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Un profesor de yoga realiza una postura de yoga al amanecer en la cumbre del monte Fort.EFE/ Jean-christophe Bott

Los riesgos de levantarse a las cinco de la mañana por una tendencia viral

Hay muchas tendencias virales que animan a seguir una serie de rutinas con el argumento de que son buenas para la salud. Una de ellas es la de madrugar, levantarse a las cinco de la mañana como una pauta para tener éxito y ser una persona más productiva, sin embargo, es un hábito que puede tener serias consecuencias por su impacto en el sueño.

Es la Sociedad Española de Neurología (SEN) la que advierte de estas tendencias virales como la de levantarse a las cinco de la mañana, porque en España el 48 % de la población adulta duerme mal, no tiene un sueño de calidad y alrededor de un 20 % padece insomnio crónico, con lo que imponer este tipo de rutinas «pude agravar aún más» estos problemas.

“Desde una perspectiva médica, imponer un horario de vigilia sin respetar las necesidades individuales de sueño puede generar un déficit crónico de sueño», alerta la coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la SEN, Cecilia García.

La experta asegura que la privación de sueño no solo impacta en la energía diaria, también en la regulación metabólica, en el sistema inmunológico, en la estabilidad emocional y en los procesos neurocognitivos.

Respetar el cronotipo

«En términos claros: levantarse a las 5:00 de la mañana no es, por sí mismo, un hábito saludable en absoluto», incide García, quien explica que depende de la hora de irse a dormir, las horas de sueño y sobre todo de la biología de cada uno, en concreto, de la cronobiología y los cronotipos.

La SEN abunda en que el cronotipo, es decir, la predisposición biológica de cada persona a estar más activa en determinadas horas del día, es uno de los aspectos fundamentales para la higiene del sueño.

En este sentido, indica que cerca de la mitad de la población tiene un cronotipo «estándar», mientras que la otra mitad tiene perfiles más matutinos o vespertinos.

La genética juega un papel importante en el cronotipo de cada uno, con lo que la SEN sostiene que forzar cambios bruscos tales como levantarse a las cinco de la mañana por una mera obligación de seguir una tendencia viral puede provocar insomnio, una peor calidad del sueño y tener consecuencias sobre la salud mental y cognitiva.

Alondra o búho

García indaga en que hay personas más matutinas, conocidas como ‘alondras’ y personas más nocturnas, denominadas ‘búhos’ con múltiples variantes intermedias.

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Una alondra en una granja en el valle del Jordán al este de Nablus, Cisjordania, EFE/Alaa Badarneh

«El más común entre la población es el estándar, que en nuestro país podría definirse como un sueño en una franja media intermedia por ejemplo 23:00-7:00 o 00:00-8:00”, resalta la experta de la SEN.

Y el patrón, continúa la neuróloga, no es una cuestión de hábitos o disciplina «como a veces se hace creer» con lo que intentar modificarlo «de forma agresiva es equivalente a ir constantemente en contra del propio reloj biológico».

La consecuencia puede ser el insomnio o tener una peor eficiencia de sueño.

«Por el contrario, adecuar nuestro trabajo, vida social o académica a nuestras preferencias horarias en función de nuestro cronotipo puede tener claros beneficios para nuestro descanso y, por lo tanto, conocerlo, y tratar de actuar en consecuencia es importante para nuestra salud”, asevera.

Las funciones esenciales del sueño

La SEN recuerda que el sueño desempeña «funciones esenciales» para la salud física, mental y cerebral, porque durante el descanso nocturno se consolidan «procesos clave» como la memoria, la regulación emocional y la eliminación de sustancias neurotóxicas en el cerebro.

Pero dormir poco puede dar lugar a patologías neurológicas y psiquiátricas.

En concreto, varios estudios han concluido que dormir menos de seis horas al día aumenta hasta en un 30 % el riesgo de deterioro cognitivo y se asocia con un mayor riesgo de enfermedades neurológicas y neurodegenerativas como el alzheimer, pero también con la depresión y los trastornos de ansiedad.

La falta de sueño, prosigue la SEN, altera la plasticidad cerebral y «compromete» funciones ejecutivas «clave» como la toma de decisiones o la atención sostenida.

Los riesgos de dormir poco y mal no acaban ahí, porque también afecta a la salud cardiovascular, favorece la resistencia a la insulina y contribuye al aumento de peso.

No hay rutinas universales válidas para todos

Así, la SEN concluye que no hay «rutinas universales válidas para todos» y que seguir unos hábitos basados en tendencias virales puede ser «contraproducente si no se adaptan a las características individuales».

«El sueño de cada persona debe adaptarse a su cronotipo, su contexto laboral y su estado de salud», destacan los neurólogos.

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EFE/LEO LA VALLE[

García abunda en que la productividad no depende de la hora a la que nos levantemos, sino de la calidad del descanso y de si está adecuada a la biología de cada uno.

«La tendencia de madrugar de forma extrema puede ser válida para algunos perfiles, pero generalizarla como modelo universal no solo es erróneo, sino potencialmente perjudicial”, insiste la experta sobre la tendencia viral de levantarse a las cinco de la mañana, porque optimizar el sueño no consiste en copiar rutinas virales, sino conocer el organismo propio.

Para terminar, la SEN hace hincapié en que los problemas del sueño como insomnio, despertares frecuentes o somnolencia diurna, entre otros, se deben abordar desde un enfoque médico especializado.

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