Confiar en test genéticos que nos faciliten una dieta personalizada para perder peso es algo que todavía tiene una evidencia científica muy escasa. Los genes de la obesidad y los que intervienen en el proceso de adelgazamiento no son los mismos y si perdemos kilos quizá sea una cuestión más de motivación y disciplina que de genética.
Clínicas privadas y la venta online ofrecen diferentes tipos de test genéticos que, mediante una muestra, generalmente de saliva, prometen una dieta a la carta tras analizar los genes.
“Pero esto no es así, todavía hay muy baja evidencia científica en la pérdida de peso basada en variantes genéticas”, explica en una entrevista con EFE Salud Dolores Corella, pionera en España en el estudio de la nutrigenética e investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III.
Esta oferta de análisis que combinan dieta para adelgazar y genes, “no se ha trasladado a la Atención Primaria ni a la atención especializada en el ámbito público porque todavía no tiene una utilidad clínica demostrada”, recalca.
“Los test que pueden tener una base genética más fuerte son los relativos a las intolerancias al gluten o lactosa, a algunas alergias y enfermedades monogénicas”, pero los que recomiendan dietas más individualizadas relacionadas con el peso “eso, todavía, está en investigación”.
Genes de obesidad y genes para perder peso
Dolores Corella, también catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Valencia, señala que el procedimiento en el que se basan la mayoría de los test genéticos que se ofrecen actualmente para perder peso se centran en analizar variantes genéticas relacionados con la obesidad.
“Pero ya sabemos que no es lo mismo la genética de la obesidad, que la genética de la pérdida del peso”, subraya.
Explica que las personas pueden tener una predisposición a la obesidad “porque su genética hace que ahorren mucha de la energía que reciben de los alimentos”. Es lo que se denomina genetipo ahorrador y puede tardar 15 ó 30 años en manifestar ese fenotipo de obesidad.
Es decir, ingiriendo la misma cantidad de calorías, una persona puede con el tiempo a llegar a ser obeso debido a su predisposición genética, frente a otra que no tenga esa predisposición.
Pero los genes que influyen en una pérdida rápida de peso, en una semana o en pocos meses según la dieta, son diferentes a los de la obesidad: “Tampoco se conocen porque es muy difícil hacer ensayos clínicos de pérdida de peso en miles de personas a largo plazo para tener datos consistentes. La mayoría de los estudios que se han publicado sobre respuesta a diferentes dieta asocian los genes a la obesidad o son pequeños de ensayos de intervención a corto plazo».
Y profundizar en el conocimiento de las variante genéticas en genes que influyen en la pérdida de peso es el objetivo de uno de los proyectos científicos del grupo de investigación de Dolores Corella en el CIBEROBN, dentro de un ensayo clínico de seis años de duración incliyendo más de 6.000 participantes para conocer la influencia genética en la pérdida de peso tras intervención con dieta mediterránea hipocalórica y actividad física.

La fuerza de la motivación en los test genéticos para perder peso
Lo cierto es que si, con obesidad y sobrepeso, nos sometemos a un test genético y nos ponen una dieta que, según la clínica o laboratorio, es personalizada y sobre todo, baja en calorías, el resultado se notará en la báscula.
“Hay estudios publicados que dicen que realmente el peso se pierde por la motivación, porque te autoconvences de que tienes que comer menos, hacer más ejercicio y no porque hayan acertado la variante genética”, considera la investigadora.
Y se da la circunstancia, apunta, que “cuánto más caras” sean esas pruebas, “más te motivas” y más disciplinado eres.
Test epigenéticos y de microbiota
El mercado no solo ofrece pruebas sobre cambios en los genes, también ha dado un paso más e, incluso, se venden test epigenéticos.
Los genes forman la secuencia del ADN, las letras de nuestro manual de instrucciones, el denominado “libro de la vida”, y la falta o cambio de alguno de ellos en esa cadena supone una mutación que puede llevar asociada enfermedad.
Ahora se sabe que también los genes pueden cambiar su expresión, y por tanto estar relacionados con el riesgo de enfermedad, sin que haya modificaciones en esa secuencia y esto se debe a cambios epigenéticos que afectan a la función del gen.
“Los cambios epigenéticos, como las metilaciones, son los acentos que tiene esa letra para dar sentido a la secuencia del gen. Muchas veces actúan como una carga encima de secuencia del gen y eso va a limitar su función”, explica la catedrática.
“La ventaja de la epigenética es que es reversible. La genética no la podemos cambiar, aunque se ha avanzado en algunas técnicas, es muy complicado, pero la epigenética puede ser modificable, algunas marcas son más lábiles, otras son más persistentes” y en ellas influyen los hábitos de vida, como el tabaco, la dieta y los fármacos, entre otros factores.
Aunque en el mercado existen ofertas de test epigenéticos para detectar si hay grupos de alimentos más o menos favorables para una persona, la doctora Corella precisa que los más desarrollados son los relacionados con los marcadores de envejecimiento.
Se conocen más popularmente como relojes biológicos, los que determina si nuestra edad cronológica, la real, concuerda con la biológica, en función de nuestro estado.
Es decir, una persona nacida hace 50 años puede tener una edad biológica de 35 ó de 75, por ejemplo, en función de sus marcadores epigenéticos condicionados, entre otros, por el estilo de vida que haya llevado y sus enfermedades. Algo que también está en fase de investigación.
Y también cita los test de la microbiota, mediante un análisis de heces, que según las bacterias que habitan en nuestro intestino y de su propio genoma, pueden determinar que tipo de alimentación puede ser la más adecuada, aunque los estudiosos de este campo tampoco ven que ese tipo de pruebas tengan todavía la suficiente evidencia para ser determinantes.

Nutrición de precisión
Lo que está claro es que la ciencia avanza hacia la denominada nutrición de precisión, todavía en fases tempranas, que personaliza y adapta la alimentación a las características y las necesidades de cada individuo dependiendo de su metabolismo, su estilo de vida y sus genes, además de prevenir y tratar las enfermedades y favorecer el envejecimiento saludable.
La relación de genética y nutrición, que estudian la nutrigenética y la nutrigenómica, son ciencias que están evolucionando “de manera muy lenta, porque es más complicado de lo que pensábamos”, reconoce la investigadora, precisamente por no circunscribirse solo a los genes sino también por la influencia de la epigenética y de la propia microbiota.
“Lo que se ha aceptado es que una dieta no sirve para todos porque cada persona va a necesitar algo diferente según sus características”, señala Dolores Corella.
Y ahora las pautas son más flexibles, en el marco de una dieta saludable se tiene en cuenta la preferencia de unos alimentos sobre otros que permitan la mejor adherencia a ese régimen; también se personalizan los horarios; el número de comidas al día o, por ejemplo, espaciar las horas entre unas comidas y otras.
“Lo que es una realidad es que se acepta la personalización, pero debemos conocer más qué biomarcadores (genéticos, epigenéticos o de la microbiota, entre otros) pueden ser útiles para realmente hacer recomendaciones dietéticas más específicas”, concluye la investigadora del CIBEROBN.



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