Es un proyecto que se enmarca dentro de lo que se considera salud pública, tal y como explica a EFEsalud el coordinador de la iniciativa, el infectólogo del Hospital Infanta Leonor de Madrid, Pablo Ryan, quien en esta jornada se encuentra en la unidad móvil para detectar enfermedades infecciosas, junto a una enfermera, Amaia, y un educador social, Toño.
Está en marcha desde 2019 para hacer pruebas de vih, hepatitis virales y sífilis a las colectivos más alejados del sistema sanitario como los usuarios de drogas, migrantes en situación irregular, trabajadoras de sexo o gente con problemas de alcohol.

Recorre zonas muy dispares de la Comunidad de Madrid, desde universidades y plazas, hasta poblados chabolistas y polígonos donde se ejerce a prostitución, entre otros.
Esta unidad móvil, que gestiona la ONG Madrid Positivo, nació como una extensión de otra que ya funcionaba en la Cañada Real Galiana. Es una especie de pequeño laboratorio donde se hacen las pruebas rápidas de vih, hepatitis c, hepatitis b, sifilis y otras infecciosas de transmisión sexual.
Un pinchazo e información
En la furgoneta, de color amarillo, hay dos espacios. Uno de ellos, donde se hacen las pruebas a los usuarios, con un simple pinchazo en el dedo, tras la firma de un consentimiento informado.
En el otro espacio, en la parte de atrás, que está conectado con el anterior, se encuentra una «zona de exploración» donde el personal como Amaia y Toño se encargan de recoger datos sociodemográficos de los usuarios a los que se les hace la prueba. También hacen una labor de prevención y se les entregan condones, lubricantes e infografías con información preventiva.

«Hacemos un acercamiento proactivo a las personas y les explicamos de forma directa y abierta en qué consisten los test, sobre todo el tema de prevención, de evitar las infecciones de transmisión sexual, y del beneficio de hacer la prueba en este momento. Es una atención sin prejuicios y eso facilita que la gente se haga la prueba», afirma el infectólogo.
Para aquellos que dan positivo en hepatitis C, la unidad móvil cuenta con una máquina de prueba de PCR para la confirmación del diagnóstico y con un fibroscan, para comprobar por imagen si la evolución de la fibrosis hepática.
Acercarse a las personas
Toño se encarga de captar a los usuarios y de hacerles el cuestionario sobre los hábitos, situación laboral y social, y prácticas sexuales. Todo ello confidencial y orientativo, para saber las posibilidades que tiene la persona de contraer alguna de las enfermedades infecciosas.
«Cuando es positiva, nos coordinamos para tranquilizar a la persona y para que vea que hay una salida para esto, porque hay personas que se lo toman de una manera y otros, de otra. Una vez que hemos informado del resultado de la prueba, ofrecemos derivación al hospital para el tratamiento y explicarles el proceso», comenta el educador.

La labor de este proyecto va más allá de tratar de que se hagan las pruebas, ya que también persigue coordinarse con los usuarios que hayan dado positivo en alguna de las infecciones para hacerles seguimiento del tratamiento. Muchas están «en situación de calle» o no son autónomas y necesitan que les lleven los fármacos necesarios.
En el caso de que la persona tenga vih, que tendrá que llevar un tratamiento de por vida, lo que intenta la unidad es controlar la adherencia facilitando a la persona el acceso a la terapia, pero «intentando inducirle que una vez pasado un tiempo, se haga cargo de seguirla y de sus revisiones».
«Es como introducirles en el sistema sanitario, que a priori parece muy simple para personas que están normalizadas, como nosotros, pero para quienes están en esa situación, conseguir ir al hospital es todo un mundo», incide Toño.
No solo población vulnerable
Una de las personas que se acerca a la unidad móvil en la céntrica plaza madrileña es Alejandra. Tiene 52 años. En los 20 que lleva de matrimonio nunca se había hecho ninguna de las pruebas que facilita esta unidad móvil para detectar enfermedad infecciosas. Está convencida de que está todo bien y así es.
Iniciativas como ésta le parecen fenomenal porque a ella, por ejemplo, en su centro de salud nunca le han hablado sobre prevención de enfermedades infecciosas.

Durante la mañana Toño y Amaia han captado algunos jóvenes de un instituto cercano para hacerse las pruebas. Se ha corrido la voz entre ellos y han empezado a acudir más. En total, en el par de horas que lleva la unidad aparcada, ha pasado casi una veintena de personas.
«Estamos abriendo los perfiles y haciendo la prueba también a los que tienen acceso a los servicios sanitarios», subraya la enfermera, quien afirma que en los jóvenes sobre todo preocupa las prácticas sexuales de riesgo.
Afirma que a los jóvenes que se acercan a la unidad móvil el vih les da mucho miedo, pero desconocen otras infecciosas más silentes, que no siempre dan sintomatología y que pueden contraer por vía sexual.
La hepatitis C, entre las desconocidas
La hepatitis C es una de las enfermedades que los jóvenes conocen poco, señala la enfermera, quien apunta que sí es más conocida entre los drogodependientes.
En este sentido, el infectólogo del Infanta Leonor abunda en que la hepatitis C se transmite por vía sanguínea, sobre todo cuando se comparten jeringuillas, pero también al hacerse tatuajes o piercings, sin ningún control, y al compartir también turulos para esnifar droga.
«Recientemente también hemos visto que se puede transmitir por vía sexual, con lo que es una de las infecciones que tenemos que tener en cuenta cuando se tienen relaciones de riesgo», explica.
A juicio del doctor, España a nivel global es un país aventajado porque la universalidad del sistema ha permitido tratar a casi todas las personas diagnosticadas con hepatitis C, aunque insiste en que hay gente gente que no sabe que tiene la enfermedad.
«Sigue habiendo gente que no accede al sistema sanitario, por eso no se le puede diagnosticar ni tratar, y el objetivo de este tipo de unidades móviles es proactivamene hacer que la gente se haga la prueba, se trate y disminuya la carga viral de la comunidad», sostiene.



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