Mujer

Para Lydia, de once años de edad, la felicidad se encuentra por todas partes, incluso cuando estás hospitalizado recuperándote de una enfermedad, como ella misma comprobó en el Hospital San Rafael de Madrid. Durante su estancia obligatoria, rodeada de tecnología médica y personal sanitario, quiso dejar meridianamente claro y dibujado con tizas de colores que "una persona, aunque esté malita, nunca debe perder la sonrisa"...
A modo de una sonda Voyager, que incluye en su viaje interestelar un disco dorado con saludos en 55 idiomas con los que maravillar a otros habitantes del espacio, el arte rupestre de Jorge y Nacho cuenta que un perrito sin traje de astronauta circunda la galaxia pediátrica del Hospital San Rafael, donde estuvo hospitalizado su hermano de seis años de edad. La pizarra de esta habitación sideral sirvió para que Guillermo sonriera con divertidos "guaus" celestes y pudiera sentir manos fraternales pintando en su corazón...
Itziar, de 9 años de edad, dibujó en la puerta de su habitación "un paisaje con imaginación" con la idea de que así, cuando los demás niños pasasen cerca, se alegrasen y se sintiesen como en su propia casa, "ayudándoles a curarse antes" si veían los abetos, las montañas, el sol, las nubes, la luna, las estrellas, el humo de las chimeneas, los árboles y las flores, los automóviles y los caminos, la piscina de verano y el lago con sus barquitos; su hogar, la casa de todos y todas... ¡Gracias!, Itziar, tú has puesto tu granito de arena para que sonrían y se curen antes...
En un lugar de Madrid, de cuyo nombre sí quiero acordarme -Hospital San Rafael- vivió durante un tiempo para curarse en la planta de hospitalización pediátrica "mi primo Rafael, de 12 años, que es fantástico, valiente, fuerte y también delgado y muy guapo -apunta su prima-. Pero no solo eso, es alegre y divertido, y listo, y la fe le sobresale tanto como le sobra paz. Es un chico fantástico -suspira- y para colmo su sonrisa es insuperable"... con una dedicatoria como ésta muchos caeríamos enfermos de sopetón para recuperarnos a renglón seguido...
Si a todos y a todas nos preguntaran para qué sirve un globo infantil, no dudaríamos en contestar que para que los niños lo lleven bien agarrado de su cuerdecita y se diviertan viéndolo bambolear suspendido en el aire; aunque si nos paráramos a pensar un instante, este juego resulta de lo más triste y aburrido; algo así como disfrutar de la Libertad sometidos de manos y pies. Volar y volar sin ataduras es más placentero y más humano; eso sí, salvo que te estrelles contra el libertinaje...