Vuelve el cambio de hora. En la madrugada del domingo 26 de octubre los relojes se atrasarán una hora, de forma que a las tres serán las dos. A partir de entonces, y hasta la primavera, amanecerá y anochecerá más pronto. Varios expertos sostienen que el horario de invierno es el que más beneficia a la salud porque, entre otras cosas, permite un mejor descanso.
Con motivo del cambio horario, en EFE Salud hacemos un repaso de los efectos que puede ocasionar al organismo, si es más saludable el de invierno o el de verano, y recopilamos consejos para afrontar mejor el retraso de nuestros relojes.
Propuesta recuperada
Esta semana, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anunció que España propondrá a la UE acabar definitivamente con el cambio de hora en Europa porque, a su juicio, ya no tiene sentido.
Además, dijo Sánchez, los ciudadanos piden que no se cambie la hora y la ciencia asegura que ya no supone un ahorro energético y trastoca los ritmos biológicos.
La ministra de Sanidad, Mónica García, señaló entonces que «el argumento de la salud tiene que ir por encima de cualquier otro en este asunto».
«En ocasiones los cambios horarios producen insomnio o malestar por no estar acompasados nuestros biorritmos con los de la naturaleza. Yo creo que es necesario entrar en este debate a través de la puerta de la salud», apuntó la titular de Sanidad.

El debate sobre acabar o no con el cambio de hora se inició en Europa en 2018, cuando el entonces presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, anunció una propuesta legislativa para poner fin a los cambios horarios, tras haber escuchado a millones de ciudadanos que manifestaron su opinión a través de una consulta pública.
El Gobierno español entonces avaló la propuesta europea, aunque no se pronunció si se debería adoptar el horario de verano o el de invierno permanentemente.
Los beneficios del horario de invierno
La Sociedad Española del Sueño (SES) ha apostado por mantener el de invierno por ser el más beneficioso para la salud y porque el de verano provoca que se duerma menos.
A juicio de los expertos de la SES, el horario invernal promueve un ritmo biológico más estable que el del verano, con lo que contribuye a mejorar el rendimiento intelectual y a disminuir la aparición de enfermedades como las cardiovasculares, la obesidad y el insomnio.
Y sería más beneficioso para la población, sobre todo para los grupos más sensibles, como son los niños y las personas de edad avanzada, según esta sociedad médica.
Un estudio mundial, publicado el pasado mes de marzo y en el que participa el departamento de Fisiología de la Universidad de Granada, también destaca los beneficios del horario de invierno en detrimento del de verano.
El trabajo argumenta que las variaciones de luz a lo largo de las estaciones son suaves para permitir la adaptación humana, suavidad que el cambio al horario de verano rompe.
Además, el horario de invierno evita el exceso de luz por la tarde/noche, considerado perjudicial para la salud al alterar el sistema cronobiótico de las personas.
También hay contras
Pero el acortamiento de los días también puede pasar más factura de lo normal en el estado de ánimo, según varios expertos, como el psicólogo clínico y neuropsicólogo José Antonio Portellano.
No obstante, la variación de la exposición a la luz solar afecta a casi todo el mundo pero para que haya un trastorno afectivo estacional hay una serie de síntomas que deben ser intensos y prolongarse en el tiempo.

Y es que a luz solar tiene una actividad estimulante en nuestro sistema nervioso: ayuda a la producción de dos sustancias que están íntimamente relacionadas con la regulación del sueño y con el estado de ánimo, que son la melatonina y la serotonina.
La disminución en la producción de serotonina, un neurotransmisor que condiciona el estado de ánimo, favorece la tristeza, la melancolía, en definitiva, la incapacidad para disfrutar de las cosas que antes disfrutábamos.
España, con más trastornos
Al margen de cuál es el más beneficioso, el cambio de hora de verano a invierno y viceversa, aunque solo sea una hora de diferencia, tiene efectos en la salud.
Desde la Asociación Española de Pediatría sostienen que los cambios bruscos de horarios provocan que nuestro sistema neurohormonal, de cortisol, de melatonina, de serotonina, de colesterol, que tiene su propio círculo biológico, se desajuste notablemente.
Y desde la Sociedad Española de Neurología han recalcado en ocasiones que los trastornos por el cambio horario se registran más en España que en otros países, porque está fuera de la franja horaria que le corresponde, ya que, siendo el país europeo más al oeste, se sigue manteniendo el horario de los del este.

Consejos de adaptación
Y como este año, de momento, seguimos con el cambio de hora y no queda nada para ello, puedes seguir estos consejos de la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp) para adaptarte de la mejor manera posible:
- Establece una rutina de sueño con horarios fijos para dormir y despertarte. Esta regularidad facilitará la adaptación de tu organismo al nuevo horario.
- Evita las siestas hasta que te hayas acostumbrado al nuevo horario, para evitar los desajustes en tus ritmos de sueño y vigilia.
- Esquiva las cenas pesadas y no te acuestes inmediatamente después. Es mejor tomar alimentos ligeros y con poca grasa y dejar pasar al menos una hora antes de irte a dormir.
- Reduce el consumo de cafeína y otros excitantes, no son buenos aliados para adaptarte al nuevo horario.
- Si vas a practicar ejercicio, hazlo varias horas antes de dormir, ya que la actividad física intensa puede producir insomnio.
- Evita las luces brillantes, especialmente de móviles, tablets, ordenadores o televisores, antes de dormir. Su uso prolongado altera los ritmos circadianos y reduce la calidad del sueño.
Y para la infancia…
Los niños son de los que más pueden notar este cambio y si afecta a los adultos, en el caso de los menores puede acentuarse, tal y como señala el Hospital Sant Joan de Deu, de Barcelona. Así pues es normal que puedan estar más nerviosos, somnolientos, irritables o de mal humor.
Para una mejor adaptación de los menores:
- Es aconsejable que unos días antes se adelanten de forma progresiva sus actividades rutinarias, como unos 10 ó 15 minutos cada día, de forma que la transición no sea tan brusca.
- En cuanto al sueño, es importante realizar la adaptación los días previos, de forma que si el niño suele acostarse a las 21 horas, se vaya a la cama diez o quince minutos antes. Con el despertar, igual.
- Por la mañana es recomendable aumentar la exposición a la luz solar en su habitación y en casa, para favorecer la adaptación. Ir caminando al colegio o la ‘guarde’ permite mayor exposición a la luz diurna y estimula la producción de serotonina.
- Siesta: Durante las primeras horas de la tarde para disminuir la sensación de cansancio, pero no debe ser más larga de lo habitual. Para los niños más mayores, en edad escolar, no debe superar la media hora y solo durante los primeros días de adaptación al cambio de hora.



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