Silvia había cumplido cincuenta años de edad en el año 2002 y decidió hablar con la Dra Carmen Sala Salmerón, experta en calidad de vida de la mujer de la Clínica Gine-3 de Barcelona: «Además de sofocos, insomnio, irritabilidad y piel deslucida, mi vida sexual es un desastre», me dijo entonces.
«No lo dudé un instante: tras los análisis correspondientes y si no existen contraindicaciones, voy a recomendarte la terapia hormonal sustitutiva (THS) para que vuelvas a disfrutar de tu bienestar sin los síntomas mortificantes de la menopausia», le planteé mirándonos a los ojos.
«Pero me han dicho otr@s médic@s, al igual que algunas de mis amigas, que la etapa menopáusica es lo que toca y que los estrógenos de la terapia hormonal sustitutiva, encima, podrían originarme un cáncer de mama», objetó alertada.
«Silvia, has venido a mi consulta a buscar ayuda y yo no te voy a defraudar. Confía en mí, a pesar de la negatividad de la FDA estadounidense. La terapia hormonal sólo se puede prescribir de manera absolutamente individualizada. Cada mujer es única. No valen las generalidades», le comenté con audacia experimentada.
Una mujer convive con la función estrogénica de su etapa maternal alrededor de 38 años. Esa mujer, sin producción de estrógenos, vivirá, de media, hasta los 85 ó 90 años; por tanto, permanecerá más tiempo en periodo menopáusico que en periodo hormonal.
Y qué sucede durante este periodo, pues que los receptores hormonales estrogénicos, que se encuentran en el tracto genitourinario femenino y en las mamas, aunque también en los huesos, el cerebro, el hígado, el colon, la piel o las glándulas salivales, dejan de funcionar «de maravilla».
Cuando faltan estas proteínas celulares, deficiencia estrogénica, el impacto positivo en el cuerpo de la mujer se transforma en múltiples problemas y patologías: «Y yo no permito, si está en mi mano, que las mujeres se inclinen ante nada ni ante nadie», afirma Carmen.

La catástrofe vital de la FDA en terapia hormonal sustitutiva (THS)
Silvia comenzó a tomar THS, tras las pruebas pertinentes. Lleva 24 años con la Dra. Sala y con la terapia hormonal sustitutiva, disfrutando de una gran calidad de vida a nivel personal, familiar y social, como otras centenares y centenares de mujeres que acudieron y visitan periódicamente Gine-3.
«En cambio, qué ha pasado con los millones y millones de mujeres que no pudieron acceder a la THS por recomendación de la FDA», se pregunta Carmen Sala.
«Es más, por qué no hay reconocimientos oficiales hacia las miles y miles de mujeres que murieron de forma prematura debido a las consecuencias de la menopausia sin tratamiento», añade.
Según un estudio publicado en 2026 en Journal of IVF-Worldwide, el fallo normativo de la FDA en 2002 habría causado alrededor de 91.000 muertes prematuras entre mujeres de 50 a 59 años sólo entre ese año y 2012.
Además, la recomendación de la FDA impidió que aproximadamente 50.000.000 de mujeres recibieran un tratamiento que podría haberles salvado la vida.
La terapia hormonal sustitutiva, a menudo combinando estrógenos y progestágenos para mejorar su seguridad, se había convertido en los años 80 y 90 del siglo pasado en una de las medicaciones estrella frente a los síntomas de la menopausia.
Pero el tratamiento se paralizó después de un estudio publicado en 2002, Women’s Health Initiative. Esta investigación indicó y recalcó posibles riesgos de cáncer de mama y enfermedades cardiovasculares, entre otros efectos secundarios graves.
La THS decayó de forma mayúscula durante 23 años, hasta que la misma FDA revocó su recomendación en noviembre de 2025. Eliminó sus advertencias de recuadro negro (la más estricta por efectos adversos).
«Ha sido, y no sólo lo digo yo, el mayor error médico de la era moderna, mantenido años y años frente a las críticas científicas y la acumulación de pruebas contrarias«, subraya la Dra. Carmen Sala, tocoginecóloga, obstetra y experta en suelo pélvico.

La salud de las mujeres menopáusicas sin estrógenos y con ellos
Los síntomas durante las fases de la perimenopausia, la menopausia y la posmenopausia, provocados por el descenso del nivel de estrógenos, serán de intensidad muy variable en función de cada mujer.
«Hablamos de disparidad de ciclos menstruales; sofocos -calor repentino en la parte superior del pecho y la cara-; sudores nocturnos, con fatiga e irritabilidad; atrofia vulvovaginal; alteración de los estados de ánimo; y disminución del deseo sexual», describe la ginecóloga.
Pero también molestias articulares, desarrollo de osteoporosis, neurodegeneración (deterioro cognitivo y disminución de la neurogénesis -formación de nuevas células-), aumento de peso, debilitamiento capilar y pérdida de elasticidad cutánea.
Y vitalmente importante, la menopausia acentúa las patologías cardiovasculares, como los ictus cerebrovasculares y los infartos de corazón.
La Dra. Sala pone de ejemplo ilustrativo unas declaraciones recientes de la cardióloga Antonia Sambola al diario La Vanguardia.
«La enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte femenina a nivel mundial: los estrógenos nos protegen y, al desaparecer durante la menopausia, nuestro sistema cardíaco queda más expuesto a las lesiones isquémicas», ojea directamente Carmen en La Contra, contraportada que tanto le gusta leer.
Las pruebas actuales demuestran que la THS iniciada en los diez años siguientes a la menopausia reduce entre un 25-50 % los eventos cardiovasculares mortales.
En este mismo sentido, la THS previene la ateroesclerosis, ayudando a metabolizar los lípidos.
Pero no queda ahí este tipo de prevención. La terapia hormonal sustitutoria aminora el deterioro cognitivo en un 64 %, la enfermedad del alzhéimer en un 35 % y otro 50-60 % las fracturas óseas.
Para la ginecóloga, no haber hecho frente a la menopausia con THS durante una generación, «más allá de tratar los sofocos o el insomnio», obedece a «las dudas, falta de información y escasez de centros especializados»; incluso a la «falta de interés y formación» de l@s médic@s.
Y curiosamente, desde que la FDA eliminó el recuadro negro de la THS a finales del 2025 , brotan las clínicas y l@s especialistas en menopausia a modo de champiñones.
«Hemos pasado de la cancerofobia activa y displicente a pensar: ¡uhmmm!, ahora me conviene… ¡Ojo con l@s expert@s que poseen un título en menopausia y THS tras un cursillo de tres meses!», señala Carmen Sala empleando un 0 % de ironía.
«Somos muy pocas y pocos l@s profesionales que jamás hemos dado la típica palmadita en la espalda a las mujeres diciéndoles que la menopausia es ‘lo que toca’… Yo he sido audaz y valiente. Y siempre he ofrecido terapia hormonal a mis pacientes», dice alto y claro, con orgullo ginecológico.
«Silvia… Y Montse, Júlia, Laia, Aina, Ángels, Núria, Carme o Meritxell, multiplicadas por decenas y cientos, me han mirado a la cara en la consulta y me han dicho… Si tú me recomiendas esta terapia hormonal, yo la acepto… Una frase que agradezco en el alma.
Y todavía me siento mucho más agradecida y satisfecha, a modo de enorme recompensa, cuando tiempo después, desde la misma silla, me sueltan con voz sincera… «Carmen, ahora estoy estupenda».
Por cierto, ¿y quién va a indemnizar económicamente a esta generación de mujeres que han padecido días tras día los efectos de la menopausia durante 23 años sin poder recurrir a la terapia hormonal sustitutiva?, concluye Carmen Sala con una pregunta dirigida al mundo globalizado.



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