tóxicos ambientales en nuestras casas

Tóxicos invisibles nos amenazan dentro de casa: dos expertas nos ayudan a desenmascararlos

Ángel Alonso Giménez | María Abad: foto y video |

Asustaría convertirse durante unos minutos en una partícula de polvo y flotar en el interior de una casa, la tuya, la mía. Veríamos un sinfín de agentes tóxicos, flotando también. Asustaría infiltrarse durante unos segundos en un producto de limpieza con fragancia de limón. Bucearíamos por entre un ejército de minúsculos enemigos de nuestra salud. 

Respiramos, tocamos y comemos, constantemente, dentro de casa, tóxicos ambientales. Convivimos en nuestro salón con polvo tóxico, nos sentamos en sofás con retardantes de llama, comemos productos sin nutrientes pero con xenobióticos, dormimos con las cabezas envueltas en radiaciones no ionizantes… ¿A qué nos referimos?

EFE Salud reunió a la arquitecta Rita Gasalla, presidenta del Observatorio de Arquitectura Saludable, y a la médica Pilar Muñoz-Calero, especialista en medicina ambiental, para que nos contaran qué amenazas tenemos dentro de nuestros casas, o para ser más preciso, dentro de lo que comemos en casa, dentro de lo que usamos para limpiar la casa, dentro de los materiales que la construyen…

Rita Gasalla y Pilar Muñoz-Calero en EFE, antes de la grabación. EFE/María Abad

Lo haremos en dos fases, la de la construcción de la vivienda, en la que Gasalla nos irá guiando, y la de la habitabilidad, para lo que contaremos con la información de Muñoz-Calero.  

Primera parte: la construcción de la vivienda

Dado que el Instituto Nacional de Estadística señala, con datos del censo de 2025, que el 80 % de la población española reside en áreas urbanas, la vivienda que hemos imaginado para hacer este reportaje es un piso.

Paso inicial: el lugar dónde se levantará el bloque o la urbanización. Gasalla, que además de arquitecta, es CEO de la empresa Galöw Arquitectura Saludable, recalca la importancia de que tengamos cerca “zonas caminables que ayuden a prevenir el sedentarismo”, y sobre todo, zonas verdes que faciliten “la conexión con la naturaleza”. Lugares, en definitiva, que permitan “dar un paseo” y, esencial, “socializar”. 

“Dentro de los componentes de la salud está la salud social, el bienestar social, que nos encontremos los unos con los otros. No podemos vivir sin el contacto con los demás; la soledad no deseada mata”, zanja. La peatonalización se vuelve fundamental, al igual que la organización de las plazas. 

Bueno que haya árboles de hoja caduca para que en invierno, al caer la hoja, dejen pasar el sol, y para que en verano, al estar las copas pobladas, creen espacios de sombra. Muy bueno que haya bancos alineados en forma de L o V porque, así, las personas (mayores, principalmente) que se sienten se verán las caras y sentirán ganas de hablar.

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Plaza de Callao y la Gran Vía de Madrid. EFE/Rodrigo Jiménez

Vale… ¿Y en barrios ya hechos en los que no hay esas zonas verdes, esas plazas con árboles y bancos? Gasalla plantea acometer reformas que apuesten por pavimentos adecuados frente al exceso de calor, una de las principales amenazas ambientales a las que se enfrenta España, y que prioricen la sombra y “láminas de agua”. Urbanismo de elección, lo llama. Urbanismo encaminado a proteger la salud de la ciudadanía.

Cuidado con el gas radón

Recuerda la arquitecta que la ciudadanía pasa el 90 % de su tiempo en el interior de una casa. Habrá que poner atención, pues, en cómo se diseña.

El eje será la luz. La orientación sur-sureste se vuelve prioridad, más en España. Se trata, incide, en que entre el sol en invierno y que en verano prevalezca la sombra. También, clave, los elementos naturales que abunden en el lugar. Cuidado si es una zona granítica por la presencia “segura” de gas radón debido al uranio, que “se va degradando y va saliendo a la atmósfera” y que, por tanto, respiramos.

Puntualiza Gasalla que en exteriores no afecta, pero sí en interiores, lo que exige aislamientos concienzudos, en especial en los sótanos para que el gas no suba y entre en la vivienda. 

Un apunte: en el dibujo de los accesos al edificio es destacable el lugar que ocupen el ascensor y las escaleras. Optar por una disposición que anteponga las segundas al primero propiciará que las personas que puedan hacerlo, suban escalones. Ejercicio. Movimiento. Arquitectura de elección, también, como recuerda la experta.

Medir la calidad del agua

Del dibujo de la vivienda, además de la prevalencia de la luz solar, cabe recalcar la facilidad de ventilación cruzada y que ésta se efectúe de “manera natural” mediante apertura de ventanas o, si no fuera posible, porque hace mucho calor fuera, o mucho frío, mediante sistemas activos. Gasalla defiende “fuentes de energía sostenible”. 

Como defiende medir la calidad del agua del enclave con el fin de, si fuera necesario debido a alta presencia de cal, por ejemplo, instalar filtros idóneos.

Rita Gasalla. EFE/María Abad

Deseable, por otro lado, que haya terrazas amplias, orientadas al sur, “diseñadas para poder estar allí en la medida de lo posible, útiles para salir y que dé un poquito el aire” o para estar con la familia. “Un punto de encuentro”, en definitiva. 

Otro punto de encuentro sería la cocina, en donde, además de colocar “electrodomésticos lo más saludables posibles”, se reunirían las familias. “En España tenemos una tradición de cocina espectacular. (…) Me parece esencial que haya esa cocina en donde cada uno vaya aportando, y se vayan encontrando y teniendo experiencias familiares relacionadas con la cocina. (…) Es un momento de tener una experiencia bonita y de trasladar la cultura culinaria familiar”.

Los campos electromagnéticos

Pasemos a los dormitorios. La presidenta del Observatorio de Arquitectura Saludable hace hincapié en que estos no deben estar cerca de la cocina, de la caja de ascensores o de centros de transformación. Advierte: “Es de las cosas que más daño pueden llegar a hacer”.

“Cuando tiramos un cable por el cabecero de la cama, en donde vamos a tener la cabeza unas ocho horas al día, somos electricidad andante”, afirma Rita Gasalla

¿Por qué? Pongamos atención. “Tenemos un montón de radiaciones no ionizantes que pueden llegar a afectar a nuestro cuerpo. (…) Una corriente eléctrica que va por un cable genera a su alrededor un campo magnético que es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia”. Y añade: “Cuando tiramos un cable por el cabecero de la cama, en donde vamos a tener la cabeza unas ocho horas al día, somos electricidad andante”.

Un ejemplo que ayude a entenderlo. Un ejemplo que, seguro, nos suena. “Cargar el móvil en la mesilla”. La arquitecta explica: “Todos necesitamos el móvil, o casi todos, pero vamos a enchufarlo para cargarlo lo suficientemente lejos de nuestro cuerpo”. Vamos, que tengamos lejos de la cama cualquier aparato que “necesite un transformador”.

Así que el trazado de los cables en los dormitorios es fundamental, y mejor que no pasen por detrás de nuestras cabezas mientras dormimos. Un arquitecto/a puede ayudar mucho en ello. “Siempre colocamos unos interruptores que al final cortan la corriente, hacen una zona blanca en los dormitorios”, apunta.

Efectos a tener en cuenta: en la calidad del sueño.

Segunda parte: la vida en la vivienda

Habrán oído hablar de los disruptores endocrinos, de su masiva presencia, de su nociva influencia. Antes de entrar a vivir en la vivienda, vamos a parar un ratito para que Muñoz-Calero nos recuerde qué son y por qué hay que tenerlos muy en cuenta. 

La médica, como apunte, es una de las principales especialistas españolas al respecto, creadora de la Cátedra Extraordinaria de Patología y Medio Ambiente en la Universidad Complutense de Madrid y presidenta de la Fundación Alborada, dedicada justo a divulgar sobre estos tóxicos ambientales.

Un disruptor endocrino es “un alterador hormonal”. Y prosigue en estos términos: “Hoy día, los tenemos prácticamente en todas partes. Son contaminantes, son realmente muy peligrosos, porque tienen unas características especiales que incluso han cambiado un poco lo que sería el concepto clásico de toxicología”.

Otro apunte dentro del apunte porque… ¿A qué se refiere?. “Normalmente siempre hemos sabido que a mayor dosis ante un contaminante, lógicamente mayor daño. Sin embargo, con los disruptores endocrinos no hay ninguna dosis segura, es decir, incluso a dosis muy pequeñas, muy muy pequeñas, infinitamente pequeñas, pueden ser incluso a veces más peligrosas que dosis más elevadas”. 

El polvo que respiramos

Los disruptores están, también, en los textiles. En los de nuestra ropa. En el tapiz del sofá. 

Cuenta Muñoz-Calero que el polvo que hoy pulula por el interior de las casas no se parece al de antes. ¿Y eso? “Analizas ese polvo y se llama polvo tóxico porque realmente una gran cantidad de ese polvo está formado por fibras textiles” presentes en “las tapicerías, las alfombras, la ropa”. “Tienen muchísimos contaminantes”, zanja.

«Si nosotros inhalamos ese polvo tóxico y entra el bromo en nuestro organismo, compite con el yodo y no se forma la hormona tiroidea”, subraya Pilar Muñoz-Calero

Por ejemplo, “retardantes de llama”. La explicación es gráfica. Y asusta un poco. Imaginemos que “estás fumando un cigarro (no lo hagas, *nota del redactor) y se te cae en el sillón y te hace un agujero, pero no se quema ¿Por qué? Porque son retardantes de llama, sustancias ignífugas que son muy peligrosas” debido a la incidencia en casos de hipotiroidismo.

Es así porque “tienen bromo, que pertenece al mismo grupo del yodo, es decir, a los halogenados”. Entonces, ¿qué problema hay? “Que para formar la hormona tiroidea T3, que es la hormona activa, necesita de yodo, pero si nosotros inhalamos ese polvo tóxico y entra el bromo en nuestro organismo, compite con el yodo y no se forma la hormona tiroidea”.

Los alimentos que comemos

Vas al supermercado, vuelves a casa, recoges la compra, llenas el cubo amarillo en seguida. Plástico por todos lados, y en los plásticos hay unos disruptores llamados ftalatos, usados para hacerlos más blandos (cómo se arrugan, ¿verdad?).

Pero lo que comemos, además, tiene alrededor, imposible verlas, partículas perjudiciales. Afirma la especialista en medicina ambiental: “Una lechuga puede llegar a tener de siete a diez tratamientos diferentes de plaguicidas. El tomate, cuatro o cinco”. 

Claro, no podemos dejar de comer. “Pero es algo que se puede evitar (…) Tú sí que puedes poder elegir tu alimento”. Recuerda que hay productos con sellos que indican regulación estricta, en los que “se minimiza muchísimo la exposición a pesticidas». Son los productos ecológicos, que son más caros, no obstante. 

Pilar Muñoz-Calero. EFE/María Abad

La especialista plantea reparar en el coste de las enfermedades a las que nos puede abocar la ingesta de alimentos atiborrados de pesticidas y reivindica un estudio de Dolores Raigón, ingeniera agrónoma en la Universidad Politécnica de Valencia, que lleva años comparando las propiedades de las naranjas ecológicas con las de las convencionales.

“Más o menos la vitamina C que puede tener una naranja ecológica, para conseguir la equivalencia en naranjas convencionales, tendrías que comprarte de seis a ocho. (…) Nos tomamos alimentos vacíos de nutrientes”, pero con “pesticidas, herbicidas, aditivos, colorantes, saborizantes” que nuestro organismo “no puede transformar en el anabolismo”. Recuerda que “los contaminantes se llaman xenobióticos” y que ‘xeno’ significa “extranjero”. 

“Así que nuestro cuerpo dice: ‘y ahora, ¿qué hago con esto? No lo puedo convertir en un lípido, no lo puedo convertir en una proteína. Pues lo acumulo y lo acumulo, y eso es después la causa de multitud de enfermedades”, sentencia.

Los productos con los que limpiamos

Por ir directo al grano aquí. En palabras de la experta: si en el etiquetado del producto de limpieza pone “‘fragrance’ o ‘parfum’”, huye.

“¿Qué quiere decir? – reflexiona – Que es el secreto comercial, es decir, ahí pueden poner hasta tres mil contaminantes y no tienen por qué decir qué tipo de contaminantes son”. Si aparece ‘fragance free’, huye también.

La explicación química es de esas que conviene saber: Esas fragancias son “terpenos”, o sea, el olor a limón, a pino, y entonces…

“Tú estás limpiando con eso en tu casa. Abres la ventana para ventilar. Entra ozono. El ozono se mezcla con este terpeno, con este fragancia, y se genera formaldehído, que es cancerígeno, reconocido por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, que pertenece a la Organización Mundial de la Salud”.

Anexo: ¿te gustan las velas aromáticas? “Pues se han hecho estudios en los cuales vemos que se genera tal cantidad de dióxido de nitrógeno que incluso supera los límites propuestos por la Organización Mundial de la Salud”, subraya Muñoz-Calero.

Los móviles con los que vivimos

Antes habló Gasalla de las radiaciones no ionizantes. Muñoz-Calero las cita también para diferenciar éstas de las radiaciones ionizantes, que provienen de una radiografía, de un TAC, etcétera. Pero las primeras, recalca, provienen de los teléfonos móviles, de las conexiones wifi, bluetooth, las inalámbricas en general. Las del microondas también.

“Se piensa que realmente no son dañinas porque no tienen la suficiente intensidad para ionizar una molécula, separarla y provocar daño”, apunta la experta antes de aclarar que los estudios recientes que así lo certifican usan el corto plazo y se atienen a los efectos térmicos. 

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EFE / Luis G Morera

Pero resulta que estas radiaciones generan lesiones por efecto acumulativo, por lo que hay que analizarlos a largo plazo y en función de los efectos biológicos, no sólo térmicos. La exposición continuada a estas radiaciones, a largo plazo, conviene remarcar, provocan “estrés oxidativo, neurodegeneración, todo un proceso inflamatorio en el cuerpo”. 

Así que móviles lejos, sobre todo cuando dormimos. ¿Y la alarma para despertar? Como dice la experta: mejor comprarnos aquellas alarmas antiguas.

Dos corolarios para terminar:

Pilar Muñoz-Calero: “Tenemos sesenta billones de células que viven de aire limpio, de agua limpia y de alimentos limpios, y prácticamente ninguna de esas tres cosas lo están”.

Rita Gasalla: “Pasamos el 90 % de nuestras vidas, de promedio, en el interior. La contaminación exterior es tremendamente dañina, pero en el interior el aire está aún más contaminado. Nos exponemos a más contaminantes dentro de nuestras viviendas”.

Y dos propuestas:

Pilar Muñoz-Calero: “Más información. Es superimportante porque además hay suficientes evidencias científicas que ya dicen que esto es peligroso y es dañino. ¿Cómo es posible que mis alumnos de la carrera de Medicina, en mi asignatura, no hayan oído hablar de esto?”.

Rita Gasalla: “Cuando hablamos de construir ciudades o transformar ciudades, y edificios, tenemos que preguntarnos en para quién es todo esto. Es para las personas. Si nos hacemos esa pregunta, sabremos cómo actuar y cómo legislar para acelerar al máximo todos esos cambios reglamentarios y normativos, y eliminar los tóxicos”.

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