nuestro gusto insaciable por alimentos insanos, un combinado enfermizo de azúcar y grasas saturadas. Esos momentos de incoherencia absoluta se pueden convertir, si reaccionamos con diálogo y autocrítica, en la clave del respeto y de la convivencia en el seno de la familia. El otro camino lleva a su muerte segura...
La muerte nos acecha todo el tiempo. Puede estar aplastando el acelerador de nuestro coche, apremiando el segundero de una mochila en un aeropuerto o viniendo hacia nosotros encaramada a la cresta de una ola, pero su halo oscuro y difuso se hace especialmente negro y puro cuando nuestro cuerpo, ya ajado, y nuestra alma, impotente y temerosa, llega al final de sus días. Quizá, por eso, parezca que los niños no tengan miedo a la muerte o que nunca piensen en su afilada guadaña. No es así. Saben que está ahí, mirándoles fijamente, esperando su oportunidad. Ellos, como los gatos, prefieren pasar de puntillas ante el sufrimiento y disfrutar sin preocupaciones de sus siete maravillosas vidas...