Acreditado por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) desde 2023, Ancochea consiguió la máxima nota académica ante un tribunal formado por el Dr. Francisco García Río (presidente, catedrático), el Dr. Esteban Daudén Tello (secretario, catedrático), y l@s vocales: Dr. Enrique Aranda Aguilar (catedrático), Dra. María Isabel Lucena González (catedrática), Dra. Teresa Carrillo Díaz (catedrática), Dra. Luisa Consuelo García Buey (profesora UAM) y Dra. Gloria Torralbo Caballero (directora médica Hospital La Princesa).
En declaraciones a EFEsalud después de finalizar el acto, que tuvo lugar el pasado 14 de octubre en el Decanato de la Universidad Autónoma, el Dr. Julio Ancochea expresó su tremenda felicidad por el reconocimiento a su trayectoria profesional y consideró que esta plaza de catedrático aúna el trabajo diario de «todo su equipo de neumología, que conjuga ciencia, arte y humanismo en el beneficio curativo de los pacientes».
«Desde hace veinticinco años tengo el honor de dirigir una especie de orquesta bien avenida que toca melodías respiratorias que insuflan vida allí por donde suena su música, a pesar del humo tabáquico, las infecciones microorgánicas, las mutaciones genéticas o la contaminación laboral y ambiental», destaca este poeta del aire, madrigallego de la orensana A Pobra de Trives.
Valgan de ejemplo los datos asistenciales de 2024 en su Servicio de Neumología, que cubre un área sanitaria de unos 334.000 pacientes: 4.761 nuevas citas, 13.995 revisiones (14 % telemáticas) y 911 ingresos hospitalarios, con una estancia media de 5,95 días, una cuota de reingresos del 1,67 % a las 72 horas y un índice de mortalidad que apenas llega al 4,5 % de los casos tratados.
«El equipo, además, se lleva bien, trabajamos juntos y queremos volar alto, muy alto; lo que se traduce en un excelente ambiente con una gran producción científica que nuestr@s residentes MIR quieren recibir para formarse como auténticas médicas y médicos especialistas», subraya un flamante catedrático que siempre llena sus pulmones con alegría.

Catedrático por vocación… Y algo más
El Dr. Ancochea, un neumólogo que bamboleó su modélica batuta asistencial contrarrestando con la mayor eficacia posible el feroz ritmo infeccioso del virus causante de la pandemia de la covid-19, entiende, por tanto, que el espíritu respiratorio de su equipo (17 médic@s, 8 MIR, 27 enfermeras DUE, 23 Técnic@s CAE, un psicólogo clínico y dos administrativas) debe impregnar de sabiduría a l@s estudiantes universitari@s.
«Tenemos un lema en nuestro servicio de La Princesa: Es necesario conjugar la primera persona del plural, el nosotros o nosotras, puesto que así seremos mucho mejores que si empleamos el consabido yo y tú. Una orquesta desafina cuando uno de sus instrumentos suena a destiempo o sus notas forman parte de otra partitura», comenta con su voz radiofónica.
De aquí la vocación imprescindible de quienes pretendan ejercer la medicina sin ser buenas personas o por alcanzar un pleno en la rueda de la fortuna.
«La medicina es una profesión profundamente vocacional, y por eso hablo y repito las palabras compromiso y militancia, o la frase de que los médicos y las médicas tienen que ser creyentes y practicantes, especialmente con sus pacientes y con el conjunto de la población mundial. Sin vocación la orquesta emite un ruido egoístamente ensordecedor», señala Ancochea, hijo predilecto de su pueblo.
Para el neumólogo no cabe, aunque suceda, que un estudiante sólo pretenda aprobar medicina como sea para conseguir un puesto bien retribuido a lo largo de su vida.
«A la Facultad de Medicina se llega con el objetivo hipocrático de curar a veces, aliviar a menudo y consolar siempre. La medicina se ejerce y se estudia cada día hasta el final de tus días», resalta el galeno dando pie por unos segundos al canon en Re mayor de Pachelbel.
Cabe recordar aquí que Ancochea es, a la vez, director de cuatro cátedras de Universidad-Empresa «sin recibir un sólo euro de contraprestación»: UAM-GSK «Respira Vida«, UAM-Linde Healthcare «Integra«; UAM-Roche «EPID Futuro«; y UAM-Neumomadrid-Chiesi; parte de los méritos sobresalientes en innovación que, a buen seguro, motivaron la Medalla Castelao a su Asomega del alma.
Tanto es así que en su ánimo no existe una enfermedad respiratoria más o menos importante. Todas ellas necesitan el apoyo justo y necesario de cualquier Sistema Nacional de Salud, ya sea en España o camino de Marte.
De hecho, las enfermedades respiratorias suponen «un reto intelectual y ético, con un grandísimo impacto sanitario, económico y social» comparable al final de un redoble de batería.
«Nos inspiran por igual desde las patologías de gran prevalencia, como la EPOC, cada vez más feminizada (con un 78 % de infradiagnóstico), el asma, las bronquiectasias, la neumonía, el cáncer de pulmón y la apnea del sueño, hasta aquellas otras consideradas minoritarias o utrarraras, como las enfermedades pulmonares intersticiales difusas, entre ellas linfangioleiomiomatosis«, enmarca en su partitura de La Princesa.
Pero el Dr. Julio Ancochea también detalló en su concurso toda una serie de hitos en investigación clínica, que señalizan en paralelo el camino recorrido en su etapa como de profesor asociado o titular de universidad, acompañando a rectores tan ilustres como Ángel Gabilondo, actual Defensor del Pueblo.
Hasta llegar a catedrático había firmado 13 libros, 75 capítulos de libro y acredita más de 300 artículos científicos publicados en revistas indexadas (su índice H es de 53 y le han citado 17.000 veces)… Y ha sido director de 36 cursos de doctorado, guiando 14 tesis doctorales, con otras cuatro en fase de aprobación.
A destacar, con los mismos acordes, su «Be Neumo, Be You«, donde las palabras retumban más allá de la primera Aula Respira de España, el renombrado Premio Nóvoa Santos de Medicina, su capacidad visionaria del del presente y del futuro o su terapia musical dedicada a los pacientes encamados, un hilo respiratorio que les une más si cabe a la vida.
Y para el estribillo quedaron decenas de cargos, entre los que resuena la dirección durante ocho años de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), decenas de congresos por medio mundo, solidaridad con África o Latinoamérica, la axuda a las personas mayores y a la medicina rural o las decenas de premios coleccionados que llenan las vitrinas de su minúsculo despacho hospitalario.
Como un admirador más del tenista Rafael Nadal -¡Y quién no!-, Ancochea presumió en su exposición de una medicina basada en el esfuerzo intelectual, de perseverancia, de miles de horas extraordinarias dedicadas a labores impagables (¡Que le pregunten a su mujer y a sus dos hijos!) o de una inteligencia artificial cuántica que atrona, pero que nunca podrá sustituir a una mano o una mirada humana.
«Mis pacientes me quieren y yo les quiero«, dijo emocionado poco antes de que los asistentes, entusiasmados, que llenaban el seminario 1 del decanato, estallaran en aplausos… Y por un momento me pareció ver al doctor Ancochea mirar al cielo imaginando que sus padres le decían. «Sí, hijo, has conseguido ser una buena persona».

Doctor, no sólo es usted un médico humanista, sino que además es una persona culta que se fija en los libros, ¿qué palabras podría dedicar a todo el mundo para que piensen en el presente y el futuro?
«Para ganar el futuro, primero hay que soñarlo. El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños, y nosotros, en el Hospital de La Princesa, mi vida, y en la Universidad Autónoma compartimos ese sueño ideal: queremos que nuestr@s pacientes respiren aire y por tanto una vida llena de esperanza y generosidad».



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