Los pacientes con fibrilación auricular, la arritmia más frecuente que padecen más de un millón de personas en España, pueden tener varios problemas. El más preocupante es que la sangre se coagule en la aurícula del corazón, en concreto en una cavidad denominada orejuela, tal y como explica a EFEsalud Rafael Ruiz Salmerón, cardiólogo intervencionista de la Clínica Universidad de Navarra.
El peligro de los trombos
«Al acumularse ahí la sangre, es más proclive a que se formen trombos, trombos que pueden migrar y ocasionar un infarto cerebral, por eso, las personas que tienen fibrilación auricular lo normal es que estén anticoaguladas para evitar que la sangre se trombose», señala Ruiz Salmerón.
Y puede ocurrir porque con este tipo de arritmia, el corazón tiene un ritmo «caótico», en lugar de tenerlo rítmico y pausado. Por ello, la sangre «comienza a remansarse» en el interior de esa cavidad y aumenta la probabilidad de formación de coágulos.

Según cifras de la Clínica Universidad de Navarra, la presencia de fibrilación auricular, aunque sea transitoria, multiplica por cinco el riesgo de sufrir un ictus.
De ahí, apunta Ruiz Salmerón, a que un razonamiento muy sólido sea el pensar que si el problema es la formación de trombos, se prescriba al paciente un fármaco anticoagulante.
Pero también se puede actuar solo sobre la orejuela, cerrándola, para evitar que el trombo se escape y, por tanto, esquivar el ictus sin necesidad de tomar anticoagulantes de por vida.
Sellar la orejuela
La intervención, asegura el cardiólogo de la Clínica Universidad de Navarra, es mínimamente invasiva, al hacerse por cateterismo. El paciente, lo normal es que esté sedado o anestesiado no porque sea dolorosa sino porque generalmente se hace también una ecografía transesofágica, que será como una especie de «ojos» para los médicos y que éstos puedan ver bien el interior del corazón.
Con el cateterismo, después de la punción en la vena femoral en la ingle, se accede a la aurícula izquierda a través de la aurícula derecha y se pasa del lado derecho al izquierdo. Una vez allí, se mide la orejuela porque «es una estructura que es tan peculiar, que es diferente de persona a persona», con lo que no existen dos iguales.
«La medimos y viendo cómo es y con las medidas que tiene, seleccionamos el dispositivo que la puede cerrar», continúa el doctor.
Y es que hay dispositivos de diferentes tamaños, que se pueden introducir a través del catéter, como una especie de tapón para cerrar la orejuela del corazón.
Es un dispositivo que cuando está en temperatura ambiente se puede introducir en el catéter, pero cuando recibe la temperatura corporal los 36 ó 36,5 grados se expande para sellar por completo la orejuela.
«La ecografía transesofágica no solo nos sirve para ver dónde estamos, navegar y ser certeros en dónde ponemos el dispositivo, sino que también nos permite saber si hemos sellado correctamente la orejuela, si no hay ningún déficit de entrada de sangre ahí», abunda Ruiz Salmerón.
Adiós a los anticoagulantes
El dispositivo no tiene que ser renovado, ya que a los cinco o seis meses se crea ya un recubrimiento endotelial, que incluso hace difícil que con cámara se pueda visualizar el tapón colocado.
«Desde el mismo momento que se que se hace la oclusión de la orejuela del corazón se puede dejar de tomar el anticoagulante», asegura el cardiólogo.
La intervención suele durar en torno a una hora. El paciente al día siguiente puede irse a casa tras recibir el alta.
Los candidatos
Esta intervención está indicada fundamentalmente a las personas con fibrilación auricular que no pueden o no deben tomar anticoagulantes porque o bien sangran por la anticoagulación o tienen un riesgo alto de sangrado por algunas características clínicas como la edad -estar por encima de los 65 años-, la hipertensión o una enfermedad renal o hepática, entre otros.
«Pero lo cierto es que si el paciente es informado y sabe los riesgos de tomar un anticoagulante y cómo es la intervención, y es el enfoque que queremos dar en la clínica Universidad de Navarra, el paciente puede decidir el cierre de orejuela como una alternativa a estar anticoagulado de por vida», añade Ruiz Salmerón.
Por eso, «es la alternativa» a estos fármacos: «Los pacientes generalmente agradecen de una forma muy clara el hecho de haberse, digamos, quitado el estigma, sobre todo la limitación que supone estar anticoagulado», resalta el cardiólogo de la Clínica Universidad de Navarra.
De hecho, incide, cuando se compara la evolución de los pacientes anticoagulados con aquellos a los que se les ha cerrado la orejuela, a partir de los primeros seis meses se ve que los primeros tienen más efectos hemorrágicos.



Debe estar conectado para enviar un comentario.