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Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos. Foto cedida

Las farmacias durante la pandemia, en primera línea contra la covid

Hace cinco años, en la pandemia, las farmacias nunca cerraron sus puertas: "Los farmacéuticos nunca colgaron su bata blanca, ni apagaron sus cruces verdes, aunque lamentamos la pérdida de compañeros que dieron su vida en el ejercicio de su profesión". Artículo para EFEsalud del presidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, Jesús Aguilar.

Jesús Aguilar estaba al frente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos cuando en marzo de 2020 la pandemia de covid-19 irrumpió como un tsunami en España y convirtió a las farmacias en un faro para los atónitos ciudadanos. Fue elegido para este cargo en mayo de 2015 y ha sido reelegido en 2018, 2021 y 2023.

Entre otras responsabilidades actuales es vocal del Comité de Profesiones del Sector Sanitario y Social del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social; vicepresidente del Sistema Español de Verificación de Medicamentos SEVeM; vicepresidente del Sistema Integral de Gestión de Residuos SIGRE o tesorero de la Agrupación Farmacéutica Europea (PGEU).

Nacido en Burgos en 1960, Aguilar fue distinguido con la Medalla de Oro de la Real Academia Nacional de Farmacia precisamente por su dedicación al frente de las farmacias durante la pandemia y, entre otras, es académico numerario de la Academia Iberoamericana de Farmacia.

Nuevo récord contagios
Varias personas esperan en una farmacia de Santander conseguir un test de antígenos en la pandemia. EFE/ Román G. Aguilera

Las farmacias durante la pandemia, en primera línea contra la covid

Por Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos

Hace ahora cinco años, las calles se vaciaron de personas, de coches, de bullicio. Se hizo el silencio. La pandemia de coronavirus obligó a la población a confinarse en sus casas.

Sin embargo, los más de 76.000 farmacéuticos de todos los ámbitos de la profesión, desde la industria y la distribución farmacéutica a los hospitales o las farmacias comunitarias, continuaron al pie del cañón, en primera línea, junto al resto de profesionales sanitarios.

Con compromiso y valentía, arriesgaron sus vidas para atender a la población, incluso en los momentos más difíciles de la pandemia.

A pesar de la incertidumbre que también afectaba a los sanitarios, porque tenían en sus manos la responsabilidad de cuidar de la salud de los demás, las farmacias nunca cerraron sus puertas. Los farmacéuticos nunca colgaron su bata blanca, ni apagaron sus cruces verdes, aunque lamentamos la pérdida de compañeros que dieron su vida en el ejercicio de su profesión.

Gracias a esta dedicación y compromiso, los farmacéuticos garantizaron la continuidad de los tratamientos, proporcionaron información a la población sobre las medidas de prevención, recomendaron el aislamiento, facilitaron el acceso a la medicación hospitalaria a través de la farmacia comunitaria, despejaron dudas sobre la vacunación e informaron sobre las pautas de seguridad en la vuelta a la normalidad.

Siempre con una actitud proactiva y tendiendo la mano a la Administración desde el primer momento para que, entre todos, pudiéramos contener la expansión del virus.

Ayudaron en la distribución de los test, la comunicación de resultados y utilizaron la red de farmacias como una red centinela, eficaz para el cribado y detección precoz de la covid-19. Una labor que permitió identificar la necesidad de volver a vacunar cuando la inmunidad se reducía en determinados colectivos.

La farmacia española nunca dudó de que sus profesionales eran (y son) un agente tanto asistencial como de vigilancia epidemiológica y protección de la salud pública.

Un recurso muy valioso para afrontar una de las mayores crisis sanitarias de la historia. Porque la vocación de servicio y el compromiso con la sanidad pública está en la esencia de la actividad de la profesión farmacéutica, con y sin pandemia, porque ese es nuestro máximo compromiso.

Un compromiso no solo con los pacientes, sino también con los colectivos más vulnerables que tanto sufrieron en el confinamiento, personas mayores y aisladas, víctimas de la violencia de género, pacientes que tenían dificultades para acceder a su medicación, etc. Una labor titánica, sanitaria y social.

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Un cartel informa de que se realizan pruebas de antígenos dentro de una farmacia/EFE/ Mariscal

Solo en el primer mes de confinamiento, cuando nadie podía salir, más de 30 millones de personas acudieron a la farmacia; 2,2 millones de ciudadanos recibieron atención telefónica por parte de su farmacéutico, y otros 850.000, atención farmacéutica en su domicilio.

Los ciudadanos lo reconocieron y valoraron, pues la confianza de la ciudadanía en los farmacéuticos fue unánime, como así se recogió en las encuestas realizadas dos meses después de la declaración del Estado de alarma, del que ahora se cumplen cinco años.

No es de extrañar que este compromiso e importante labor en materia de salud pública haya sido reconocido hace tan sólo unos días con la inclusión de las farmacias como establecimientos sanitarios clave para el suministro de información y coordinación con la futura Agencia Estatal de Salud.

Cinco años después de que el mundo se apagara, la luz de las farmacias sigue siendo un faro de esperanza para los pacientes. Gracias a todos los que cada día lo hacéis posible.

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