La paciente Esther Rodríguez narra su experiencia con covid persistente después de contagiarse de coronavirus en la primera ola

Paciente de covid persistente: “Llevo con síntomas desde el 20 de marzo de 2020”
La asociación Long Covid ACTS agrupa a afectados de distintas edades con covid persistente. Imagen cedida por Long Covid ACTS.

El 11 de marzo se cumplieron dos años desde que la Organización Mundial de la Salud dio la voz de alarma por una nueva pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2.

Este momento marcó un antes y un después en todos los países del mundo. Personas como Esther Rodríguez han vivido los efectos de este nuevo coronavirus, y no de forma pasajera.

Esta sanitaria de 37 años, originaria de Cataluña, se contagió de covid el 20 de marzo de 2020, seis días después del inicio del estado de alarma en España y del duro confinamiento.

Desde ese día no ha dejado de padecer los síntomas de esta enfermedad. Una lucha de 23 meses que todavía no sabe cuándo terminará.

Un desafío constante

En diciembre de 2021, se contabilizan en España unas 500.000 personas con covid persistente.

“Yo soy psiquiatra y trabajo con chavales. Me pilló en mi hospital trabajando sin mascarilla y a raíz del contagio de tres pacientes míos que empezaron con fiebre caímos la mitad de la plantilla. Yo no he dejado de tener síntomas ningún día desde entonces”, señala a EFEsalud.

Esta sanitaria es miembro del colectivo Long Covid ACTS, una asociación que agrupa a afectados de diferentes edades que tienen covid persistente.

Esther Rodríguez cuenta que tener covid “fue como volver a nacer porque fue un cambio muy abrupto y considerable”.

“La gran mayoría tenemos un perfil de entre 30 y 50 años. Yo creo que en cualquier persona puede ser un importante impacto en su vida diaria, pero en jóvenes con una autonomía importante y en edad plena de actividad laboral es todavía más”, narra la sanitaria.

“Te ves incapacitada para poder hacer tu trabajo y es muy duro ver que no puedes hacer tu día a día. Aunque estuve inicialmente de baja unos cinco meses, luego me quise incorporar al notar cierta mejoría y ver cómo podía afrontarlo a nivel mental, pero fue peor”.

añade.

Niebla mental, síntoma más limitante

En su regreso a su puesto, la psiquiatra notaba que “no podía llegar al nivel de exigencia requerido”. Actividades habituales como leer informes, hacer entrevistas o rellenar papeles se convirtieron en todo un desafío.

“Al principio no era consciente de mis dificultades y tendía a minimizarlas. La enfermedad me había afectado cognitivamente, especialmente a nivel de atención y memoria. A mí esto me bloqueaba mucho”, explica la sanitaria.

En una ocasión, cuenta que “fue incapaz de salir de su despacho”. Todos estos episodios se fueron sucediendo progresivamente en el tiempo hasta que se hizo insostenible.

Aunque ella se encontraba sana y no padecía patologías previas, los síntomas se fueron acentuando progresivamente desde el inicio de la enfermedad.

La niebla mental, un síntoma padecido por el 90 % de los afectados, ha sido uno de los síntomas más limitantes durante estos casi dos años.

“Es como estar drogada. Me cuesta mucho leer o hacer cosas de mi trabajo y se me olvidan las cosas. Es muy frustrante”, explica Esther Rodríguez.

Esta situación la llevó a buscar ayuda en el Instituto Guttmann, centro de neurorrehabilitación en Badalona, donde comenzaron a ofrecer ayuda para personas que padecían síntomas leves covid prolongados en el tiempo.

“Era un tratamiento de unas ocho semanas para abordar la parte neurocognitiva y la física. Gracias a la rehabilitación la parte cognitiva mejoró bastante, pero sigo teniendo mucha fatiga y niebla mental”, lamenta.

Más implicación social

Al igual que Esther, numerosas personas en España sufren cada día las consecuencias de la covid persistente sin saber cuándo terminarán.

Por ello, Esther Rodríguez, miembro de la asociación Long Covid ACTS, pide a toda la sociedad que “dejemos de banalizar la enfermedad” y al personal sanitario “más empatía con los pacientes”.

La afectada reclama más campañas de concienciación sobre este problema porque explica que “al igual que ella, muchos llegaron a pensar que se estaban inventando la enfermedad porque se minimizaban sus síntomas”.

“No hay una aceptación y se debe validar al enfermo. Hay que implicar a toda la sociedad en el conocimiento de la enfermedad para dar voz a todos los afectados. Es tarea de todos”, concluye.

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