matronas Congo
La enfermera Mercedes Gutiérrez (segunda por la izquierda) junto a otras compañeras de la CUN y enfermeras de la RD Congo. Foto cedida.

Objetivo: formar a matronas en el Congo, un país con alta mortalidad materna

La República Democrática del Congo tiene una alta tasa de mortalidad materna -en 2020 fallecieron 22.000 mujeres por causas relacionadas con el embarazo y el parto-. Se trata de un país en el que, por el momento, la figura de la matrona no existe. Un proyecto en el que participa la Clínica Universidad de Navarra (CUN) se centra en la formación de enfermeras para tratar de salvar vidas maternas.

El proyecto que contribuye a la formación de futuras matronas de los hospitales Monkole y Binza, en el Congo, ha recibido el Premio “Iniciativas Corresponsables” en los X Premios Enfermería en Desarrollo. EFEsalud ha hablado con una de las profesionales que participan en la iniciativa, la supervisora del área materno-infantil de la CUN en Madrid, Mercedes Gutiérrez.

La situación del país

La esperanza de vida en el Congo no supera los 60 años. Las mujeres suelen ser madres a una edad temprana y, de media, tienen unos seis hijos. Aquellas que dan a luz en hospitales, otras lo hacen en casa, son asistidas por enfermeras que no tienen formación de matronas.

«Son enfermeras parteras, que llevan toda la vida trabajando en unidades de partos, pero que les falta formación», señala Gutiérrez.

Según las estimaciones del informe «Tendencia de la mortalidad materna de 2000 a 2020», elaborado por varios organismos, entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Congo se encuentra entre los países con tasas más altas de defunciones maternas.

En concreto, la lista la lidera Nigeria, con una estimación de 82.000 muertes en 2020, lo que representa más de una cuarta parte del total. A este país le siguen India (24.000), República Democrática del Congo (22.000) y Etiopía (10.000).

El proyecto

La CUN colabora con el Instituto Superior de Enfermería de la ciudad congoleña de Kinsasa, donde una profesora de esa institución es española e hizo una estancia formativa en la sede madrileña del hospital navarro.

«Charlando con esta enfermera me contó el proyecto y yo le dije que las matronas de la clínica de las dos sedes -Madrid y Pamplona- estaban deseando poder colaborar de alguna forma. Le pareció estupendo», afirma Mercedes Gutiérrez.

Así comenzó la colaboración en este proyecto, en la que varias enfermeras de la CUN, entre ellas Domínguez, viajaron hasta el país. Previamente mantuvieron reuniones telemáticas con los profesionales de esa institución para conocer las necesidades formativas de las alumnas.

«Acompañamos en el Congo a la primera promoción de alumnas de matronas en sus prácticas para mentorizar cómo estaban llevando a cabo esa formación que estaban recibiendo. Y, además, impartimos varias sesiones de formación», afirma la enfermera de la CUN.

Empoderar a las futuras matronas

El objetivo, continúa, es intentar que las futuras matronas sigan las estrategias de las OMS encaminadas a un parto normal, en definitiva, «empoderar a estas futuras matronas, para que ellas tomen conciencia del porqué de las estrategias y sean capaces de ponerlas en marcha».

«Al final, quienes tienen que sacar las cosas adelante son ellas, no nosotras, era hacerles ver la importancia y revisar un poco sus prácticas, ver cómo estaban haciendo las cosas», abunda Gutiérrez.

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Mercedes Domínguez, en el centro de la imagen, junto a sus compañeras de la CUN frente al hotel de Monkole. Foto cedida

Para la enfermera de la CUN, cooperar en el proyecto para formar a las matronas en esa escuela del Congo «ha sido una experiencia maravillosa» y varias de las estudiantes han conseguido venir a España para hacer estancias formativas en la sede madrileña de la CUN.

«Es un proyecto que no se trata de ahora voy y ya no vuelvo, sino que esta formación tenga una gran continuidad. En el Congo hay que ir poquito a poco. Das una formación, empoderas a la gente, vuelves, ves si lo están poniendo a cabo, y si no, qué dificultades tienen, incluidas las culturales pero también a causa de la pobreza», afirma.

Escasos recursos

Y es que mientras en el hospital de Monkole cuentan con recursos, en la maternidad de Binza, que también visitaron, el ginecólogo va una hora al día, de lunes a viernes. El resto del tiempo no hay profesionales de ginecología, con lo cual son las enfermeras las que atienden a las mujeres. En esa maternidad, por ejemplo, no se pueden hacer cesáreas.

«Imagínate qué grado de costumbre a la muerte y al dolor tiene esta gente, porque no todo el mundo puede ir a dar a luz a un hospital. Mucha gente da a luz en casa», expone la enfermera, quien añade que no solo es por recursos económicos, también por las distancias, pero sobre todo por el estado de las carreteras, que son de tierra.

Solo las madres

A la maternidad de Binza los hombres no pueden entrar porque en el país, por cultura, consideran que el parto es algo que incumbe a la madre. En el de Monkole sí están introduciendo la figura paterna.

«En Binza no entran los padres jamás, dentro del proceso entran ellas solas, es una maternidad donde no se les da de comer, tienen que llevarse la comida y ocupan pasillos y pasillos. Dilatan en el mismo lugar quienes van a tener un parto que quienes están teniendo un aborto o aquellas que han dado a luz a un bebé fallecido. Es muy impresionante», indica Gutiérrez.

Cuenta la enfermera el caso de una mujer cuyos bebés gemelos fallecieron en el parto y al día siguiente, cuando volvieron para ver qué necesitaba, les dijo que un bocadillo. «Tú crees que te van a pedir ánimo y lo que te piden es comer», abunda la enfermera.

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La enfermera Mercedes Gutiérrez. Foto cedida

«Y por temas culturales, en esa maternidad donde no se les da de comer, están todas en el mismo pasillo, donde la propia señora se sube a la silla de parto y se baja ella solita y no tiene ni compresas, sí hay una peluquería porque culturalmente la mamá al salir del hospital salen con todas las trencitas hechas», comenta.

Pautas de la OMS

En la formación a las matronas, proporcionada gracias al proyecto que se desarrolla en el Congo, intentan que tras el parto no se separe al bebé de la madre, que se intenten no hacer episiotomías, que se instale bien la lactancia, es decir, seguir los principios básicos marcados por la OMS.

«Acompañar a las mamás, que sean más protagonistas, que tengan medidas alternativas en el control del dolor. Cosas que son factibles para las que no se necesita mucho dinero, sino que realmente ellos puedan aplicar y puedan entender la importancia que tienen», incide Gutiérrez.

A pesar de todo ello, recuerda la enfermera de la CUN, «cuando vas al Congo ves a muchísima gente joven sonriendo. Llama la atención, con la cantidad de dificultades que tienen y la pobreza, ves una continua sonrisa».

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