El conocimiento de las mutaciones moleculares, los biomarcadores de cada cáncer, conforman la denominada Medicina de Precisión que permite tratamientos más personalizados y efectivos.
Y sobre ello trata en su artículo el doctor José Javier Gómez Román también jefe de Servicio de Anatomía Patológica del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander.
Investigador responsable del grupo de Anatomía Patológica y Patología Molecular del Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla y del grupo de Medicina de Precisión, Traslacional y Aplicada (PTA-Med) del Departamento de Ciencias Médicas y Quirúrgicas de la Universidad de Cantabria.
El doctor es responsable de la puesta a punto y realización de biomarcadores moleculares para la medicina personalizada en oncología con desarrollo preferente de aquéllos relacionados con cáncer de pulmón.
Biomarcadores en cáncer: ¿Cómo mejorar la supervivencia con un diagnóstico más preciso?
José Javier Gómez Román
El cáncer es una enfermedad de base genética pero que generalmente no es hereditaria. Esto es así porque las células que lo originan son las únicas que tienen alteraciones en sus genes producidas por diferentes estímulos (tabaco, agentes ambientales, radiación ultravioleta, etc.…). Así, cada célula puede acumular una o varios cambios en los genes (mutaciones) que las hace específicas y especiales.
Por tanto, no existen dos cánceres iguales ya que, aunque el órgano de origen sea el mismo, su perfil de mutaciones los hace diferentes. Hasta ahora, clasificábamos los cánceres basados sobre todo en su aspecto morfológico a partir de tomas de biopsias. De esta forma, el número que éramos capaces de distinguir era relativamente pequeño (unas 250 enfermedades). Sin embargo, al poder analizar las variantes que aparecen en los genes aumentamos los tipos y conocemos más en profundidad sus características determinadas.
Esto que puede parecer sólo investigación es la base de la Medicina Personalizada o de Precisión en el campo del cáncer. Si conocemos qué mecanismos se han roto en una célula tumoral podremos sintetizar fármacos específicos dirigidos únicamente a esa alteración estructural, produciremos menos efectos secundarios y el tratamiento será más específico.
Para ello, necesitamos en primer lugar una muestra de tejido (biopsia), observar las células que las componen al microscopio y confirmar así que estamos delante de una neoplasia. Una vez hecho esto, procederemos a extraer los ácidos nucleicos de las células tumorales (el ADN y ARN) y los examinaremos con técnicas avanzadas que permiten ver la secuencia de bases y si esta está alterada en algún punto. Las técnicas de secuenciación masiva (NGS, por sus siglas en inglés, de next generation sequencing) permiten hacer esto a gran escala.
Y al final, si encontramos una mutación que tiene desarrollado un fármaco específico se podrá proporcionar al paciente. E incluso si se conoce algún ensayo clínico disponible se informa al paciente de su existencia.

Esas mutaciones del cáncer son lo que llamamos biomarcadores o dianas moleculares y esta es la labor que se desarrolla en los Servicios de Anatomía Patológica. Los profesionales que se dedican a este tipo de diagnósticos avanzados son médicos patólogos, biólogos o titulados superiores y técnicos de laboratorio fundamentalmente. Esta información se transmite a los oncólogos médicos que son los encargados de tratar al paciente.
En el caso del melanoma (tumor maligno de la piel relacionado con la exposición solar), la detección de mutaciones en un gen que conocemos como BRAF permite tratar a los pacientes con un fármaco específico que aumenta de manera muy significativa la supervivencia con muy escasos efectos adversos.
La Medicina de Precisión en la oncología tiene además otras indicaciones como son el seguimiento o monitorización de los pacientes mediante la biopsia líquida. Si conocemos los cambios en los genes podemos intentar detectar si estos vuelven a aparecer en la sangre de los pacientes incluso antes de que comiencen a presentar síntomas. E incluso podemos ver cómo cambian las células a tiempo real adaptándose a los tratamientos, permitiendo adecuar el mejor tratamiento para cada momento de la enfermedad.
En el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla hemos sido pioneros en el desarrollo de estas técnicas y el diagnóstico molecular avanzado lleva funcionando desde finales de la década de los 90 del siglo pasado. En la actualidad, realizamos más de 6.000 análisis moleculares de pacientes con cáncer al año, de los que entre 2.000 y 2.500 corresponden a pruebas de NGS. Esto supone alrededor del 70 % de los pacientes oncológicos.
Mediante esta aproximación podemos decir que, alrededor de un 30 % de los pacientes con cáncer diagnosticados en nuestro centro, han cambiado el tratamiento hacia pautas más específicas y con menor toxicidad que la quimioterapia clásica.
El diagnóstico precoz y el avance en el diagnóstico para conocer mejor la enfermedad están conduciendo a una mejora en la supervivencia en pacientes con cáncer que ya es apreciable en los últimos diez años.
En este sentido, iniciativas como las de Fenin, a través de la plataforma Espías de Laboratorio, para divulgar la labor de los servicios centrales de diagnóstico y, en concreto de la Anatomía Patológica, son de agradecer para que la población general conozca lo que hay detrás de un diagnóstico que, en muchas ocasiones, se transmite de manera fría sin conocer el trabajo de un gran número de profesionales y su ilusión por mejorar la vida de los pacientes.



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