Nacer sin UCI.

Los diez mandamientos para nacer sin UCI

Primero, intenta tener hijas e hijos a una edad temprana; demuestra buena salud antes de la gestación; mantén bajo control médico tu embarazo de principio a fin; haz lo que puedas para evitar la prematuridad o el parto postérmino y frena en seco las infecciones, sobre todo por Estreptococo B.

Asimismo, da a luz en un centro sanitario especializado, más aún si el parto se considera de alto riesgo; reclama el clampaje tardío del cordón umbilical a la vez que se produce el contacto piel con piel para evitar, entre otros problemas, la hipotermia del bebé… Y aliméntalo nada más nacer.

El Dr. Manuel Sánchez Luna, jefe del Servicio de Neonatología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, catedrático de Pediatría de la UCM, resume con estas diez claves la posibilidad cierta de que un recién nacido tenga que ser trasladado con urgencia a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) tras el parto.

«No podemos olvidar que la gestación maternal es un proceso natural que evolucionará de manera satisfactoria en condiciones normales, pero siempre es necesario un seguimiento y una vigilancia médico sanitaria constante, a nivel obstétrico y perinatal», subraya el expresidente de la Sociedad Española de Neonatología (seNeo).

Es mejor que tengas hijas o hijos a edades tempranas

En los últimos decenios, estamos asistiendo en nuestro entorno sociocultural y económico, fundamentalmente en Europa, a un retraso progresivo en la edad de la gestación de las mujeres.

Evidentemente, esta opción vital tiene que ver con factores externos, como el acceso a la vivienda, la independencia económica o las expectativas de crear una familia estable que pueda compaginarse con el desarrollo profesional.

Aún así, cabe recordar que el retraso en la maternidad genera un impacto en la salud de la propia madre, algo que conlleva un riesgo elevado en la salud del futuro bebé, sobre todo en el periodo perinatal, a la hora del nacimiento.

No te conviene, tampoco al bebé, una salud debilitada

En este sentido, recalco una frase neonatológica: un bebé sano normalmente nace de una madre sana. Por lo tanto, la salud de la gestante antes y durante del embarazo es trascendental para reducir los problemas relacionados con el recién nacido.

Estamos hablando de hipertensión, obesidad, hipercolesterolemia, sedentarismo, tabaquismo, etcétera, etcétera… Lo que supondrá aumentar las posibilidades de un mal desarrollo fetal y un parto prematuro.

Es realmente importante recordar que todos estos factores van a influir negativamente en la gestación del bebé y acrecientan el riesgo de que nuestr@s hij@s tengan que ingresar en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatológicos (UCIN) después del nacimiento.

Exige un control médico de la gestación de principio a fin

Hay que controlar la evolución de la salud de la madre antes del embarazo, durante la gestación y después del nacimiento del bebé. Cada mujer se adaptará a los cambios físicos y psicológicos que ocurren a lo largo de esta etapa de la maternidad.

Pero no queda ahí el control exhaustivo, ni mucho menos. Durante el desarrollo del feto se tiene que confirmar la normalidad, una y otra vez, para anticiparse a las diferentes amenazas que puedan causar el deterioro de su salud, todavía más en los casos de riesgo, con enfermedades intercurrentes.

Por lo tanto, la vigilancia sistemática de la gestación por personal sanitario especializado, es la clave principal para reducir los riesgos en la salud en los recién nacidos.

Disminuye la prematuridad en la medida de tus posibilidades

Todos estos factores incidentes de los que estamos hablando tienen un denominador común: el riesgo de nacimiento de un bebé antes de la semana 37 de gestación.

La prematuridad hoy en día es la causa más frecuente de muerte en el periodo neonatal, de manera especial por prematuridad extrema, aquella que ocurre antes de la semana 25 del embarazo.

L@s neonatólog@s lo tenemos muy claro: estos bebés tienen que ser atendidos, tratados y vigilados en centros sanitarios de alta especialización durante 24 horas al día, los siete días de la semana, donde haya equipamiento tecnológico adecuado y personal médico y de enfermería bien entrenados.

Pero no podemos olvidarnos de los bebés que están a punto de terminar su gestación intraútero y nacen un poco antes de lo previsto: entre las semanas 34 y 37… Los que llamamos prematuros tardíos.

Estos bebés son susceptibles de tener un mayor problema en el momento del nacimiento y hoy sabemos que en estos niños también les ronda cierto riesgo de mortalidad.

Aún más, en el seguimiento a medio y largo plazo podrán tener dificultades en el desarrollo de su neuroconducta y del sistema respiratorio.

Por lo tanto, la prevención de la prematuridad a todos los niveles, no sólo la prematuridad extrema, es fundamental para reducir los riesgos en la salud presente y futura de los recién nacidos.

Y el parto postérmino, también

Igual de importante es prevenir el nacimiento antes del término de la gestación como el nacimiento postérmino, es decir, aquellos niños y niñas que nacen después de cumplida la semana 42 de embarazo.

Reduciendo el número de nacimientos en este momento tardío se consigue aminorar un buen número de problemas, como el distrés respiratorio, aspiración de meconio, macrosomía fetal, disminución del líquido amniótico, asfixia intraparto, hipoglucemia o diferentes problemas respiratorios.

Para la madre será un parto de riesgo, originándose la necesidad de cesárea, partos instrumentados (fórceps, ventosa, etc.), infecciones, hemorragias y desgarros.

Los microorganismos, bacterias y virus, acechan sin descanso

Desde hace ya muchos años, en países como España tenemos una cultura de la prevención de los problemas de la salud, que es la base del mantenimiento del sistema sanitario en nuestra población.

Las infecciones por microorganismo que adquieren los bebés a través de la sangre o del canal genital de la mamá en el momento del nacimiento pueden resultar muy graves, generando, a veces, una mortalidad muy alta en el periodo neonatal.

Estas infecciones se pueden reducir si vigilamos en la mamá la colonización de ciertas bacterias, especialmente el Estreptococo del grupo B, que se localizan en el canal urogenital o vaginorectal.

Algo tan sencillo como el cribado para detectar el estreptococo a partir de la semana 35 de gestación ha conseguido reducir de una manera drástica las infecciones en el momento del nacimiento y, en consecuencia, las secuelas, entre ellas, la mortalidad.

El programa de prevención de las infecciones verticales, denominadas así en neonatología, mediante el cribado del Estreptococo del Grupo B en la mamá gestante ha sido pionero en nuestro país y sigue siendo modélico a nivel mundial.

El parto es cosa de médic@s y de matronas cualificadas

Nacer en cualquier lugar, incluido el hogar de la familia, hoy sabemos que no es lo más recomendable.

Cuando el bebé vaya a nacer, tanto la madre como el recién nacido deben ser atendidos por personal con una cualificación adecuada en el manejo de situaciones médicas que en un momento dado pueden transformarse súbitamente de normales a críticas.

Los centros sanitarios adecuados cortan por la sano aquellas complicaciones que puedan acontecer a la madre y al bebé, desde cuadros de sangrado anormales a la necesidad de un procedimiento quirúrgico.

No estar preparado, no anticipar un problema relacionado con el parto puede sobrellevar consecuencias muy graves a corto, medio y largo plazo.

Sin duda, los nacimientos deben ampararse siempre en un entorno sanitario, con personal y equipamiento adecuados para resolver situaciones de cualquier nivel de emergencia… Que sí, sí pueden ocurrir en embarazos con un desarrollo absolutamente normal y sin incidencias hasta el momento del parto.

Y los nacimientos de alto riesgo, siempre en los mejores hospitales

Es evidente que a día de hoy contamos con gestaciones que se desarrollan en mamás con patologías relacionadas con la mayor edad en el momento del embarazo o con una situación de salud debilitada, lo que puede condicionar lo que llamamos un embarazo de alto riesgo.

Además, una gestación múltiple o un mal desarrollo fetal intrauterino pueden ser embarazos de alto riesgo.

Por lo tanto, conocer bien esas gestaciones que consideramos de alto riesgo por problemas de la madre o por problemas de desarrollo del recién nacido, son fundamentales para, precisamente, atender las posibles complicaciones que ocurran en el momento del nacimiento.

Si cualquier embarazo o parto debe de ser atendido en un centro sanitario adecuado, aún más un embarazo de alto riesgo porque entonces el nivel de riesgo estará calificado de muy elevado en el momento del nacimiento.

Piel con piel, clampaje tardío del cordón umbilical y evitar la hipotermia del bebé

La verdad es que la matrona y el obstetra se encargan de esa transición extrauterina que hace el recién nacido desde la vida intrauterina con el fin de que su etapa posnatal sea la más sencilla y favorable a nivel fisiológico.

Hay que evitar que un bebé que nace con una temperatura media de 37º ó 38°, desde un ambiente líquido, estable y respirando a través de la placenta, pase de repente a un medio externo agresivo.

El recién nacido inicia la respiración con sus pulmones rompiendo a llorar y se enfrenta a una situación de estrés mayúsculo ocasionado por la pérdida de ese líquido amniótico protector y la caída brutal de la temperatura.

Acompañar a los niños y niñas en el momento del nacimiento sin tener que hacer grandes intervenciones es fundamental para prevenir cuadros extraordinariamente graves.

El contacto piel con piel de ese bebé con su madre, a la vez que se produce el clampaje tardío del cordón umbilical (minuto o minuto y medio), ayuda a reducir los riesgos de la caída de la temperatura o hipotermia, por debajo de los 36,5 grados.

Con maniobras tan sencillas como estas se reducen significativamente las hospitalizaciones en la UCI neonatal por hipoglucemia, acidosis, problemas respiratorios (necesidad de oxígeno, apneas y distrés respiratorio), hemorragia cerebral, fallo orgánico o un aumento de la morbilidad perinatal.

Lactancia materna, sí… Y nada más nacer

No obstante, es importante destacar que no todo lo que hacemos en una unidad de atención a la madre y al bebé en el momento del nacimiento está relacionado con la alta tecnología o una gran profesionalidad.

Debemos facilitar que el bebé inicie su alimentación sin esperar más tiempo del imprescindible: sabemos que va a reducir de una manera muy significativa ciertas complicaciones relacionadas con la adaptación al nacimiento.

Tanto es así que la lactancia materna inmediata estimulará la contracción uterina y la producción de la leche natural, tan importante en los primeros meses de vida, fundamental durante el primer año: es clave para que niñas y niños tengan menos complicaciones, tanto a corto como a medio plazo.

Nacer sin UCI

«L@s neonatólog@s siempre estamos pensando en no tener que intervenir en el nacimiento de un bebé, que en teoría debe ser normal y sin complicaciones reseñables. Pero hay una serie de situaciones que pueden aumentar el riesgo de problemas de salud en el bebé.

La realidad se desarrolla ante nuestros ojos: retraso de la edad materna, patologías de la propia mujer, gestaciones de alto riesgo o presencia de trastornos en el feto en el momento del parto hacen que debamos extremar todas las precauciones.

Es sobresaliente, por tanto, prevenir situaciones de riesgo en el bebé y en la madre, más aún en el instante del nacimiento. Nada nos hace más ilusión que contemplar vacía la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatología», concluye el Dr. Manuel Sánchez Luna englobando los diez consejos en uno.

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