El futbolista danés Christian Eriksen sufrió un desmayo este pasado domingo mientras jugaba un partido amistoso con su selección. Fue evacuado del campo «consciente» e ingresó en el Hospital Universitario de Odense, sur de Dinamarca. El médico del equipo nacional informa de que se le dará el alta «pronto».
No es el primer accidente de este tipo que sufre el futbolista, de 34 años y actualmente jugador del Wolfsburgo alemán. En 2021, mientras disputaba un encuentro de la Eurocopa contra Finlandia, cayó desplomado. Desde entonces, lleva un desfibrilador automático, similar a un marcapasos.
La importancia de que Eriksen llevara desfibrilador
A diferencia del susto de hace cinco años, Eiksen, este domingo, salió del campo consciente y por su propio pie, tras ser atendido por los médicos.
El responsable médico de la selección danesa explicó posteriormente una de las claves: «El marcapasos ha respondido como debía».
«Estuvo inconsciente durante unos instantes, pero recuperó el conocimiento muy rápidamente y enseguida pudimos comunicarnos con él. Ahora se someterá a más pruebas en el hospital para determinar qué provocó el incidente. Estamos en contacto permanente con él y con los médicos del hospital», añade el comunicado del doctor, publicado en redes después del incidente.
Pero en 2021 el hecho no transcurrió de la misma manera. Desplomado en el suelo, inconsciente, Eriksen fue atendido rápidamente en el mismo terreno de juego, en donde le practicaron la maniobra de reanimación cardiopulmonar.
Esta acción fue clave para evitar la muerte súbita que ya se ha cobrado la vida tanto de deportistas de alto nivel como de aficionados.
Pautas ante la parada cardíaca
Tras este grave incidente, la Sociedad Española de Cardiología (SEC), en un comunicado, resaltó la importancia de reconocer una parada cardiorrespiratoria e iniciar inmediatamente la RPC, además de llamar a los servicios de emergencia y buscar un desfibrilador en el entorno.
La SEC lamentaba entonces que en España la formación en técnicas de reanimación cardiopulmonar sea escasa en comparación con otros países vecinos, en los que se imparte en escuelas y universidades. Abogaba por mayor información, formación y sensibilización ante un problema de salud de «primera magnitud».
Estos son las primeras pautas que se deben seguir ante un caso de parada cardiaca, según la SEC:
- Reconocimiento: comprobar si la persona está consciente y respira.
- Si no respira (o hay dudas), llamar al 112 e iniciar compresiones torácicas.
- Practicar las maniobras de RCP (100-200 compresiones por minuto en el tercio inferior del esternón).
- Pedir a una tercera persona que localice el desfibrilador más cercano.
- Seguir las instrucciones del desfibrilador para aplicar las descargas.
- Continuar con las maniobras de RCP hasta que llegue la ambulancia.
Cada minuto es importante
“No debemos perder tiempo con dudas sobre la respiración y el pulso porque cada segundo es importante”, advertía el coordinador del Grupo de Trabajo de Reanimación Cardiopulmonar de la SEC, el doctor Pablo Jorge Pérez, quien también explicaba que cuando alguien sufre una parada cardiorrespiratoria no puede tragarse la lengua y, por tanto, no hay que distraerse con maniobras innecesarias.
El tiempo de actuación y la implicación de los que presencian la parada cardiaca es esencial, pues por cada minuto que pasa sin que actuemos se reduce un 10 % la supervivencia.
En España se producen unas 52.300 paradas cardiacas al año, 22.300 en los hospitales y 30.000 en el entorno comunitario. De las que se producen fuera del entorno hospitalario tan solo entre el 5 y el 10 % se recuperan.

Por otro lado, también es necesaria la presencia de desfibriladores (DEA) en el entorno, pues estos dispositivos han demostrado su efectividad, utilidad y seguridad en programas de atención inmediata realizados por personal no sanitario en espacios públicos y de gran afluencia.
En este sentido, la Fundación Española del Corazón (FEC), la SEC y Cruz Roja Española lanzaron hace tres años antes la aplicación Ariadna, un gran mapa colaborativo de desfibriladores por toda España que permite geolocalizar estos dispositivos en espacios públicos y privados de forma que se conozca su ubicación y puedan ser usados en caso de parada cardiaca.
Qué hace un desfibrilador automático como el de Eriksen
El desfibrilador automático implantable (DAI) es un dispositivo similar a un marcapasos cuya misión es restablecer el ritmo cardiaco normal mediante la aplicación de una descarga eléctrica, en caso de aparición de arritmias cardiacas peligrosas. Por eso, se trata de un instrumento muy útil recomendado por los cardiólogos.
El dispositivo se encarga de monitorizar el ritmo cardiaco. Si este es demasiado lento, el DAI puede
estimular el corazón igual que un marcapasos. Además, si aparece una arritmia rápida, entonces intenta cortarla por medio de una desfibrilación (aplicación brusca y breve de una corriente eléctrica de alto voltaje).
Es aconsejable tanto para pacientes que han sufrido una parada cardiaca o una perdida de conciencia como para aquellos que tienen un alto riesgo de sufrir alguna arritmia cardiaca peligrosa, como por ejemplo algunos deportistas profesionales o personas de riesgo.

Esta formado por un electrodo que se coloca a través de las venas y un generador que se implanta superficialmente, por debajo de la clavícula, similar a la colocación de un marcapasos.
Se suele implantar con anestesia y la recuperación de la intervención es rápida permitiendo el alta al poco tiempo.
Cada seis años aproximadamente pueden agotarse las baterías, con lo que sería necesario sustituir el desfibrilador. También existe desfibriladores implantables que no tienen cables dentro del corazón. A este modelo se les conoce como subcutáneos.
Los pacientes que llevan un DAI pueden hacer vida prácticamente normal y únicamente deben:
- Seguir revisiones específicas y unas pocas precauciones, que les serán comunicadas por sus médicos.
- Evitar campos magnéticos intensos, incluidos los detectores de metales.
- Llevar siempre encima la tarjeta de portador de DAI.
La muerte súbita en el deporte
Aunque la muerte súbita asociada a la actividad deportiva en España tiene una incidencia muy baja, es un acontecimiento dramático con importantes implicaciones en el ámbito clínico y social, según la SEC.
Un reciente estudio publicado en Revista Española de Cardiología (REC) concluye que la muerte súbita asociada al deporte ocurre en un 96 % de los casos en deportistas recreativos.
Respecto al tipo de actividad deportiva, el citado estudio pone de manifiesto que el ciclismo y la carrera a pie a partir de los 39 años tienen mayor riesgo de muerte súbita asociada al deporte, mientras que los que practican gimnasia y natación tienen menor riesgo.
Por otro lado, los menores de 35 años que practican fútbol tienen más riesgo que con otros deportes a esa misma edad.



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