Cepillo de dientes
EFE

Guía básica para una higiene dental correcta: frecuencia, técnica y cuándo renovar el cepillo

Cambiar el cepillo dental a tiempo es una de esas rutinas que parecen menores, pero que marcan la diferencia entre un cepillado eficaz y uno “de compromiso”. La recomendación general de las principales organizaciones odontológicas es sencilla: sustituir el cepillo cada tres o cuatro meses, tanto si es manual como si es eléctrico (en este caso, cambiando el cabezal).

“Por lo general, el cepillo dental debe sustituirse cada tres o cuatro meses, con el fin de garantizar su eficacia y prevenir la proliferación de microorganismos”, explica la doctora Raquel Menacho García, odontóloga de la Unidad Dental del Centro Médico Quirónsalud Toledo.

El uso pasa factura

¿Por qué ese margen de tiempo? Porque el uso diario pasa factura. Con las semanas, los filamentos se abren, las cerdas pueden decolorarse y el cepillo pierde capacidad para eliminar la placa bacteriana, lo que dificulta una limpieza bucal óptima, explica la doctora Menacho.

Y cuando un cepillo deja de “barrer” bien, suele quedarse corto precisamente en las zonas más delicadas: el margen de la encía y los recovecos donde se acumulan restos de comida y biofilm.

El problema no es solo estético o de comodidad. Un cepillo deteriorado puede limpiar peor y dejar áreas susceptibles a la acumulación de placa. Además, con el tiempo, el desgaste y la pérdida de firmeza pueden contribuir a molestias y a un cepillado menos preciso, con el consiguiente impacto sobre encías y esmalte.

Hay otra razón importante: la contaminación microbiana. La boca alberga millones de microorganismos y, al ser una cavidad abierta al exterior, el cepillo se contamina inmediatamente después del uso. Con el uso continuado puede aumentar la cantidad de microorganismos, de ahí que el recambio periódico sea una medida razonable de higiene, comenta la doctora Menacho.

cepillo dental
Eva Tavira, higienista dental, y Raquel Menacho, odontóloga, de la Unidad Dental del Centro Médico Quirónsalud Toledo. Foto cedida

Situaciones especiales para el cepillo dental

Aunque el calendario de tres a cuatro meses es una buena norma general, hay situaciones en las que conviene adelantar el cambio, apunta Eva Tavira Mora, higienista dental de la Unidad Dental del Centro Médico Quirónsalud Toledo. Si has estado enfermo o has tenido una infección oral, lo prudente es reemplazar el cepillo dental de inmediato para evitar una posible reinfección.

En niños, el recambio puede necesitar más frecuencia: tienden a masticar o apretar más durante el cepillado, lo que acelera el desgaste.

También pueden requerir cambios más frecuentes las personas con gingivitis o periodontitis, infecciones, herpes o aparatos de ortodoncia, por la combinación de mayor acumulación bacteriana y pérdida de eficacia del cepillado.

La conservación diaria ayuda, pero no sustituye al recambio. No se debe compartir el cepillo y conviene reducir la humedad y favorecer el secado. El ambiente donde se guarda influye: si es húmedo, puede favorecer la proliferación bacteriana. Si se usa capuchón, mejor que tenga orificios para ventilar y, sobre todo, colocarlo solo cuando el cepillo esté seco; si no hay capuchón, lo aconsejable es dejarlo destapado para que ventile al aire.

Y como recordatorio final, la higienista dental de la Unidad Dental del Centro Médico Quirónsalud Toledo, insiste en un gesto sencillo que alarga la vida útil del cepillo entre cambios: “Al finalizar el cepillado hay que enjuagar el cepillo con agua y eliminar el exceso de humedad y guardarlo con el cabezal hacia arriba y al aire”.

Cada cuánto hay que lavarse los dientes

No solo es importante cambiar, las expertas explican cada cuánto tiempo es aconsejable cepillarse los dientes para mantener una higiene bucodental correcta. La doctora Menacho recuerda que se deben cepillar los dientes “al menos tres veces al día, después de cada comida, siendo la de la noche la más importante”.

Asimismo, explica que el cepillado tiene que “durar 2- 3 minutos, como parte de una pauta fundamental para eliminar la placa bacteriana y reducir el riesgo de caries y gingivitis”. Aunque la doctora apunta que “lo ideal sería lavarse los dientes después de cada comida”, especialmente en personas con ortodoncia, con enfermedades de las encías o con hábitos de riesgo como el consumo elevado de azúcares.

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