Obesidad infantil familia
EFE/ JuanJo Guillén

Cómo abordar en la familia la obesidad infantil para no estigmatizar ni favorecer futuros trastornos

El sobrepreso y la obesidad infantil son una problemática que hay que abordar no solo desde la consulta, también desde casa, con la familia. Es muy importante hacerlo de forma que no se estigmatice al menor ni a la menor ni se origine el germen de un futuro trastorno de la conducta alimentaria (TCA). No hay que centrarse solo en el peso sino trabajar de forma integral con la familia para el cambio de hábitos de todos los miembros y olvidarse de las palabras «gordito» o «gordita».

En EFE Salud hablamos con la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) y con la Asociación Española de Pediatría (AEP) sobre cómo tratar la obesidad infantil en el seno de una familia, porque son edades muy tempranas y precisamente en ellas se establecen la relación de la infancia con sus hábitos alimentarios -la conducta alimentaria- y también con su cuerpo.

Conocer mejor la obesidad

Desde el Comité de Promoción de la Salud de la AEP, Julio Álvarez, subraya que gracias al conocimiento de la fisiopatología de la obesidad, se sabe que hay un componente genético «bastante importante», de forma que el riesgo de padecerla puede ir determinado hasta en un 60 % por los genes.

Además, la obesidad es una enfermedad «multifactorial» que no se debe abordar solo desde la alimentación. «El planteamiento simplista de calorías que entran por calorías que salen hay que abandonarlo, porque si fuera tan sencillo no sería tan difícil de curar», sostiene Álvarez.

La obesidad es compleja también porque puede generar ansiedad, depresión y trastornos de la conducta alimentaria, ya que el niño o la niña que la sufre puede ser diana del acoso escolar.

Desde la consulta

Desde la consulta, la obesidad infantil no siempre se ha abordado como debería, reconoce el pediatra, porque hace años se decía a los padres frases como «su niño está gordito» o «hay que comer menos y moverse más» cuando en ese momento la familia acudía con el menor no por ese motivo sino, por otro, como un catarro, por ejemplo.

obesidad infantil familia
EFE/Ricardo Ferro

Se «señalaban» a los padres y al niño «como culpables» desde el principio, algo que, a juicio del pediatra, no se puede hacer precisamente por lo que comentaba antes, de que la obesidad y el sobrepeso son complejos y multifactoriales.

Ahora en las consultas, se debería preguntar primero a la familia si quiere sacar esa conversación sobre el exceso de peso del menor.

«Hay que ser muy respetuosos, porque entender la obesidad como la entendíamos antes lo que ha hecho es estigmatizar a los niños y adolescentes», abunda el pediatra, jefe de servicio de Pediatría del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia.

Por eso, hay que pesar, medir y una vez hallado el índice de masa corporal, acercarse desde el respeto y sin «una mirada recriminatoria»: «hay que escuchar e identificar».

No hay que prohibir

En el mismo sentido se pronuncia la nutricionista y vocal de la SEEDO, Cristina Porca, quien incide en que los profesionales en los casos de obesidad y sobrepeso infantil se tienen que centran de una manera global en la familia para el cambio de hábitos y nunca prohibir alimentos.

«No deberíamos prohibirlos porque si lo hacemos ya empezamos orientando mal el problema o el tratamiento. Lo que deberíamos hacer es primero explicar el por qué. Debemos limitar, no prohibir, esa es la clave. Es muy importante limitar el consumo de alimentos superfluos», abunda la vocal de la SEEDO.

Cambio de hábitos en la familia

Y menos todavía hay que prohibir alimentos que el resto de la familia sí va a comer.

El pediatra fortalece la misma idea: «Si no cambian los hábitos en la familia no se va a conseguir nada. Y si hay dos hermanos, uno de ellos con obesidad y el otro que no, y se les hace comidas distintas será un error. Un fracaso absoluto y estaremos estigmatizando», asevera.

Hay que llenar la nevera y la despensa con alimentos de calidad nutricional, que van a aportar todos los nutrientes necesarios en el periodo de crecimiento que experimenta la infancia.

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EFE/Alberto Valdés

Y una vez que haya una base establecida, si un día de manera puntual apetece al niño y a la familia tomar un helado, un dulce o ese tipo de productos, no hay problema, se puede hacer con toda la naturalidad del mundo.

«Hay que evitar mensajes como ‘luego hay que compensar por si te comes esto‘, porque al final lo que están haciendo, aunque se digan con la mejor de las voluntades por parte de la familia, es poner pequeñas piedras o pequeñas losas que luego en este niño con obesidad ya en la adolescencia, van a hacer que sea más susceptible a desarrollar una mala relación con la comida», asegura Porca.

El pediatra de la AEP coincide con la nutricionista en que además, eso de poner a dieta, es un mal comienzo, ya que hay que «hablar de modificaciones en la alimentación» de toda la familia, que en muchas ocasiones siguen un tipo de alimentación por puro desconocimiento.

«Familias que toman zumo de naranja todas las mañanas, se gastan el dinero en las naranjas para exprimirlas, pensando que están dando a sus hijos vitamina C, cuando lo que es, es agua con azúcar», comenta Álvarez.

Las cantidades

Otro de los problemas es cómo limitar la cantidad de comida. Sobre ello, el pediatra considera que hay que adaptarla a la edad del niño o la niña o si hace mucho deporte o es sedentario, aunque y si los alimentos que se ofrecen son saludables puede repetir lo que quiera.

«Hay que utilizar el sentido común. Si tienen más hambre, dar má ensalda, más fruta o más verduras. Alimentos saludables, los que quiera, pero ahí es cuando vas a identificar si es hambre o son ganas de comer», añade.

La nutricionista por su parte hace también hincapié en que hay que respetar las señales de hambre y de saciedad.

«Desde la familia darle la parte de educación nutricional y alimentaria, pero no al niño en concreto, sino en todo el entorno familiar y respetando con ellos las sensaciones de hambre, de saciedad y trabajando siempre desde esa parte de la conducta alimentaria, esos hábitos que al final tenemos que mantener», opina Porca.

obesidad infantil
EFE/ Ernesto Arias

Y cuanto menos se hable de peso, mejor. Hay que ver la situación desde esa perspectiva global de salud y orientada al cambio de hábitos de toda la familia.

«La mejor forma es que el menor lo vea de manera natural e instaurado desde la propia familia. Es decir, que no sea algo como que el niño tenga que hacerlo obligatoriamente porque pasa algo, sino que toda la familia hace el cambio y le acompaña», insiste la vocal de la SEEDO.

Tampoco hay que usar términos como «gordito», «gordita» o «rellenito» o «rellenita» porque, aclara el pediatra, la ciencia ha comprobado que hacen daño. Y recuerda que la persona que tiene obesidad no es una obesa, «es una persona que tiene un problema de salud que se llama obesidad».

No solo es la comida

Y aunque ya lo han comentado, ambos dejan claro que la alimentación no es algo aislado, sino que forma parte de un conjunto.

Hay que fomentar la actividad física, pero no solo lel menor sino toda su familia y tener una buena higiene del sueño.

Y, por supuesto, limitar las pantallas, porque cuando se come delante de ellas se come peor. No solo eso, el uso de los dispositivos fomenta más los trastornos emocionales, la ansiedad y la depresión.

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