qué es la medicina culinaria
Frutería en el mercado de Barceló en Madrid. EFE/ Mariscal

Médicos que saben de cocina y lo aplican en consulta: las (muchas) ventajas de la medicina culinaria

Que el médico te diga en consulta que tienes que comer más pescado está bien, pero que te diga que tienes que comer más pescado, y además cómo cocinarlo, está mejor. Se llama “medicina culinaria”. Vamos a contar qué es y cómo ponerla en práctica.

La catedrática de Pediatría de la Universidad de Santiago y presidenta de la Fundación Española de Nutrición (FEN), Rosaura Leis, atiende a EFE Salud para explicar qué es la medicina culinaria y la manera en que puede generalizarse en las consultas de España. La primera pista sobre esta noción la dio ella misma en un diálogo organizado por la Agencia EFE. Sonó muy interesante, así que contactamos con ella nuevamente para profundizar en lo que había comentado.

Porque una cosa es que el profesional sanitario le diga al paciente que ha de hacer “una buena alimentación” o “una buena dieta” y otra que le diga cómo hacerla. Lo segundo es lo idóneo, y por ello, los médicos y médicas deberían tener “conocimientos de culinaria, de gastronomía, para poder transmitirlo”, asegura.

Medicina culinaria en un contexto preocupante

Aplicar la medicina culinaria no depende de unos pocos pasos, más bien depende de un cambio cultural. 

Pero siendo España un país en el que tradicionalmente han convivido dos patrones alimentarios como la dieta mediterránea y la dieta atlántica, tan aconsejables para nuestra salud, cabe pensar que el cambio cultural no debiera ser tan drástico.

Vayamos al origen: ¿Qué es la medicina culinaria? Responde Leis, también integrante del Instituto de Investigación de Santiago de Compostela (IDIS): “Tratar la patología, la enfermedad, apoyándonos en la gastronomía y en la medicina basada en la evidencia”.

La doctora Rosaura Leis, en un acto organizado por EFE en Madrid. EFE/David Fernández

El momento, a su juicio, ayuda, porque es un momento preocupante, nutricionalmente hablando: “Hoy, las principales causas de enfermedad y de muerte en el mundo tienen que ver con estilos de vida no saludables, y en países como el nuestro, en donde tenemos dos patrones nutricionales tradicionales como el mediterráneo y el atlántico, que han demostrado ser saludables y sostenibles, la población está perdiendo la adherencia a ambos estilos”.

Comemos peor, vivimos peor; se registra más obesidad, más hipertensión, más diabetes, más enfermedades cardiovasculares, más cánceres… Y aunque la ciencia y la medicina avanzan a pasos agigantados, urge un nuevo paradigma. La medicina culinaria persigue justo eso en un contexto, por insistir, en que no sólo es que comamos mal… Tampoco sabemos cocinar. 

Médicos, cocineros, nutricionistas, juntos en un mismo equipo

Subraya Leis dos movimientos clave hacia la medicina culinaria: la formación, por un lado, y la creación de equipos multidisciplinares, por otro. 

Primer movimiento. Aboga la presidenta de la FEN  por “introducir en los currículos materias que abarquen la gastronomía, la gastronomía saludable” y que sea un conocimiento que llegue a los médicos, la enfermería, las propias escuelas o los grados de nutrición”. El comedor escolar es un punto rojo en el mapa de la medicina culinaria, “un lugar de educación nutricional en donde el niño pruebe platos que sean de nuestros patrones tradicionales”, afirma.

“Como pediatra –apunta Leis–, insisto en que al niño hay que educarlo en sabores y en apreciar un plato. Sabemos que hay algunos sabores que hasta que no los probamos 9 ó 10 veces no nos gustan”.

Segundo movimiento. Reclama la especialista consultada la creación de “equipos multidisciplinares” en los que, además de médicos/as, haya nutricionistas que sepan “no solamente aconsejar la composición nutricional de los alimentos, sino también facilitar que estos alimentos sean ingeridos”, y cocineros que “enseñen hábitos” mediante talleres, por ejemplo.

“Para el profesional sanitario –prosigue– tener conocimiento de aquello que prescribe, si se trata de alimentación, es de gran importancia”. Una prueba de ello: “Si yo prescribo una dieta, pero no doy los consejos necesarios para que los individuos la puedan consumir, o me equivoco en el tratamiento o no conseguiré una buena adherencia a dicho tratamiento”, incide.

La equidad alimentaria

Comer alimentos saludables, muy bien; comerlos de acuerdo con una preparación saludable, y a ser posible junto a la familia, muy, muy bien. “Es un momento de placer, de compartir experiencias y de compartir tradiciones culinarias y gastronómicas”, puntualiza la experta.

Y comer esos alimentos en familia tras preparados adecuadamente, y comerlos en el momento del día propicio, pues es algo virtuoso. Genéticamente, de hecho, conlleva una reducción del riesgo de sufrir enfermedades cardiometabólicas, según sus palabras.

Accesos al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), en Oviedo. EFE/Eloy Alonso

Si los profesionales médicos favorecen que la población coma mejor porque les enseñan, también, cómo comer mejor, el sistema sanitario podría dar un vuelco. A mejor.

Porque se reduciría, efectivamente, el riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares y vasculares, y  porque mitigaríamos la incidencia del cáncer. Y porque la población dependería menos de los fármacos.

“Si yo evito con buenos estilos de vida tener sobrepeso y obesidad, tener el colesterol alto o tener una diabetes tipo 2, claro que disminuimos el consumo de fármacos”, remarca Leis antes de mencionar otra consecuencia: “la equidad alimentaria”.

“En estos momentos los grupos más vulnerables, los grupos socioeconómicos más vulnerables, son los que están haciendo peores dietas, así que si yo soy capaz de transmitir cómo hacer un guiso, cómo hacer unas buenas legumbres, no hace falta mucho dinero para esto. Por tanto, también vamos a conseguir una mayor equidad de acceso a los alimentos y de acceso a los platos saludables”.

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