Cuando aparece, sin previo aviso, una secuencia de sexo, más o menos explícito, en una película o en una serie de la televisión que estás viendo con tus hijas e hijos, o cuando tus vecinos retumban su amor a través de las paredes transparentes de tu casa, ellas y ellos detectan automáticamente un nudo en nuestra garganta, como si tuvieran un sexto sentido para notar el estrés de nuestra saliva. Aprovechan cada mínima oportunidad y no paran de preguntar que si esto, que si aquello, que si lo de más allá... Nosotros rehuimos todas las respuestas y, si acaso, contestamos por peteneras...