El doctor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Navarra, Harvard University, y autor de diversos libros divulgativos de salud y sanidad, analiza en EFEsalud, con precisión y conocimientos, la situación en la que nos encontramos en plena sexta ola de la covid

Compensación de riesgos: el talón de Aquiles, por el doctor Miguel Ángel Martínez-González
El doctor Miguel Ángel Martínez-González/Foto cedida por la Universidad de Navarra

Compensación de riesgos: el talón de Aquiles, por el doctor Miguel Ángel Martínez-González

Compensación de riesgos: el talón de Aquiles

Dr. Miguel Ángel Martínez-González

Una de las grandes paradojas de la salud pública es el conocido fenómeno de la compensación de riesgos.

¿En qué consiste? Sucede cuando se le aplica a alguien una medida preventiva efectiva, sobre todo si se trata de recursos farmacológicos o tecnológicos. Esa persona se sentirá artificialmente más protegida de lo que realmente está. Pensará que tiene ya puesto su chaleco antibalas. Se confiará. Su percepción del riesgo se reducirá, se creerá injustificadamente más protegida de la cuenta y esto le llevará fatalmente a descuidar sus conductas al grito de “ancha es Castilla”.

La compensación de riesgos es bien conocida. Una especie de espejismo o engañabobos. Es lo que explicaba que, al empezar a usarse protectores y cascos en el fútbol americano, no solo no se redujeran las fracturas, sino que aumentasen, porque los jugadores usaron esas protecciones y cascos para hacer jugadas más arriesgadas para su físico, incluyendo usar el casco para embestir con mayor agresividad a sus contrincantes.

De igual modo, cuando se supo que los cinturones de seguridad prevenían lesiones en carretera y se extendió su uso, los traumatismos y muertes aumentaron, porque la gente se confiaba al pensar que el cinturón les otorgaba protección total. Corrían más al volante y se estrellaban más coches.

Podríamos seguir con ciertas medidas de prevención de enfermedades, como, por ejemplo, las de transmisión sexual, o los fármacos reductores del colesterol, que pueden hacer a muchos ser más indulgentes con la propia glotonería y acabar siendo peor el remedio que la enfermedad.

Por eso, cualquier aproximación preventiva que pretenda ser sólida debe olvidarse de creer que una sola solución arreglará todo. No hay píldoras mágicas. Prácticamente nada es efectivo al 100 % para la prevención.

Por eso la buena salud pública siempre debe actuar a múltiples niveles. Solo funciona bien lo que es multifactorial. Lo vengo repitiendo hasta la saciedad: Taiwán tomó 124 medidas en enero de 2020 y consiguió dominar la pandemia sin apenas muertes, con crecimiento económico y sin contar con vacunas, solo con medidas no farmacológicas. Pero se tomaron en serio estas medidas no farmacológicas, que fueron muchas. Por ejemplo, ponerse a fabricar diez millones de mascarillas diarias.

El error ha sido fiarlo todo a la vacunación

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Una enfermera se dispone a inyectar una vacuna contra la covid-19/EFE/Enric Fontcuberta

El error que se ha cometido en España y que ha propiciado esta sexta ola de COVID-19 ha sido fiarlo todo, o casi todo, solo a la vacunación.

A ese error se ha unido la aparición de la variante Ómicron, que es la que más ha mutado y la genéticamente más distante de la cepa original de Wuhan. Han cambiado muchos de sus genes. Se ha extendido por el planeta en crecimiento exponencial y desplazará muy pronto a la Delta, hasta ahora dominante.

Hay que dejarlo muy claro: las vacunas se hicieron para la variante de Wuhan, no para Delta ni para Ómicron. Las vacunas solo cubren parcialmente a esta última variante, que será la que invada pronto el planeta. Las buenas noticias son que vacunarse reduce la gravedad y que, además, parece que esta variante está produciendo casos más leves. Pero todavía esto es incierto.

Más allá de contar infecciones (que dependerán de cuántos y cómo de seleccionados sean los test) lo que hay que contabilizar son los fallecimientos, como ya explicábamos en nuestro libro sobre la pandemia “La Sanidad en llamas” (Planeta, 2021).

Las mayores tasas de muertes en España en 2021 ocurrieron a mitad de febrero, ya que, a partir de las Navidades, hubo un enero “negro” de contagios, ingresos hospitalarios y en Cuidados intensivos debidos a los mil descuidos en los que se incurrió en las fiestas pasadas.

No tropecemos ahora en la misma piedra. El año pasado en diciembre y en enero del 2021 había ya vacuna, pero en España, inicialmente, la vacunación fue muy lenta hasta mitad de marzo de 2021.

Durante gran parte de enero, febrero y marzo del 2021 las muertes diarias se contaban por cientos. Esto ha cambiado, pero nada tan demoledor como confiarse ahora. Estamos mejor en cuanto a mortalidad, pero contabilizamos como el doble de contagios diarios ahora que hace un año y se van a disparar si no se toman medidas serias.

La vacuna pierde eficacia a partir de los cuatro meses de haberla recibido. La vacuna no está bien adaptada al nuevo virus. La compensación de riesgos está siendo real y es el engañabobos de todo aquel que se confía.

Conclusiones

mascarillas distancia física nueva normalidad
Una mujer camina ante un grafiti en Barcelona protegida por una mascarilla por la epidemia de coronavirus. EFE/Enric Fontcuberta
  • Use siempre, absolutamente siempre, mascarilla bien ajustada, a ser posible FFP2, tanto en interiores, como en exteriores concurridos. No se toque la mascarilla, póngasela, ajústesela y quítesela tocando solo los cordones o elásticos laterales, nunca la tela central.
  • Ventile, ventile y ventile, por mucho frío que haga.
  • Hágase una PCR a la primera sospecha. No espere a que le llamen. No se crea que ninguna vacuna le va a proteger al 100 %.
  • No tenga reuniones en las que se coma o beba. No convoque estas reuniones. La familia puede reunirse por zoom. Si las ha organizado, suspéndalas ya, diga lo que diga el gobierno.
  • Cancele los viajes que no sean estrictamente imprescindibles. Aíslese 10 días estrictamente si ha sido contacto de alguien con PCR positiva y no salga hasta tener una PCR negativa.

¡Ah! Y, por favor, piénselo de nuevo, vaya a vacunarse si le ha llegado la invitación y no ha ido todavía. Aplique esto también a sus hijos, por favor.

Estamos muy cansados ya de todo esto. Todos. Muy cansados. Pero es el sprint final. Paciencia. Solo son unos meses más. Sea cual sea la eficacia de la vacuna, si hacemos bien todas las medidas no farmacológicas, mi esperanza, –ojalá no me equivoque– es que cuando pase la próxima primavera habrá acabado esta pesadilla. Pero ahora, ¡ojo a la compensación de riesgos!