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La médica de atención primaria Raquel Iniesta, frente al consultorio local de Bustarviejo (Madrid), donde pasa consulta. EFE Salud/María Abad

La cercanía humana de la medicina rural a pesar de las distancias

No es lo mismo ejercer la medicina de familia en el centro de una gran ciudad que en un entorno rural como un pequeño pueblo, donde las distancias para la atención especializada o urgencias pueden ser un hándicap. Raquel Iniesta es la médica del consultorio de la localidad madrileña de Bustarviejo. Elvira Pérez es una de sus pacientes. Hablamos con ellas sobre el acceso a los servicios sanitarios, de sus pros y sus contras.

Nos desplazamos una mañana hasta Bustarviejo, donde hablamos con la doctora. Lleva un año y medio como médica de familia en el consultorio local. Es interina y toda su experiencia laboral la ha desempeñado, desde 2018, en distintos pueblos de Madrid, porque, asegura, es lo que más le gusta.

El «acogedor» ambiente rural

Vive en Collado Villalba, otra localidad madrileña que se encuentra a unos 45 kilómetros de Bustarviejo, distancia que tiene que hacer a diario por partida doble, para ir y volver.

«A mí me gusta el ambiente rural porque la población es muy acogedora. Te permite hacer tu trabajo más tranquilamente, confiando en ti, en tu autonomía y te permite tomar decisiones que sabes que al final van a ser buenas para ellos», subraya la médica.

La atmósfera de vivir en un pueblo propicia que los pacientes acudan tranquilos, sin estrés, en el consultorio se saludan, y «si con uno de ellos tiene que dedicar más minutos de los diez estipulados, los que están esperando no protestan».

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La doctora Raquel Iniesta en un momento de la entrevista. EFE Salud/bpc

La doctora opina que en los ambientes urbanos hay más individualismo, menos empatía y también «desaparece la caridad» que se mantiene en el ambiente rural.

«Creo que en la zona urbana ha desaparecido ya un poco el seguimiento familiar, porque, al final, la distribución de la población va cambiando. Aquí se mantiene ese ambiente familiar. Nosotros como médicos de familia llevamos familias enteras. Eso al final nos ayuda a entender el contexto socio-familiar también interviene en sus patologías», estima la médica.

El perfil de los pacientes

Cada día ve a cerca de 30 pacientes, depende la época del año. Hay algunas más complicadas que otras, como la que ocupa los meses de invierno, en los que puede llegar a ver hasta a 45 pacientes, como en las ciudades.

«Más o menos la presión asistencial es parecida», opina.

En el consultorio pueden realizar, entre otras pruebas, análisis de sangre, ecografías y también hay una pistola de crioterapia para eliminar ciertas lesiones cutáneas.

El perfil de los pacientes sí es algo diferente, porque sobre todo es población mayor, aunque hay parte de población más joven que ha ido a vivir a los pueblos y trabaja en las ciudades.

Y también puede haber diferencias en cuanto a las enfermedades. «Es verdad que aquí hay consanguinidad y aparecen ciertas patologías que son más prevalentes en estas zonas rurales que a lo mejor en el ámbito urbano».

El testimonio de Elvira

La relación que hay entre la doctora y sus pacientes la refleja perfectamente Elvira Pérez, una mujer de 82 años. Nacida en un pueblo de Guadalajara, lleva desde los 15 en Bustarviejo, donde se enamoró y se quedó.

Va al centro de salud cuando tiene que hacerse algún análisis, a medirse la tensión o a acompañar a su marido. Para pedir cita, acude al mostrador de administrador, donde le atiende Manuel.

«Suele darme cita muy pronto, al día siguiente de pedirla. Aquí no hay esas demoras que dicen que ahí por otros sitios.. Pero hablo de mí, ¿eh?», advierte la mujer.

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Elvira Pérez reside en Bustarviejo y es paciente de la doctora Iniesta. EFE Salud/bpc

Para definir el trato que tiene con la doctora no tiene palabras.

«No te sabría qué decir de ella. Es que me ayuda en todo. Es un trato muy cercano, de verdad. Cualquiera que está fuera esperando escucha ‘¡Hola!, ¿qué tal?'», dice con una sonrisa.

La felicita las navidades, la abraza cuando la ve -siempre le aclara que no tiene virus- e igual con la enfermera del consultorio, con Silvia.

La cara B de la medicina rural

Si hasta ahora tanto la doctora como la paciente nos han hablado de las ventajas de la medicina rural, también lo hacen de los inconvenientes, de hecho varias sociedades médicas han puesto en marcha una iniciativa para conocer y hacer frente a la problemática de la medicina rural, entre otros objetivos.

Iniesta pasa consulta hasta las tres, y hay otra compañera que hace media jornada allí y la otra media, en otro pueblo. Eso quiere decir que, a partir de las tres, en Bustarviejo no hay médico. Y si por cualquier circunstancia la doctora no puede trabajar, tampoco.

«Si yo no puedo ir, el centro, normalmente, continúa abierto porque está el equipo de enfermería. Pero es verdad que es muy complicado encontrar un suplente que quiera o pueda acudir hasta estos centros. A veces los pacientes se tienen que desplazar a centros de cabecera que están un poquito más lejos de sus domicilios para ser atendidos», afirma entre los problemas de la medicina rural, como son las distancias.

Para las visitas domiciliarias, cuenta la doctora, antes tenían un sistema de transporte, pero ya hace unos meses que se suspendió, con lo que tiene que hacer los desplazamientos a pie o con su propio medio de transporte, porque «hay domicilios que están lejos, un poco aislados».

Sin pediatra

En el centro no hay pediatra en ningún momento del día. Las familias tienen que desplazarse hasta Miraflores, generalmente, que está a unos diez kilómetros.

«En el caso que venga un niño que esté en una situación de urgencia, lo que hacemos es intentar contactar con su pediatra de referencia, y si por lo que sea no coincide en jornada laboral, se contacta con otro del equipo y normalmente nos van ayudando y dando una serie de indicaciones y luego se valora si tiene que ser derivado», explica la doctora.

¿Y si necesitan acudir al especialista?

Elvira narra que si en su caso necesita acudir a un especialista, como ha ocurrido en ocasiones, le han derivado al Hospital Universitario La Paz, en la ciudad de Madrid.

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Elvira Pérez, sentada en uno de los bancos del pueblo madrileño de Bustarviejo. EFE Salud/bpc

Su marido no coge el coche fuera del pueblo, por lo que tienen que ir en autobús hasta allí y debido a las obras en el entorno del centro hospitalario, tardan más de lo habitual cerca de dos horas, asegura.

Para algunas especialidades ha pedido que la deriven al hospital de Colmenar, a unos 35 kilómetros.

Más dificultades

Por eso, Iniesta insiste en que entre las principales dificultades a las que se enfrenta la medicina rural se encuentra, sobre todo, la de las distancias para la asistencia sanitaria especializada.

«No contamos con un equipo de hospitalaria a kilómetros de la redonda. Entonces tenemos que ser capaces de resolver determinados problemas que surgen en el día a día», sostiene.

Además, al igual que apuntaba Elvira, sostiene que la población que acude al consultorio al ser mayor, tiene más dificultades para desplazarse a otros centros hospitalarios con más recursos.

Y otro de los problemas de la medicina rural que cita la doctora, en el caso concreto de Madrid y relacionado con las distancias, es que desde los pueblos, la gente se desplaza a los grandes hospitales en coche, y si son antiguos, no pueden circular por la capital.

«Entonces, hay un problema a la hora de acudir a sus citas, a la hora de ir a urgencias. Y luego también a la hora de solicitar el transporte de emergencia, pues pasa lo mismo, tardan», añade.

Difícil cubrir la oferta de plazas

La doctora señala también que en la actualidad la medicina de familia «no es atractiva» para los que superan el examen para Médico Interno Residente (MIR), con lo que es difícil cubrir la oferta por la poca demanda.

Y como consecuencia de los cambios de contrato y la inestabilidad se hace complicado también conocer bien a los pacientes, porque para eso se requiere tiempo.

«Es una medicina en la que tú necesitas un tiempo para conocer al paciente y a su entorno. Muchas veces nos sentimos que estamos solos en esta situación», resalta Iniesta.

El paciente recurre más a la medicina de familia, con lo que hay que poner en valor esta especialidad, apunta Iniesta, con lo que reclama más promoción en las facultades en este sentido.

Mapear la situación

La iniciativa que han puesto en marcha la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), la Sociedad Española de Reumatología (SER) y la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) con el lema «Rutas de salud» tiene como fin elaborar un mapa de la situación de la asistencia sanitaria en distintos territorios.

El presidente de Semergen, José Polo, explica a EFE Salud que la idea del proyecto nació hace un año, y sigue en desarrollo, para conocer «la ruta asistencial de determinadas especialidades y también aportar soluciones».

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El presidente de Semergen, José Polo, en la sede de esta sociedad médica. EFE Salud/María Abad

«El motivo por el que surgió fue doble: analizar el acceso a las distintas especialidades y al médico de primaria, qué recursos hay. Y después también ver si existía una disparidad o una inequidad dependiendo del territorio», resalta.

Para Polo, a la espera de los resultados definitivos del mapeo, la España despoblada es el territorio en el que las plazas tienen más difícil cobertura, aunque incide en que en las ciudades también hay disparidad.

«No es lo mismo trabajar en Madrid centro, que en un barrio periférico», considera el presidente de Semergen.

La España despoblada

Respecto a la medicina rural, sostiene que el trabajo es muy diferente, con las distancias largas y los municipios pequeños. El profesional tiene que cubrir varios, con lo que tiene que hacer desplazamientos diarios y la atención «es mucho más complicada».

«Tenerse que desplazar a uno, dos o tres municipios, porque la población está más dispersa, genera un déficit o un menoscabo de la capacidad asistencial o de la calidad asistencial que se puede prestar», argumenta.

Desde el punto de vista personal «supone un sobresfuerzo» al vivir en municipios aislados, lo que genera una serie de problemas como la dificultad en el acceso a la formación, pero también para la conciliación familiar.

«Yo creo que la solución no solo es económica, que puede ayudar, pero yo creo que también es por un sistema laboral rígido, porque a lo mejor habría que hacer modificaciones en el régimen laboral, incentivando más tiempo libre o más tiempo para la conciliación», apunta el presidente de Semergen.

Con distancias o sin ellas, la medicina rural se reivindica como un servicio esencial, básico en el que se necesita también poner el foco.

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