Gracias a la influencia de las redes sociales y del marketing, y fruto de una mayor preocupación por la salud y por el bienestar y el interés por mejorar el rendimiento físico o mental, el consumo de los suplementos alimenticios ha aumentado en los últimos años. Nuevo post del blog «Salud y prevención».
“Estos productos, además, son muy accesibles para el público”, según resalta María Muñoz Yuste, dietista-nutricionista clínica del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo de Madrid, quien también resalta que cada vez existe una mayor conciencia sobre el papel de la nutrición en la salud, lo que ha incrementado el interés por los mismos.
“Sin embargo, no siempre la información que circula está respaldada por la evidencia científica, lo que puede favorecer su consumo sin una necesidad real, o sin el asesoramiento adecuado. Aunque pueden ser útiles en determinadas situaciones, en la mayoría de las personas sanas una alimentación variada y equilibrada es suficiente para cubrir los requerimientos nutricionales”, asegura esta experta.
Por eso alerta de que, aunque muchas personas los perciben como productos inocuos, no están exentos de riesgos: “Un consumo inadecuado puede provocar efectos adversos, interacciones con medicamentos o enmascarar problemas de salud que requieren diagnóstico y tratamiento. Por ello, es recomendable que su uso esté respaldado por una valoración de un profesional sanitario”.
Cuándo están indicados los suplementos alimenticios
Los suplementos alimenticios son productos que contienen fuentes concentradas de vitaminas, de minerales y de otras sustancias con función nutricional o fisiológica, y que están destinados a complementar la dieta habitual.
“Su objetivo es ayudar a cubrir necesidades nutricionales concretas o corregir déficits cuando existen, pero nunca sustituir una alimentación saludable”, explica.
Ahora bien, esta experta del Hospital Ruber Juan Bravo sí recuerda que existen situaciones en las que las necesidades nutricionales aumentan, o el riesgo de déficit es mayor, por lo que la suplementación puede estar indicada.
“Es el caso del embarazo y de la lactancia, de las dietas veganas, de las personas con enfermedades, de las cirugías digestivas que alteran la absorción de nutrientes o de aquellos pacientes con déficits nutricionales confirmados mediante evaluación clínica y analítica”, relata.

Asimismo, señala que, en determinadas etapas de la vida, como el envejecimiento o la menopausia, puede ser recomendable valorar de forma individualizada el estado nutricional y la necesidad de suplementación.
«En cualquier caso, la indicación debe realizarse de forma personalizada y bajo supervisión de un profesional sanitario”, insiste la doctora Muñoz.
“Los grupos que con más frecuencia pueden requerir suplementación son las mujeres embarazadas o en búsqueda de gestación, las mujeres en etapas como la perimenopausia, y la menopausia, las personas veganas, algunos adultos mayores, personas con patologías que alteran la absorción de nutrientes y determinados deportistas con requerimientos elevados o situaciones específicas. Se trata de colectivos en los que puede existir un mayor riesgo de déficit o de necesidades nutricionales específicas”, asevera esta especialista.
Con la dieta es suficiente
De hecho, defiende que una persona sana puede cubrir sus necesidades nutricionales sólo con la dieta en la mayor parte de los casos.
“Una persona sana que siga una alimentación variada, equilibrada y suficiente en cantidad puede cubrir sus requerimientos nutricionales sin necesidad de suplementos alimenticios. Los alimentos aportan nutrientes junto con otros compuestos beneficiosos, como fibra, antioxidantes y fitoquímicos, que actúan de forma conjunta y no siempre pueden reproducirse en un suplemento”, precisa.
Eso sí, advierte la dietista-nutricionista clínica del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo de Madrid que los suplementos pueden ser útiles para corregir también déficits nutricionales concretos, pero no sustituyen una alimentación saludable como estamos contando.
“Los alimentos no aportan únicamente vitaminas y minerales, sino que forman parte de una compleja matriz alimentaria en la que nutrientes, fibra, y otros compuestos beneficiosos interactúan entre sí y contribuyen de forma conjunta a la salud”, remarca.

Por ello, defiende que los suplementos deben entenderse como un “complemento de la dieta”, “nunca como un sustituto de hábitos saludables como una alimentación equilibrada, la actividad física regular, o un descanso adecuado”.
De hecho, recuerda en este sentido esta experta en nutrición que, en muchos casos, los nutrientes se aprovechan mejor cuando proceden de los alimentos gracias a la interacción con otros componentes de la dieta.
“Por ejemplo, la vitamina C mejora la absorción del hierro de origen vegetal, y las grasas saludables favorecen la de las vitaminas liposolubles (A, D, E y K). Esto no significa que los suplementos no sean útiles. Pueden ser una herramienta eficaz cuando existe una deficiencia o una necesidad concreta, pero siempre como complemento de una alimentación saludable”, añade María Muñoz Yuste.
“El principal mensaje es que los suplementos no son un sustituto de una alimentación saludable ni una garantía de mejor salud. Antes de tomar cualquier suplemento, conviene preguntarse si realmente existe una necesidad y consultar con un profesional sanitario.», subraya.
«La base de una buena salud sigue siendo una alimentación equilibrada, actividad física regular, descanso adecuado y hábitos de vida saludables. Los suplementos pueden ser útiles en situaciones concretas, pero su uso debe basarse en la evidencia científica y ser completamente individualizado”, concluye esta dietista-nutricionista del Hospital Ruber Juan Bravo.



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