A Ana Rubio le aseguraron en el hospital que su hijo Marcos no llegaría al año de edad. Pero fueron pasando los días, los meses y hasta la década, y el pequeño seguía en casa. Ana dejó de "enterrar" a su hijo constantemente para asegurarse de que, viviese lo que viviese, lo hiciese feliz y sin dolor. Hoy, Marcos tiene 11 años y recibe cuidados paliativos por una malformación congénita...