A pesar de que las mujeres son mayoría en el ámbito universitario (54,5% en España), ciertas áreas científicas se resisten aún a la participación femenina: las mujeres solo representan el 25% del alumnado de ciencias. Un desequilibrio que se acentúa a medida que la mujer progresa en la carrera investigadora.
Según la OMS, la probabilidad de que las estudiantes terminen una licenciatura (grado), un máster y un doctorado en alguna materia relacionada con la ciencia es del 18%, 8% y 2%, respectivamente, mientras que la probabilidad para los estudiantes masculinos es del 37%, 18% y 6%.
Por ello, con el objetivo de llamar la atención sobre esta discriminación, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero). Una fecha que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó en 2015 para destacar el papel clave que el género femenino desempeña en la comunidad científica y la tecnología, así como para lograr la igualdad de género y el empoderamiento femenino.
Infrarrepresentación de mujeres

Los líderes en la investigación en salud son varones. Así se desprende del estudio “Desigualdades de género en la investigación en salud pública y epidemiología en España”, que analiza las posiciones de liderazgo desde 2007 a 2014 en el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), especialmente en el área temática de epidemiología y salud pública (CIBERESP).
De los nueve CIBER existentes en España creados para impulsar la investigación de excelencia en biomedicina y ciencias de la salud, ninguno de ellos cuenta con una mujer como directora científica. De hecho, casi el 73% de los miembros de sus órganos de dirección son hombres.
Por su parte, según datos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el 58% de las plazas de personal investigador en formación eran para mujeres, frente al 41% de los hombres.
Pero en los siguientes tramos, la desigualdad iba en aumento: El 56% de las plazas para investigadores postdoctorales eran ocupadas por hombres frente al 43% de mujeres, y entre los profesores de investigación el 75% eran varones y el 25% mujeres.
Precisamente, a finales del pasado año Rosa Menéndez se convertía en la primera mujer en tomar posesión de la presidencia de este organismo público, el mayor dedicado a la investigación en España y tercero en Europa.
Las consecuencias del sesgo de género en la ciencia
¿Por qué necesitamos más mujeres implicadas en la ciencia? Los problemas de salud femenina han estado invisibilizados para la investigación durante años debido a que el patrón adoptado ha sido el del hombre. Pese a que la esperanza de vida en mujeres es más larga que la de los hombres, ellas gozan de peor salud.
«La ciencia en general y la medicina en particular han sido androcéntricas», denuncia María Teresa Ruiz Cantero, catedrática de Medicina preventiva y salud pública de la Universidad de Alicante, quien ha dedicado gran parte de su trayectoria académica al estudio de las desigualdades de género y su impacto en la salud.
En su opinión, necesitamos más mujeres científicas ya que es necesario generar un conocimiento sobre el comportamiento de las enfermedades en mujeres, pues «poseen una fisiopatología diferente a la de los hombres y ello varía la manera en la que se expresan las enfermedades».
Asimismo, la exposición a factores de riesgo y efectos secundarios en fármacos son diferentes en mujeres que en hombres. Por ello, «si se realizan estudios sin desagregar la información por sexo, las inferencias no serán precisas», alerta.
Diferencias a tener en cuenta para hacer mejor ciencia
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Por todo ello, es vital evidenciar las diferencias biológicas y tener en cuenta factores como las fluctuaciones hormonales o la regulación del sistema inmune (que varía en función de ser hombre o mujer), para que a la hora de investigar, diagnosticar y tratar enfermedades no se produzcan sesgos de género.
Discriminación de la mujer en los ensayos clínicos
En la década de los 90, la Agencia de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), elaboró una serie de recomendaciones para la incorporación de las mujeres en los ensayos clínicos.
Pese a las recomendaciones de la FDA, «todavía se siguen escogiendo muestras de hombres y se asume que los resultados son extrapolables al resto de la población», afirma la epidemióloga. Un ejemplo paradigmático y reciente es el caso de la famosa ‘viagra femenina‘ que salió al mercado en 2015 bajo el nombre de Addyi.
«La FDA se percató de que este fármaco interactuaba con el alcohol y potenciaba los efectos secundarios». Sin embargo, la compañía farmacéutica solo realizó un estudio con 25 participantes, y solo dos de ellos eran mujeres.

Todo ello genera dudas razonables acerca de la eficacia y los efectos tóxicos de algunos medicamentos en las mujeres. «Hay que evidenciar estas diferencias para que, a la hora de hacer un diagnóstico diferencial entre las enfermedades, se tenga en cuenta que no es lo mismo según seas mujer u hombre», sostiene.
Asimismo, parte del problema es que la investigación preclínica ha utilizado durante décadas básicamente animales machos ante la posibilidad de que las variaciones hormonales de las hembras desvirtuasen los resultados.
Un grupo de investigadores de la Universidad de California realizó un análisis del sesgo en la variable sexo en la investigación biomédica. De un total de 2.000 artículos de cuatro de las principales revistas científicas analizadas, hallaron sesgos de género en 8 de los diez campos analizados. Según el estudio, las mujeres están infrarrepresentadas a excepción de los campos de biología reproductiva e inmunología.

La endometriosis, un claro caso de androcentrismo en investigación científica
Llúcia Martínez Priego, bióloga y responsable del servicio de secuenciación masiva de la Fundación para el fomento de la investigación sanitaria y biomédica de la Comunidad Valenciana, ha participado con motivo de este Día Internacional en el evento «Científicas y Artistas», celebrado por el FISABIO y el centro de innovación Las Naves.
Cuenta la bióloga que «nacer con uno u otro sexo ha afectado históricamente a la mujer a nivel de la investigación biomédica» y, en consecuencia, «la mayor parte de las medicinas que nos tomamos no han sido testadas en mujeres«.
«Para hacer buena ciencia es necesario tener en cuenta todas las variables y, por tanto, la perspectiva de género es indispensable», indica Martínez Priego. Y añade: «tal vez los hombres puedan tener esta perspectiva, pero realmente se les ha dado 5.000 años de ventaja y esto no ha sucedido«.

Asumir que no existen diferencias entre hombres y mujeres relevantes para la investigación supone una discriminación peligrosa como es en el caso de las enfermedades cardíacas.
Las mujeres presentan menor grado de supervivencia ante un evento coronario agudo ya que la sintomatología previa no se presenta de la misma manera que en caso del varón (en ellas es más bien un malestar general en lugar del típico dolor precordial que presentan los hombres).
Cabe señalar que Llúcia Martínez padece endometriosis, una enfermedad que afecta a 1 de cada 10 mujeres y que consiste en la aparición y crecimiento de tejido endometrial fuera del útero produciendo fuertes dolores pélvicos (resistentes a la analgesia en los casos más graves). Su diagnóstico puede retrasarse entre 8 y 15 años y está detrás del 50% de casos de infertilidad.
Pese a su alta prevalencia, esta enfermedad ha recibido escasa atención científica y todavía no existe una sola explicación de sus causas ni posibilidad de cura. Al respecto, añadir un dato llamativo: en España todavía no hay ni una sola catedrática de ginecología, tal como recoge el «Libro Blanco sobre la situación de las mujeres en la ciencia española».
Pero, ¿qué sucedería si una enfermedad tumoral que acaba invadiendo órganos vitales, produce dolores crónicos insoportables e impide llevar una vida con normalidad, como es la endometriosis, la sufriesen los hombres? ¿Sería diferente? Plantea la bióloga.
«Solo tenemos que pensar que frente a una de cada diez mujeres que sufren esta enfermedad, los problemas de erección afectan a uno de cada 100 hombres y reciben 10.000 veces más recursos y atención», argumenta la bióloga Llúcia Martínez.
La fibromialgia, las anemias, el dolor crónico, las enfermedades autoinmunes, endocrinológicas… Son afecciones cuya alta prevalencia en el sexo femenino las convierte en blanco de apreciaciones de índole psicosomática o de asociaciones a la ‘histeria’ femenina.
- En suma, bajo su punto de vista hacen falta más mujeres científicas para tener otra mirada sobre los problemas que afectan al sexo femenino así como incorporar otro tipo de sensibilidad a los estudios científicos.

EFE/Antonio Lacerda
La perspectiva de género en las políticas de sanidad
Nuestro ordenamiento jurídico establece unas bases que han de inspirar el desarrollo de políticas sanitarias con perspectiva de género. Concretamente, el artículo 27 de la Ley Orgánica de Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres establece que la igualdad ha de integrarse en las políticas de salud.
El Ministerio de Sanidad reconoce su preocupación por la salud de las mujeres y su intención de avanzar en el conocimiento de sus patologías. Así lo reconoció el secretario general de Sanidad y Consumo, José Javier Castrodeza el pasado año en la jornada “Salud y mujer: un enfoque diferencial”, organizado por FUINSA.
En su intervención, Castrodeza afirmó que el departamento que dirige Dolors Montserrat “siempre ha visto la necesidad de que el análisis de género esté presente en sus políticas sanitarias”, destacando el caso de las enfermedades las cardiovasculares como aquellas en las que “el perfil diferenciador de género es muy importante”.



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