Una espalda ligeramente desviada puede ocultar una alteración estructural compleja, una escoliosis. Aunque así lo pensemos, la escoliosis no es sólo una cuestión estética, se trata de una deformidad tridimensional que combina desviación y rotación vertebral, generando la característica silueta en ‘S’ y, en ocasiones, una protusión visible en la espalda conocida como giba. Afecta a casi 1,5 millones de españoles.
Aunque puede tener origen congénito, neurológico o neuromuscular, y también aparecer en la edad adulta en su forma degenerativa, en un número elevado de los casos no tiene causa conocida, es la denominada escoliosis idiopática.
Tal y como explica el doctor Víctor Castillo, del Servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica del Hospital Quirónsalud Murcia «en el origen de la escoliosis se sabe que hay algunos factores genéticos que pueden influir, pero tampoco se trata de una alteración completamente hereditaria».
En concreto, la mayor parte de los casos se diagnostican durante el estirón puberal, y afectan con mayor frecuencia a niñas y a adolescentes: “La aparición de los cambios corporales, y especialmente la primera regla en las niñas, marcan los momentos clave en el desarrollo».
«Tras la aparición de la primera regla (menarquia), quedan unos 18-24 meses de crecimiento. Además de estos aspectos corporales tenemos otros marcadores radiológicos que nos permiten estimar la madurez esquelética y el potencial de crecimiento”, explica el doctor Castillo.
El traumatólogo indica que la edad ósea se mide en radiografías de la pelvis y que, actualmente, uno de los métodos más utilizados es la valoración del grado de osificación de la pelvis mediante los grados de Risser, visibles como señalamos en la radiografía de pelvis, que permiten estimar el final del crecimiento.
“Según esta clasificación, un Risser 0 sería una persona totalmente inmadura a nivel esquelético y con mucho potencial de crecimiento, y un Risser V sería una persona que ha terminado de crecer y cuyos huesos son maduros”, apunta.
Subraya que esto es importante porque lo habitual es que cuando el crecimiento termina la curva escoliótica deja de progresar y se estabiliza.
“Muchas curvas son leves y no progresan, pero algunas pueden empeorar durante el crecimiento. Detectarla a tiempo marca la diferencia entre un simple seguimiento y la necesidad de tratamientos más complejos”, asegura este especialista del Hospital Quirónsalud Murcia.

Cuándo se diagnostica la escoliosis en la espalda
En cuanto al diagnóstico, resalta que en la mayor parte de los casos la escoliosis no produce ningún síntoma y es completamente indolora; siendo lo más frecuente el que se diagnostique en los controles del pediatra, en exploraciones rutinarias.
Además, sostiene Castillo que para confirmar una posible escoliosis se realizará adicionalmente una radiografía para comprobar si hay una angulación entre las vértebras, mediante el cálculo del ángulo de Cobb.
“El ángulo de Cobb es la referencia para medir la escoliosis: indica los grados que presenta la curva de la columna. Este parámetro es el que incide en la mayoría de las decisiones clínicas, que dependen siempre del momento de crecimiento en el que se encuentra el paciente. Durante la transición a la pubertad, y al pegar el estirón, es cuando las curvas escolióticas tienden a progresar más, por lo que es necesario realizar controles más estrictos”, relata este especialista.
El día a día con escoliosis
Ya con el diagnóstico realizado, este traumatólogo advierte de que en la mayor parte de los casos de escoliosis idiopática en la espalda no existen contraindicaciones para la actividad física y para llevar una vida totalmente normal.
“El ejercicio es, de hecho, recomendable. Contribuye a mejorar la condición física general, el control postural, y el bienestar del paciente. Hay evidencia sólida de que la práctica deportiva no empeora la escoliosis. El objetivo no es limitar la actividad, sino justo lo contrario: fomentar un estilo de vida activo adaptado a cada paciente”, apunta el doctor.
Mantiene que históricamente se ha recomendado la natación, ya que fortalece toda la musculatura del cuerpo y hace ganar elasticidad y coordinación.
“En la actualidad se considera simplemente una opción más dentro de un estilo de vida activo, sin que haya demostrado ser superior a otros deportes en la evolución de la escoliosis”, apunta el doctor Castillo.
Por otro lado, cada vez cobran más importancia los programas de ejercicio específico para escoliosis, “con evidencia creciente en el control postural y como complemento al tratamiento”.
Ahora bien, sí precisa que en situaciones concretas, por ejemplo, si la escoliosis es secundaria a una lesión vertebral como una fractura, alteraciones neurológicas, dolor significativo o fases postoperatorias, sí reconoce que puede ser necesario limitar temporalmente ciertos esfuerzos o adaptar la actividad física.
La corrección de la escoliosis
Desde el Hospital Quirónsalud Murcia, aconsejan entonces que en casos de escoliosis secundaria (aquella que tiene una causa clara) hay que poner remedio a la patología que la provoca, como por ejemplo, una plantilla o un alza en el caso de que haya una asimetría entre las piernas; u operar una malformación costovertebral si éste fuera el origen.
En el caso de la escoliosis más habitual, la escoliosis idiopática del adolescente, afirma el doctor Castillo que con el tratamiento conservador (no quirúrgico) no se puede corregir la deformidad estructural, pero sí influir en su evolución.
“El objetivo del tratamiento conservador (no quirúrgico) es frenar o ralentizar la progresión de la curva durante el crecimiento. Para ello, se emplea una combinación de seguimiento clínico, ejercicio terapéutico y, en curvas de mayor magnitud (habitualmente a partir de 20º), el uso de corsés u órtesis, cuya eficacia para reducir la progresión está bien establecida», puntualiza.
En última instancia, aclara que la cirugía se reserva para casos seleccionados, habitualmente a partir de 45-50 grados de curva, dependiendo del contexto clínico y del crecimiento restante, y tiene como objetivo corregir la deformidad y evitar su avance.
“En los últimos años, los avances tecnológicos han permitido mejorar notablemente la planificación quirúrgica. La utilización de navegación intraoperatoria, el uso de la monitorización neurofisiológica intraoperatoria, y el gran avance en el material que se utiliza para instrumentar la columna con escoliosis, permiten estimar con mayor precisión los riesgos y resultados esperables, facilitando un enfoque cada vez más personalizado”, señala.
De este modo, concluye el doctor Castillo, el tratamiento de la escoliosis se orienta hacia una medicina más individualizada, en la que se informa al paciente de forma clara sobre los beneficios esperados y los posibles riesgos, permitiendo una toma de decisiones compartida.



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