Retinopatía

Retinopatía del bebé prematuro, bajo la lupa maestra

«Si la vascularización completa de la retina se alcanza en torno a las semanas 36 ó 40 del embarazo, un nacimiento precoz, sobre todo por debajo de la semana 25, puede conllevar retinopatía de la prematuridad», explica el Dr. Manuel Sánchez Luna, jefe del Servicio de Neonatología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

La retinopatía de la prematuridad (ROP) es una patología de los vasos sanguíneos de la retina, como pueda suceder también en otros órganos corporales, que «se produce por la interrupción abrupta del desarrollo fetal en el útero materno», destaca el también catedrático de Pediatría de la Universidad Complutense de Madrid.

La gestación de un bebé, desde el primer día de la última menstruación, dura alrededor de 40 semanas y se considera a término si el nacimiento acontece entre la semana 37 y la 41 ó 42. El primer trimestre de embarazo discurre hasta la 13 ó 14, el segundo hasta la 27 y el tercero desde la 28 hasta el día del parto.

Se considera prematuridad de límites viables entre las 22 y las 25 semanas de la gestación; y se habla de bebés prematuros extremos por debajo de las 28 semanas; de muy prematuros entre las 28 y las 31; de prematuros moderados en las 32 y 33 semanas; de prematuros tardíos entre las 34 y 37 semanas; y de bebés postérmino si nacieron más allá de la semana 42.

«El desarrollo normal del feto es fundamental para que no haya complicaciones a medio y largo plazo después del parto: cuando estas niñas y niños nacen de muy precozmente sabemos que sus niveles sistémicos y orgánicos no se han completado como cabría esperar, lo que nos hace extremar todas las alertas», indica el expresidente de seNeo.

Cuando la prematuridad causa retinopatía

La retina, tejido sensible a la luz situado en la parte posterior del globo ocular, se divide en tres zonas: la parte central, que incluye el nervio óptico o papila; el área intermedia y la zona más periférica. A la vez, estas partes se subdividen en sectores identificables con la esfera de un reloj para identificar mejor las porciones afectadas por la ROP.

La retinopatía de la prematuridad se diagnostica en diferentes fases o grados evolutivos, desde el nivel 1, con la presencia de una línea de demarcación entre la retina vascular y la avascular, hasta el nivel 5, con desprendimiento total de la retina.

Y múltiples son los factores que pueden incidir en la aparición de la ROP: prematuridad y peso del bebé, hiperoxigenación después del nacimiento prematuro, infecciones en las tres primeras semanas de vida, displasia broncopulmonar, hemorragia intracraneal, luz ambiental, etc.

Retinopatía.

«Precisamente, es en la retina donde se focalizan grandes problemas en el desarrollo de l@s bebés que han nacido de manera muy inmadura, niños y niñas que vienen al mundo antes de la semana 25 de gestación con menos de 650 ó 700 g de peso», reitera el Dr. Manuel Sánchez Luna.

Y es el oxígeno proporcionado al bebé prematuro recién nacido una de las causas más claras de la retinopatía.

«En los años 50 del siglo XX comenzamos a utilizar el oxígeno medicalizado para tratar los problemas respiratorios de los recién nacidos, consiguiendo un descenso importante de la mortalidad. Pero, curiosamente, se detectaron, como consecuencia, graves problemas en el desarrollo de la visión en l@s niñ@s que recibieron esta ayuda cardiorrespiratoria», menciona.

El nacimiento prematuro provoca la necesidad de suplementar con oxígeno. La hiperoxia o la fluctuación en los niveles de oxígeno en sangre son factores claramente favorecederes de la ROP. Un nivel óptimo de saturación (90-95 %), estable, favorece el desarrollo vascular de la retina sin enfermedad.

«La liberación de una serie de factores, como son los radicales libres (moléculas inestables), ocasionan un crecimiento excesivo de los vasos sanguíneos en la retina. Y esta proliferación, a veces absolutamente descontrolada, puede ocasionar ceguera por desprendimiento de la retina en sus formas más severas», subraya.

«Pero no hay que alarmarse a día de hoy, sólo ser muy perseverantes en la prevención, la detección y el tratamiento de la retinopatía de l@s bebés prematur@s -asegura-, puesto que todavía debemos que controlar los riesgos de tamaña precocidad, tanto en los que nacen con menos de 25 semanas como en los que rompen a llorar antes de las 32 semanas».

En estos momentos tan delicados, además de la intervención de las diferentes especialidades médicas implicadas en la salud de los más pequeños, entran en juego los expertos y expertas en oftalmología neonatológica.

Las recomendaciones del cribado ROP indican que se practiquen en todo recién nacido con peso inferior o igual a 1.500 g, con una edad gestacional igual o menor a 30 semanas y en aquellos con un peso entre 1.500 y 2.000 g al nacimiento o edad gestacional superior a 30 semanas con riesgo de desarrollar la enfermedad.

«Los oftalmólogos indican el seguimiento del bebé prematuro a lo largo de su crecimiento postnatal para detectar cualquier incidencia ocular en el desarrollo de la retina y se pueda establecer la terapia más adecuada en cada caso», apunta.

La primera revisión oftalmológica se retrasará más cuanto más inmaduro sea el bebé prematuro, pero como norma general se acepta el cribado entre la cuarta y la sexta semana. Las exploraciones subsiguientes se realizarán en función del posible peligro de desprendimiento de retina.

En cuanto al tratamiento, en el pasado reciente se utilizaban terapias muy agresivas como era la coagulación a base de crioterapia sobre la zona de la retina avascular; o más recientemente, se emplea la coagulación de los vasos sanguíneos mediante el láser con el fin de inducir cicatrices retinianas más precisas.

A día de hoy, la oftalmología se decanta por la administración local intraocular de anticuerpos monoclonales anti-VEGF que bloquean el crecimiento de los vasos sanguíneos retinianos y la inflamación, fármaco que no genera miopía y otros efectos de refracción en el paciente neonatológico.

Gracias a los avances de los últimos años, «estas lesiones apenas se ven, ya que la intervención precoz y la vigilancia resultan fundamentales para evitarlas», matiza.

«El riesgo de retinopatía de la prematuridad existe, aunque ahora controlemos muchos de los factores causantes y dispongamos de herramientas que previenen el desarrollo de una enfermedad que puede conllevar ceguera relacionada con la fibroplasia retrolental, la lesión terminal de la retina», advierte.

«Los bebés con gran inmadurez, por debajo de las semanas 24 y 25 tienen que ser atendidos, cuidados y vigilados en centros especializados, que dispongan de todas las especialidades médicas relacionadas, incluyendo la oftalmología, la mejor estrategia para evitar la ceguera», concluye el Dr. Manuel Sánchez Luna.

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