En una entrevista con EFEsalud, Molero, quien es portavoz de enfermedades infecciosas de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), echa la vista atrás y hace un repaso a cómo se vivió la pandemia desde los centros de salud de Atención Primaria, cuyos profesionales veían con preocupación los primeros casos que llegaban y donde el espíritu de trabajo en equipo revivió.
No de olvida de la labor de todo el personal, desde profesionales de enfermería, de la medicina, pero también de auxiliares tanto administrativos como de enfermería: «Trabajamos con un espíritu de equipo y todos podían aportar», incide el médico de SemFYC.
El inicio
Cuando aparecieron los primeros casos, los médicos empezaron a preocuparse y, sobre todo, una vez que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la nueva enfermedad por el coronavirus, la covid-19, como una pandemia.
«Lo vivimos en principio con incertidumbre, pero también empezaba a desbordarnos a nivel de la capacidad de trabajo, improvisábamos continuamente, intentábamos organizarnos (…) teníamos en todo momento la duda de qué iba a pasar, cómo iba a evolucionar», reconoce Molero.
Para preservar la salud de los ciudadanos, se habilitaron las consultas telefónicas como sistema de comunicación con los pacientes y se priorizó la atención de quienes más lo necesitaban, fundamentalmente los mayores con enfermedades crónicas.
Sobrecarga asistencial
En este sentido, testaca la labor de los médicos de familia y de las enfermeras que iban a los domicilios, y cómo veían cada vez a más y más pacientes.
«Fue un momento de bastante sobrecarga asistencial y un poco también a nivel emocional. Nos preocupaba qué iba a pasar, no tenía fin esto que era cada día más pacientes, no sabíamos muy bien si íbamos a poder abordar todo».
Lo que no se respiraba en los centros de salud era miedo, tampoco la sensación de que no pudieran abordar la carga asistencial.
Recuerda que el peor momento fue a finales del mes de marzo de 2020 y principios del mes siguiente. De esos días recuerda Molero un día concreto en el que había cuatro pacientes jóvenes en la sala de espera en su centro de salud, conectados a máquinas de oxígeno.
«Les mandé al hospital (…) Entonces te dabas cuenta de que la enfermedad estaba afectando a personas del entorno, y a personas que aparentemente no tendrían que enfermar tan grave y tener tanto riesgo», incide el médico.
«Eslabón fundamental»
También se acuerda de los aplausos de la ciudadanía, que cada día salía al balcón a las ocho de la tarde para agradecer la labor del personal sanitario.
«Era gratificante para nosotros (…) Siempre lo llevaremos dentro como algo que te animaba a seguir y te daba mucha responsabilidad», asegura Molero.
El médico quiere destacar que la Atención Primaria «siempre estuvo ahí» y «nunca cerró. Activa desde el primer momento y así se mantuvo, «no de cualquier forma» sino atendiendo a los pacientes desde «el rigor» y haciendo una labor de prevención, informando de las medidas de protección ante el contagio y detectando qué pacientes tenían que ir al hospital.
Este servicio asistencial era «el eslabón fundamental», que «protegió al resto del sistema»: «Yo creo que no se colapsó más el sistema sanitario gracias a que estábamos abiertos y atendíamos a los pacientes y los atendíamos, insisto, con rigor científico».
Cinco años después
Cinco años después, la Atención Primaria se ha resentido tras la pandemia, «todo ha pasado factura».
Y lo ha hecho, subraya el médico, porque «a pesar de que los gestores y los políticos se dieron cuenta de que había que reforzar la Atención Primaria, la realidad es que el refuerzo ha sido mínimo, si es que se ha producido».

«Ha pasado factura en el sentido de que hemos vivido algo que nos ha traumatizado a nivel asistencial, a pesar de que hemos tenido refuerzos positivos, como la capacidad de organizar, de recuperar el espíritu de equipo, de ver que somos capaces de asumir todo esto y lo sabemos hacer», abunda.
Pero al cansancio por la pandemia se ha unido el tener más carga de trabajo en Atención Primaria, y al recuperar lo que se no pudo hacer durante la pandemia.
La situación vivida y ese refuerzo que no termina de llegar, dice Molero, también ha provocado que muchos profesionales no quieran ni hablar del tema de la pandemia.
«Los profesionales estamos más cansados, trabajamos más que antes porque tenemos tareas todavía que tenemos que hacer. La covid ha generado más morbimortalidad y no hay más inversión real», insiste Molero.
Por eso, muchos profesionales, apunta, piensan en jubilarse de forma anticipada o se alejan de este servicio asistencial, que tan fundamental fue en la pandemia, y lo sigue siendo para el Sistema Nacional de Salud.




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