La dieta de las princesas es una moda que se hizo viral en TikTok y que consiste en que “cada día eres una princesa Disney”, por lo que sólo puedes seguir la dieta que marcan. Por ejemplo, con Ariel, sólo se puede beber agua. Con Blancanieves, sólo puedes comer manzanas rojas, y con Jasmín sólo puedes comer frutas, verduras y granos, pero siempre y cuando no pases de las 600 calorías.
Esta moda por la que solo se puede comer al día, como máximo 600 calorías, promete perder diez kilos en dos semanas. Pilar Hernández, dietista-nutricionista del Hospital Quirónsalud Torrevieja, manifiesta que cuando escucha hablar de dietas de 600 calorías al día, se preocupa especialmente por quién está recibiendo ese mensaje y recuerda, además, que en edades de crecimiento, este tipo de restricción calórica puede tener consecuencias muy serias, “ya que el cuerpo de un niño o un adolescente necesita energía no sólo para moverse, sino también para crecer, desarrollarse y madurar a nivel hormonal”.

Es más: sostiene que con dietas tan extremas se puede observar una pérdida de masa muscular, así como déficits de vitaminas y de minerales, alteraciones hormonales y, en casos mantenidos, incluso retraso del crecimiento. “No es una cuestión estética; es una cuestión de salud y desarrollo”, afirma esta experta del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Quirónsalud Torrevieja.
Asimismo, advierte de que, desde la fisiología, el cuerpo es muy claro: si no recibe energía suficiente, se protege. “Reduce el gasto, baja el rendimiento, y prioriza funciones básicas. Esto se traduce en cansancio, en dificultad para concentrarse, en bajo rendimiento académico o deportivo, así como en irritabilidad y, paradójicamente, en un metabolismo más lento. Muchas personas creen que comer menos es la solución, pero a largo plazo el cuerpo responde justo al revés”, asevera Pilar Hernández.
El lado psicológico del mensaje
Asimismo, esta dietista-nutricionista mantiene que, desde su experiencia clínica, el plano psicológico en este tipo de escenarios representa “uno de los mayores riesgos”. Tal y como argumenta, estas modas no sólo restringen comida, sino que también normalizan la restricción y la presentan como algo atractivo, divertido o aspiracional.
“Esto puede favorecer la aparición de trastornos de la conducta alimentaria, generar culpa al comer, obsesión por las calorías y una relación muy dañina con el propio cuerpo. En adolescentes, que están construyendo su identidad, estos mensajes pueden calar profundamente”, remarca esta especialista.
Además, como profesional y como persona que trabaja cada día con familias, cree que la clave está en acompañar y en educar, “no en prohibir sin explicar”. Aquí aconseja como clave el hablar con los hijos sobre lo que ven en redes, enseñar pensamiento crítico, no comentar cuerpos ni pesos en casa, así como fomentar hábitos saludables desde el ejemplo. “Y si algo nos preocupa pedir ayuda profesional a tiempo, ya que esto puede marcar una enorme diferencia”, subraya Hernández.
Consejos para un estilo de vida saludable
En este contexto, esta dietista-nutricionista recuerda que una buena alimentación no se basa en prohibir, sino en entender qué es lo que necesita nuestro cuerpo: “Hablamos de comer suficiente, de incluir todos los grupos de alimentos, de respetar las señales de hambre y de saciedad, y de huir de dietas milagro. La Ciencia nos dice que la salud se construye con constancia, no con extremos. Y también con disfrute, algo que muchas veces se olvida”.
En cuanto al ejercicio físico sostiene Pilar Hernández que, desde la evidencia científica, y algo que siempre explica en consulta, es que en niños y en adolescentes la recomendación es clara: al menos 60 minutos diarios de actividad física.

“No hablamos necesariamente de deporte competitivo o de gimnasio, sino de moverse: jugar, correr, ir en bici, bailar, o practicar algún deporte que les motive. Además, al menos tres días a la semana deberían incluirse actividades que fortalezcan músculos y huesos, como saltar, correr o juegos activos”, insiste la experta en Nutrición del Hospital Quirónsalud Torrevieja.
Algo que considera igualmente clave es que el ejercicio, especialmente en edades tempranas, nunca debe asociarse a perder peso, ni tampoco a quemar calorías, sino a salud, a disfrute, y a desarrollo. “Cuando se une restricción alimentaria con ejercicio, como ocurre en modas de este tipo, el riesgo para la salud física y mental aumenta considerablemente”, alerta Pilar Hernández.


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